Sobre la (Falsa) Guerra de Troya

Los saludo a todos con mucho aprecio (en serio), porque sé que han venido aquí, si no curiosos, indignados por el título de la entrada. Temo decirles, entonces, que sus suposiciones sobre que este blog será a partir de ahora un sitio de teorías de la conspiración y demás, es falsa. Así es, señores, no hay nada más falso. Pero, entonces, ¿por qué el título? Pues, bien, no es nada más y nada menos que el tema de la ficción de hoy, 24 de abril, fecha tradicional del saqueo a la ciudad de Troya. Me he tomado la libertad, como siempre, de hacer algo distinto, y es por eso que lo que hoy les presento es el testimonio de uno de los arqueólogos más reconocidos de algún mundo futuro. Lean, pues, que hay que dudar de todo.

.+.+.+.+.+.+. Asesinos de una leyenda.+.+.+.+.+.+.

¿Qué parte de la historia era verdad? ¿Qué era mentira? ¿Podría, en realidad, resultar que, después de todo, habíamos pasado años creyendo en la invención conveniente de los que tienen el privilegio de escribir la historia? Lo que sucedería a partir de ahora en el mundo era poco predecible. Ya el descubrimiento de la cabeza y parte del cuerpo del mítico caballo de Troya había tenido una repercusión increíble. Todos los medios a nivel mundial cubrían la noticia: “EL LEGENDARIO CABALLO DE TROYA ES REAL”, “DESCUBREN EL CABALLO QUE DESTRUYÓ TROYA”, y otros titulares quizá más atrevidos discurrían en la prensa y se difundían con una velocidad terrible a través de internet. Nosotros estábamos extasiados, quizás asustados por la magnitud de la noticia. Hasta hace pocos días éramos un equipo desconocido y, de pronto, nos convertimos en personajes importantes, con un sitio entre la comunidad científica. Y, probablemente, nuestros nombres trascenderían tanto como el de Homero ¿Qué más se podía desear?

Ingreso a Troya del mítico caballo y celebración por el fin de la guerra.

Gabriel Porter fue el más emocionado tras realizar el carbono 14 a las muestras del caballo. Las fechas concordaban con las estimadas hasta el momento: tenía unos tres mil años de antigüedad. Esto nos motivó a continuar con las excavaciones en el área, pero desestimamos un pequeño detalle con el que pronto nos golpearíamos. Al encontrar las primeras partes del caballo, existía en ellas marcas de que había sido expuesto al fuego. En un inicio esto no nos preocupó. Creímos que pudo ser un accidente durante el saqueo o un incidente provocado por los griegos. Cabían estas posibilidades, y nos satisfacían tan perfectamente que dejamos de hacernos preguntas al respecto. En otras palabras, cometimos el error más grave en que puede caer un científico.

Las nuevas excavaciones dieron nuevas luces. Más piezas del caballo, más indicios de fuego, pero lo más importante, y lo que nos cambiaría por completo el ánimo con que hasta entonces habíamos vivido la expedición fue toparnos con restos de guerreros griegos. Muchos restos, muchos de ellos víctimas del fuego. Parecían haber muerto hacinados, una multitud lanzada directo a carbonizarse. Podíamos escuchar los gritos, porque algo nos decía que no habían muerto de otra forma.

Fue claro para nosotros después de analizar los restos que se trataba de una muerte horrible. Pero, si se trataba de un incendio provocado por los griegos, ¿por qué prenderían el Caballo de Troya, a menos que este fuera designado para ese fin? ¿Era caso algún tipo de autoinmolación? Y, lo más importante, y la última pieza del rompecabezas, ¿por qué en los restos del caballo, las marcas del fuego se encontraban más en la parte interna, como si hubiera sido quemado desde adentro? Había llegado el momento de dudar de todo.

Según la historia conocida sobre la mítica Guerra de Troya, el caballo había resultado el ardid perfecto para la invasión y saqueo. Entregado como una ofrenda a la diosa Atenea, habría ingresado a la ciudad pese a su enorme tamaño, rompiendo las murallas. Encantados, los troyanos no pusieron nada en duda, ni la extraña fuga de sus enemigos ni el tamaño colosal de la ofrenda, sino que comenzaron a celebrar el fin de la guerra entre excesos ¿No es todo esto muy conveniente? ¿Por qué, después de nueve años de enfrentamiento y duras pérdidas, creería Troya en las palabras de los griegos? ¿Por qué se entregaría al placer y celebraría un regalo del enemigo sin chistar, sin examinarlo previamente para confirmarlo inofensivo? Y, más importante, ¿cómo sería posible que nadie advirtiera la construcción de este coloso, al menos mínimamente? Es, evidentemente, una forma muy conveniente de recordar la historia para los griegos, el tomar como inocentes a sus enemigos.

Reconstrucción de la Troya de Homero

Estos troyanos inocentes de fantasía dejaron de existir para nosotros pronto, y ya no nos sentíamos descubriendo una leyenda, comenzamos a sentir, en cambio, el peso de quienes escriben la historia sobre nuestros hombros. Lo que nos decían los restos encontrados era claro para nosotros ahora.  Era imposible dudar frente a esas armaduras y los demás vestigios encontrados, pues gritaban una verdad difícil de ignorar.

Al parecer, la trampa tendida por los griegos no fue sino un fracaso, maquillado por Homero como un suceso épico, digno del más grande ingenio. Los dioses jugaban de su lado, para justificar su falso triunfo, convirtiéndolo más bien en una de las victorias más recordadas de la historia. Lo que en realidad habría sucedido, según una primera reconstrucción, es que estos troyanos no tan inocentes sospecharon de la trampa y, tras sellar cualquier vía de escape, dotados de un ingenio tan loable como el griego, lo hicieron prender desde adentro, acabando con los guerreros más capaces del ejército enemigo. Lo que sucedió después no podemos saberlo.

El caballo de Troya, hasta ahora recordado como un símbolo de ingenio, se tornaba en la imagen de una trampa frustrada, tan poco digna de la historia griega que, nosotros, al igual que Homero, comenzamos a pensar que quizá esa historia mítica, intervenida por los dioses y con un desenlace lleno de epicidad, a pesar de no ser cierta, lucía mejor. Nos dolía el fracaso griego como si hubiéramos sido parte de él. Pero quizá más haber sido parte del equipo que mató una leyenda.

Vincent Hall, 2044

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Muy bien, eso ha sido todo. Espero no se tomen esto a mal, no tengo nada en contra de la epicidad  del Caballo de Troya, simplemente comencé a suponer cosas para idear una historia. En fin, gracias por haber leído ¡Saludos desde el futuro!

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