Camino al «Che» Guevara


Un día como hoy, Ernesto Guevara iniciaba su segundo gran viaje a lo largo de Latinoamérica, con la finalidad de conocer más a su gente. Un viaje que lo convertiría en el "Che". De eso se trata la ficción de hoy. Pero antes necesito aclarar, aunque haya sido dicho ya en varias ocasiones y no solo por mí, que se trata de una ficción. Ahora sí, pueden leer.


.+.+.+.+.+.+. Camino del Che.+.+.+.+.+.+.

Partida (Rosario)
“¿Listo, Calica?”, las animadas palabras de Ernesto parecían anunciarle a su compañero el inicio de una aventura incomparable. Ya alguna vez sintió lo mismo, hace un año, cuando partió por primera vez y se topó con una realidad que lo llenó de indignación más que de adrenalina. Pero hoy no es el mismo de entonces. Ya es todo un médico, y aunque en sus ojos brilla la enorme emotividad por volver a conectarse con su tierra y su gente, tan abusada, no está en busca de una aventura, sino de un objetivo, de una vida. Esta vez viaja por ellos, para conocerlos más de cerca y gritar sus injusticias desde el podio negado y escondido por el egoísmo burgués y su ciega moral.

Su compañero de viaje, “Calica”, sin embargo, aún no ha visto nada. La aventura lo anima más que nada, las noches frías sin donde dormir, los caminos desiertos y el morirse de sed, de alguna forma todo eso, y la capacidad de poder decir, luego de concluido el viaje, “yo lo hice”. También lo asustaba un poco. Este Ernesto vino de pronto con la hazaña de haber aprobado doce materias en un año a anunciarle que realmente partirán. Fue sorpresivo. Además, que el “Chancho” le contara cada cosa vivida al regreso de sus viajes lo emocionaba enormemente.

Ese día viajaban en tren rumbo a Bolivia. Abandonaban Rosario, abandonaban Argentina y quién sabe cuándo volverían. Sus planes solo estaban fijos hasta Venezuela, donde se encontrarían con el primer compañero viajero de Ernesto, Alberto Granado.

Terraza (La Paz)
“¿Y ese tal Alberto los espera en Venezuela?”, “Así es, allá hay trabajo fácil, ¿no, Chancho?”. “Sí”, un sí tan seco que preocupaba no solo a Calica, sino también a Rojo, un abogado argentino exiliado que habían conocido hace poco.

— Eh, ¡Ernesto!, ¡Chancho!, ¡Fúser!, ¿qué tenés?
— Calmate, che —se levantó de su asiento y miró hacia el horizonte—. Linda la tarde, ¿no?
Hizo un silencio.
— Pensaba —continuó—, que Bolivia no podrá liberarse. Vos los viste. Esos tipos que van adelante, clamando la Revolución pero lo único que les importa es estar arriba.
— Pero ellos podrían tomar el poder si se dan cuenta.
— Tarde para ellos, cuando se vean una vez más subyugados. Pero che, fijate en lo grande que son cuando se juntan.
— Así pasa, Ernesto —intervino Rojo—, no sé si haya alguien capaz de dirigir una revolución sin desistir. Con lo difícil que es…
— Es que no conocen, hablan por un pueblo que no conocen.

Machu Picchu (Cuzco)
Hermoso el cielo sobre la ciudad sagrada de los Incas. Ernesto respira nostalgia de un tiempo que nunca vivió mientras sonríe burlonamente por el papel que desempeña su compañero en el juego. “No corras, che, que te caes”. Pero Calica sabía lo que hacía, o eso decía. Cada vez necesitaba más aire, se le notaba muy cansado. Ernesto gritaba “!Che!”, mas nunca le quitaba los ojos de encima a la pelota. Calica cayó desmayado. La pelota se dirigió hacia Ernesto, pronta a ingresar a la meta.
¡Atajada!
Se dirigió de inmediato donde su amigo. “Calica, despertá, ¿las podés hacer de arquero?”
La tarde cayó en el Cuzco. Por suerte Ernesto no tuvo un ataque de asma en ningún momento y disfrutó del partido. Igual Calica, aunque cayera rendido por tener los pulmones tan chicos. 

Caminos (Guayaquil)
— Al final, ¿te venís o no donde el Petiso? —“Calica” Ferrer había notado en Ernesto un fuerte interés por Guatemala desde que se cruzaran en su camino tres estudiantes argentinos, muy cercanos al Comunismo y a sus ideales de igualdad y justicia. “El Coronel Árbenz está armando una revolución increíble allá. Las tierras regresan a sus verdaderos dueños, la dependencia desaparecerá en poco tiempo de esa forma, ¿no es increíble?”, las palabras de Eduardo “Gualo” García hacían reflexionar a Ernesto cada milésima de segundo. En varias ocasiones se lo mencionó a “Calica”, quería ir y ver lo que es realmente capaz de hacer un pueblo.
— Ve tú, me voy a Guatemala con el Gualo, saludámelo, a Alberto.
Días después, Ernesto partiría en un barco, camino a una nueva aventura, una aventura que aún desconocía, y que continuaría durante toda su vida.


“A través de los años fui comprendiendo la fuerza del destino. Tal vez el mundo se habría quedado sin el Che si ese barco no hubiese llegado y él se hubiese venido conmigo a Caracas. No eran dos destinos geográficos: eran dos tipos de vidas distintos, Uno era un gran destino político y el otro, un destino laboral, donde íbamos a tener vida social, comodidades, los cantos de sirena de este mundo de mierda que vivimos y que creemos imprescindibles.” 
— Carlos “Calica” Ferrer en “De Ernesto al Che”

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Es todo. Gracias por leer.

Pd.: Encontré un multimedia sobre el "Che" Guevara en la web de Clarín. Clic aquí.

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