Sobre la muerte de Cleopatra

Buen día, señores. Hoy, estamos aquí reunidos por un acontecimiento importante: la muerte de Cleopatra. Esto sucedió en el año 30 a.C. luego de que fracasaran ella y su amante Marco Antonio enfrentándose a Octavio, que había puesto a toda Roma en su contra. Así pues, lo que leerán a continuación es precisamente sobre la decisión de Cleopatra de acabar con su vida, pero con una pequeña variación que luego verán. Vean, pues, ustedes mismos.



.+.+.+.+.+.+.  El regalo de Isis.+.+.+.+.+.+.

Todo se había perdido en Actium. Para Cleopatra eso era una verdad indiscutible. Estos últimos enfrentamientos ya no tenían sentido. Definitivamente perderían, y, quizá, todo había sido culpa suya. Probablemente no era el momento, pero comenzaba a juzgarse a sí misma. Su sola imagen provocaba en Roma una total hostilidad. A partir de su unión con César, había sido acusada de todo, incluso brujería. Ahora, con Marco Antonio, las cosas no fueron distintas, sino aún más insoportables. De nada valían los esfuerzos de él por unir ambos imperios. Desde la muerte de César, todo estaba en su contra, especialmente Octavio.

"La muerte de Cleopatra", por Reginald Arthur

Siglos de historia comenzaban a desmoronarse ante sus propios ojos. Si seguía así, que era lo más probable, pronto su dinastía dejaría de existir para convertirse en nada más que una leyenda. Estaba herida por ello, pero también por arrastrar a un hombre en su desgracia. Era probable que él no confiara en ella, pero podía notar un afecto irreverente en sus ojos. Era suficiente para saber que la amaba, y que la protegería, y también así a su reino mientras existieran. Sin embargo, cada vez había menos que proteger, cada día las esperanzas se hacían más pequeñas, como piedras lavadas por el tiempo. Quizá había llegado realmente el momento del fin.

Estaba decidida. Nada había más claro para ella, la última reina de Egipto, como ya había comenzado a asimilarse. Solo su vida podría cambiar el rumbo de las cosas. Si desaparecía, Antonio debería rendirse y tener mayores posibilidades de sobrevivir y regresar al mundo al que pertenecía. Estaba realmente segura.

Al ver el áspid, supo que no había marcha atrás. Mandó a sus criadas a irse y encargó dar la noticia de su muerte a Antonio. La víbora se enredó en la mano de la última reina de Egipto, ahorcando sus venas, e incrustó sus colmillos en su pecho. El grito de Cleopatra fue escuchado por sus criadas, quienes, al verse desamparadas, se quitaron también la vida, inmediatamente.

"Antonio y Cleopatra", por Lawrence Alma-Tadema

La muerte de Cleopatra fue lenta y apacible. Pero, en medio de la nada, cuando se suponía en el mundo de los muertos, inactiva, sin cuerpo, alma ni pensamiento alguno posible, una voz le devolvió el habla.

Despierta, Cleopatra. Tú, que has muerto por amor… tu objetivo fue imposible y ciego tu obrar. Él también ha muerto. Prefirió el suicidio al saberte muerta. Mira, mira con tus propios ojos el destino que has elegido. Yo, Isis, te concedo esta visión…

Y del vacío apareció Alejandría, y pudo ver de cerca la lucha de su amado. Fue testigo de la forma en que estaban siendo vencidos y de las pocas fuerzas que le quedaban ya a Marco Antonio. Presenció la noticia de su propia muerte llegar a sus oídos y las más sinceras palabras que jamás le escuchó decir.

“Solo con la muerte me ha convencido tu lealtad”

Supo, en ese momento, que todo había sido en vano, y sufrió también las penas de Marco Antonio debido a sus dudas. Ya no había forma de solucionarlo. No podría decirle lo que no le había dicho. La muerte se lo impedía.

— Qué cruel es la muerte, oh, Isis…

Sin embargo, ahora que has visto, tú, que has muerto por amor, debes saber que es inútil intentar cambiarlo. El destino, el tuyo y el de Antonio es esa muerte, sin ninguna duda. El reino acabará después de ti, y no habrá forma de reconstruirlo.

— ¿Por qué me muestras, entonces, tanta crueldad? Debí quedarme a oscuras, sin emociones.

Porque puedes volver, Cleopatra, y él morirá en tus brazos. No dejes que muera solo. Espéralo.


***

Al ver el áspid, supo que no había marcha atrás. “Él vendrá”, pensó, “y moriremos juntos esta vez”. Dejó el recipiente con el áspid a un lado y esperó.

Cuando su amado estuvo allí, la invadió el miedo. Sangraba de una herida en el vientre que parecía imposible de cerrar, justo el mismo lugar en que lo había visto clavarse en su visión.

— Esto no es de ninguna forma una victoria. ¿Te rendirás? —Antonio buscaba también cambiar el destino, salvando la vida de Cleopatra.

— Prefiero la muerte.

"Cleopatra abraza el cuerpo de Marco Antonio...", por Bartolomeo Pinelli

De este modo moría Antonio en sus brazos, víctima de la misma herida. De la misma manera, ella comenzaba a asimilar su nuevo destino, que era prácticamente el mismo. Resultaba igual de difícil acabar con su vida una segunda vez.

Probablemente no era el momento, pero comenzaba a juzgarse a sí misma…

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¿Qué tal? ¿Les gustó este juego mítico temporal? A mí sí. Seguro habrá opiniones sobre la personalidad de Cleopatra, pues hay quienes la consideran una mujer más bien fría y ambiciosa. No creo que sea tanto así. Gracias por leer. Adiós.

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