«Escucha el silencio»

Reciba usted a bien mi saludo. Piense también en lo más común que existe, y en lo más extraño y asombroso al mismo tiempo. Lo más probable es que la confusión lo asedie si es que no se sumerge de alguna forma en un universo surrealista. Sí, precisamente es de surrealismo que vengo a hablar hoy (aunque no vengo, pues no hay de dónde venir si eres narrador, y menos aún a dónde ir), pero no me referiré a la corriente surrealista, sino que narraré algo (sí, otra vez...lo siento u.u no puedo evitarlo T_T). Vamos pues: empezaré.

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Llevado por la curiosidad como bote sin control que es arrastrado por la corriente de un río, llegué la tarde del martes a la Plaza San Martín con destino a la calle llamada "De la Unión" en el centro hipotético de la ciudad. Buscaba con ansiedad vestigios de una exposición supuesta, sugerida por mi memoria como contada por mi abuelo algunos días atrás.
Colgaban afiches de algunos faroles, como anunciando una exposición artística. Me acerqué a leer: no era lo que esperaba. Describían, según advertí, un proyecto de construcción. Se trataba de un edificio, el cual, según pude ver en la imagen adjunta, tenía la apariencia de un virus: lo principal, según decía la descripción, eran los balcones (aparentemente el proyecto era una especie de extrapolación de los antiguos balcones de Lima a un estilo minimalista y casi industrial. No era su intención que pareciera un retrovirus...), los cuales hacían muy bien de espículas, pues sobresalían exageradamente del edificio como si en realidad fueran plataformas aéreas de juego. Pero lo más extravagante no era en sí el edificio, sino el lugar en el que se supone que iría. Según la imagen, se ubicaría por ahí, entre todas esas construcciones de estilo clásico..."un total contraste...una total desconfiguración...¡una total estupidez!" fue lo que pensé al verlo mientras reía disimuladamente.
Los afiches de aquel burdo proyecto llegaban a la calle hacia la que me dirigía, la cual parecía estar bloqueada por un tumulto. Cuando llegué allí pude ver claramente de qué se trataba... Dos cámaras de un vidrio grueso, una dentro de otra, con unos diez centímetros de separación entre ellas, evocaban una especie de armario con doble entrada. Un cartel cercano ilustraba aquella excentricidad: "Conozca el Jirón de la Unión sin los sonidos que lo caracterizan". Y la gente hacía cola para experimentar el silencio, para conocer el silencio... como si éste les fuera tan desconocido. Aunque también es cierto que no hay lugar de mayor estridencia que las calles.
Esta muestra parecía emocionar mucho a las personas, pues rápidamente fueron acumulándose a fin de tener su turno en la tan extraña atracción. Era una especie de magia: el silencio que había en ese reducido espacio —como si el silencio pudiera ocupar espacio alguno—, parecía alimentar a quien se atreviera a visitarlo con una tranquilidad especial y despertar en él una curiosidad infantil que permanecía al menos hasta unos metros más allá de la cámara.
Todos querían experimentar ese "algo" tan conocido pero tan poco recurrente: era como un reencuentro familiar luego de años de separación. Y aquel reencuentro estaba cargado de nostalgia y ansiedad.
El tumulto había crecido, el número de hijos pródigos del silencio era mayor. Y, al ver que los tiempos de encuentro se extendían mucho en algunos casos, uno de estos expresó sus ganas de entablar una conversación con su padre:

— Ya escucharon bastante el silencio —dijo dirigiéndose a quien permanecía aún tras los vidrios, aunque en vano, pues ningún sonido era capaz de pasar a través de ellos.

"Escucha el silencio" me dije entonces volviendo a sonreír de forma irónica y retomé mi camino, esperando encontrar más allá aquella exposición de arte que tanto esperaba, mas con la satisfacción de haber presenciado una forma de expresión de los lazos místicos que enlazan al hombre con el mundo.

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Bien, eso es todo por esta vez... Espero no haberlo aburrido. Gracias por leer =)

2 comentarios:

  1. Yo tmb me cagué de risa con lo de Ya escucharon bastante el silencio! XD

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  2. Yo también pensé que era un escrito surrealista, pero al terminar de leer, confirmo que no...

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