Sobre el hundimiento del Titanic

Hoy se cumplen 100 años desde que el gran RMS Titanic se golpeara con un iceberg, se partiera en dos y se hundiera. Actualmente el nombre recuerda a la tan conocida película, pero no es la única historia hecha sobre la tragedia. Ese barco era tantas cosas y tanta gente, tantas historias confluyen un solo lugar. Por eso es que fue una de las fechas escogidas para realizar una ficción. En fin, aquí les va...


.+.+.+.+.+.+. Hermanos por el Titanic.+.+.+.+.+.+.

Billy tiró la puerta al ingresar, llamando la atención de todos en el bar. Se le notaba cansado, como si acabara de salir de una persecución.
Déjenme jugar, necesito ese boleto —dijo. Al medio del bar, unos 7 hombres jugaban a las cartas.
¿Qué es lo que quieres? —dijo el más viejo— Calla, no digas nada, se nota que odias este lugar. Tú, tan muchacho —rió. Los demás hombres lo siguieron—, ¿tienes las agallas? Ni siquiera estás en edad, te atraparían.
Sí, muchacho —intervino otro más joven—, mejor regrésate a tu casa y… —el viejo lo cortó.
Cierra la boca. ¿Qué tienes?
Billy se acercó a la mesa y depositó un reloj de bolsillo de oro.
Ah… Eso está bien. Puedes jugar.
Un minuto —intervino nuevamente el hombre joven—, ¿va a dejar jugar a este chiquillo? ¡Qué desperdicio!
Si no quieres jugar, puedes irte. No se me ocurre que alguien más quiera apostar un boleto para ese barco.
Tch… —el hombre calló, pero pronto se vio caer en el ridículo— No hay manera de que ganes, muchacho, me llevaré ese boleto junto con tu reloj —dijo amenazante, como para salvar su orgullo.
El juego fue arduo. Billy lo conocía, pero nunca se había atrevido a apostar de verdad. Esta vez era distinto, no solo por la apuesta, sino porque estaba en juego su libertad. Pronto, muy pronto, su padrastro se daría cuenta de su pérdida, su amado reloj suizo de oro. “¡Chiquillo bastardo!”, y recibiría una buena zurra. Tenía miedo, pero no había otra forma.

Todos esos tipos eran buenos jugadores. Lo miraban como si fuera su presa, prontos a sacarlo del juego y hacerse con el boleto. Pero la suerte estuvo de su lado. Salió uno, y luego otros dos, y uno más…
Haz tenido suerte, pero no por mucho —era nuevamente el hombre joven y odioso. La situación se puso difícil. Uno último se fue, no quería perder más. “Eres un chico con suerte”, le dijo antes de abandonar. Solo quedaban 3: Billy, el viejo y el joven odioso.
Creo que me retiro —El anciano hablaba en serio. No porque no tuviera posibilidades de ganar, pues sí las tenía, según sus predicciones. Sino por Billy. Al dejarlo solo en el juego con el otro las cosas se le harían más sencillas. Solo debía derribarlo con las cartas que el anciano sabía en las manos de Billy. Lo único que lo intrigaba era si el chico sabía lo que tenía.
Dejó pasar un par de minutos y luego, al ver el rostro de condenación del muchacho, lo empujó hacia adelante, provocando que mostrara sus cartas. ¡Voilá! Flor imperial.
Parece que alguien ha ganado… —rió.
¿Imperial…? Tiene que ser una broma, chiquillo. ¡Has hecho trampa! Calla, maldito viejo, tú lo has ayudado, yo lo sé. Se van a arrepentir… —entonces se fue.
Billy no tenía idea de lo que acababa de suceder. Ni siquiera sabía lo que era un Imperial. El viejo se lo explicó y le entregó el boleto. “Es tuyo, ahora vete, rápido”. También le dijo que tenía un par más, que los jugaría más tarde. “Estas cosas son siempre divertidas de ver”.
Ya tenía el boleto. El problema ahora era entrar. No podía si no estaba con alguien más, los niños no viajan solos. Revisó el boleto: “Tercera clase”. Le daba igual, lo único que quería era irse. Su padrastro lo buscaría pronto.
El plan era el siguiente: encontrar a una familia de apariencia concordante a la tercera clase y confundirse entre ellos. Al primer intento “¿Es su hijo, señora?”, “No. Anda con tu madre, niño”. Al segundo intento fue rechazado una vez más. Los guardias lo reconocieron fácilmente “¿dónde están tus padres?”, “adentro…”, “pues tendrán que salir a buscarte. ¿Cómo se llaman?”. Estaba en problemas. “¡Hey!, John, te estaba buscando. ¿Entramos?”, un desconocido lo tomó del brazo. “Es mi hermano, discúlpelo. Nuestros padres están adentro”. Los guardias les permitieron el paso.
Ya en el interior, el desconocido no lo soltó hasta que llegaron a la borda. “¿Qué haces por acá solo?”. Billy no contestó. “¿Cuál es tu nombre? ¿No le dirás nada a quien te acaba de salvar la vida?”, echó a reír.
William… Grace.
¿William? ¡Bah! “Billy” está bien. ¿Te dicen Billy, verdad? —Billy asintió—. Yo soy Thomas Rand… No, “Tom” está bien. Parece que no quieres hablar conmigo. Eres libre, muchacho, ve por ahí. Si necesitas ayuda, estaré por acá.
Le parecía extraño que un desconocido le hablara con tanta confianza. Pero no parecía ser malo. Aún así, Billy necesitaba correr solo por ahí, conocer el lugar que sería su universo por varios días hasta su llegada a Nueva York, donde lo esperaba una nueva vida, lejos de su padrastro. El barco en el que se encontraba era uno de los más grandes hasta el momento, Billy se sentía emocionado al imaginarse parte de un hecho importante en la historia actual. Quedó fascinado con su enormismo. Desde fuera era gigante, pero no le había prestado mucha atención debido a su “caza de familias”.
El barco partió y Billy regresó a la cubierta, buscando a Tom como si no quisiera hacerlo, pero esperanzado de encontrarlo para tener al menos a alguien con quien aburrirse. Fue extraño que lo encontrara carcajeándose con un par de hombres, que le invitaron de inmediato una cerveza. Billy pasó cerca de ellos y fue llamado por Tom.
¡Hey!, hermano, ven acá —Billy se acercó—. Él es mi hermano —dijo mientras le daba golpecitos en la espalda—, su nombre es Billy. Billy, ellos son el señor Martins y el señor Roberto. Sí, a Martins no le gusta su nombre, por eso se presenta con su apellido —Roberto rió burlonamente—, te lo diré —se agachó y le susurró algo al oído. A Billy se le dibujó una sonrisa.
¡Ah! —gritó Roberto, de voz gruesa y rasposa— Hasta al chico le pareces un payaso. Oye, Billy, ya que estás acá, ¿no querrás un trago? —todos rieron, menos Billy.
No, odio la cerveza —dicho esto, salió del grupo y se apartó, sentado en algún rincón.
Su padrastro era alcohólico, por eso detestaba la cerveza. No podía imaginarse que Tom gustara de algo tan desagradable. Ahora todo le parecía una tontería. No debió haberlo buscado. ¿Cómo estaría en ese momento? Seguro arrancándose los cabellos por la frustración. Fastidiado hasta el tuétano por haber perdido su reloj. Billy revisó en su chaqueta, ahí estaba. El reloj que le había salvado la vida.
Pronto se le acercaría Tom para disculparse. Billy tardaría solo un par de días en comprender que tener amigos en la borda era conveniente. Bien podían invitarte un trago, o bien comida si es que no tenías nada. Solo te pedían que los escucharas y te rieras un rato con ellos. Empezó a parecerle divertido. Hasta olvidó a su padrastro..
Una noche, mientras cenaba con sus amigos, se escuchó un sonido extraño. Solo Billy y el señor Martins lo reconocieron, especialmente Billy. Todos estaban entretenidos bailando. Celebraban que estaban ya bastante cerca de su destino. Billy disfrutaba el espectáculo, pero no pudo evitar sentir aquel sonido.
¿Qué fue eso?
¿Qué cosa?
Algo sonó… como si hubiéramos chocado.
No es nada, Billy, despreocúpate y baila, vamos. Este barco es el Titanic, un golpe no le hará nada —Tom sonaba demasiado confiado. Así lo sintió Billy, como si su palabra hubiera terminado por convertirse en algo distinto… tal vez por la cerveza, tal vez por el ambiente, tal vez porque Billy era en sí un niño muy desconfiado.
¿Cuántos años tienes, Billy? —Roberto se acercaba para escucharlo decir “trece”— ¡Oh!, trece años menos. Vaya tiempo que te va a tomar vivir. Nosotros ya estamos viejos, cualquier momento caemos y adiós señor Martins —soltó una carcajada, lo tomó de ambas manos y lo hizo bailar.
Billy comenzaba a sentir sueño, y se lo dijo a Tom. “Ve a tomar algo de aire, voy contigo. Esto de los hermanos debe funcionar hasta el final”. Y salieron de la sala común hacia afuera. En el camino, Billy reconoció en Tom la voz un poco distorsionada. Era consecuencia del trago. Adentro no lo notó mucho por la bulla, pero ahora sí. Entonces recordó una vez más a su padre, metió la mano en el bolsillo y sacó el reloj. “¿Qué haces?”, “Veo la hora, ya son casi las 12”, “Vaya reloj, ¡caray!, déjame verlo…”. Pero no pudo. Inmediamente apareció un oficial de la tripulación bastante alarmado.

Vayan afuera, pónganse los salvavidas —y continuó su camino hacia el salón de primera clase. Billy y Tom lo siguieron y escucharon muy pronto una serie de murmullos. El hombre decía “Es una emergencia, necesitamos su cooperación…”.
Regresaron entonces a la fiesta a alarmarlos a todos. Detrás de ellos vino otro oficial con la noticia. “Nos dejan a nosotros para el final”, dijo Tom entre dientes. “Vámonos, no tenemos nada que hacer aquí, debemos buscar un bote, rápido”.
Buscar un bote. Billy se encontraba en medio de una desgracia, sentía que el mundo estaba a punto de terminarse y aún así parecía preferir morir congelado que ser apaleado por su padrastro. En cierto modo, le parecía un final más feliz. Sin embargo, sentía al mismo tiempo una enajenación terrible, como si lo que sucedía en ese momento fuera parte de una película; se dejaba arrastrar por Tom, él seguro sabría a dónde ir.
Pronto pasaría entre una multitud, entre gritos y conmoción. Siempre de la mano de Tom. “Mujeres y niños”, decía uno de los oficiales encargados de los botes. Fue entonces empujado por Billy muy bruscamente y acogido por una mujer. “¿Estás con tu madre?”, “Yo soy su madre”. Una mujer a la que ni siquiera conocía, con un bebé en brazos. Por su vestimenta parecía ser de segunda clase. Nunca pensó que ellos también serían así de amables.
"Tom"
"Thomas Rand"
"¿Dónde está Tom?"
Billy sobrevivió a la catástrofe, pero nunca supo lo que sucedió con Tom, su querido hermano del Titanic. Su reloj tampoco estaba en su bolsillo.
Líneas aparte, Nueva York era solo otra ciudad, al dejar el bote, Billy se sintió nuevamente enajenado. Tampoco conocía a nadie allí.
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Sí, lo de las cartas es una referencia a la película. Pero fue un accidente... lo juro [ D: ]

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