Caín: El Segundo Fruto Prohibido 6ta Parte

La sexta parte, el final se acerca y... ocurrirán cosas. Luego ocurirrán más cosas y el mundo se acabará... o algo así. La furia de Absalom y la cruel realidad se chocan, como dos trenes, chocándose, y formando un arcoiris de choques. Nace un tren más pequeño y todos son felcies.  Ah, y puede que estas dos... ¿o tres? últimas partes sean un poco más largas, así que si te cronometrabas mientras leías no te sorprendas al ver que te tardaste diez segundos más.


<<Anterior


Caín: El Segundo Fruto Prohibido 6ta Parte


 El infierno se ha desatado en la tierra o, tal vez, el infierno es la tierra. Hay sangre en la tierra, hay sangre en la carne que se derrama como agua. El día es soleado y caluroso, perfecto para trabajar otrora. ¿Quién hubiera pensado que ese otrora fue tan solo ayer? La furia es tangible, está mezclada con el miedo, está mezclada con un instinto animal que los humanos hemos sabido dominar por tanto tiempo…. Y no es la sangre, no es la carne, no es la rabia, sino una forma de liberación la que parece impulsarnos. Ante mí se presenta el fin del mundo y estoy paralizado, no me puedo mover. Oigo la voz de Lucifer, pero no entiendo qué me dice. Veo a Anah, curando por allá a una persona; veo a Anah, casi sin pensarlo luego de curar a alguien, lanzar una estaca de agua a través del brazo de alguien, un energúmeno, deteniéndolo en el acto. Veo a gente tan ensimismada en el acto de la violencia que se olvidan que el objeto de descarga es otro humano.

Y no entiendo… no entiendo nada, vi a una persona intentar atacar a Jael, pero había hombres a su alrededor permanentemente protegiéndola. Los ojos de sus guardianes estaban vacíos,  un aura… sentía un aura; una magia poderosa, parecida a la que poseo. En sus manos había lanzas blancas que brillaban como el sol.  Jael sonrió socarrona, tan segura de sí misma, tan en control, en comparación conmigo.
 

 Vi a Abiram y sus ojos parecían segados  por el rojo.  Por un rojo tan profundo y maldito que en sus pensamientos no se formaba una idea, sino una imagen en la que aparecían su mujer y sus hijos muertos.  Mi mente se adentró en la suya, sentí…sentí su rabia. La sentí subir, la sentí escalar a través de mi cuerpo. Sentí cómo mi cuerpo se emocionaba y mi respiración se aceleraba. Ya el mundo no era el mundo. Ya no amaba a Anah, ya mis recuerdos no eran exactamente míos… Veía todo diferente. Me veía a mí y a Abiram, persiguiendo a un perro, jugando con él..  Crezco y amo a Apphia. La amo desde mi juventud temprana, encuentro en su enmarañado cabello castaño  un bosque en el que me quiero perder. La he amado desde hace tanto tiempo y ella a mí, y nos hemos escapado mientras Jael no nos miraba. Absalom me lo advirtió, me dijo que tuviera cuidado. ¿Acaso él entiende lo que es mi profundo amor? ¿Acaso sabe él cómo mis movimientos parecen dominados por otra persona, por un yo mucho más brioso? Absalom, estimo tus consejos, pero siempre has creído en todo lo que dice la Abuela Jael…   Difícilmente podría entender el deseo que nos une… 
 

Así los años pasan, Rahel nació primero y fue una alegría inmensa. A los tres años, nació Iason y fuimos increíblemente felices. El pecado no nos castigó, Apphia vivía… muchas mujeres han muerto dando su vida por la de sus hijos.  Pero Apphia vive… y cree en ti Absalom. ¿Por qué cree en ti? Absalom… Absalom, quiero creer en ti, quiero que la verdad se aclare. ¿Pero cómo puedo creerte?
 

Eres presa de Satán, Absalom, y eso no me gusta. ¡HAS CONTAMINADO A MI FAMILIA! , grité.  Hay en mis manos sangre. He derramado sangre, derramé la sangre de Apphia primero…. Dios me lo ha dicho, tenía que hacerlo. ¡DIOS ME LO HA DICHO! Están mancillados… maldito seas Absalom. ¿Por qué no dejaste que la bestia te matara? Hubiera sido tan fácil... Los ojos de la pequeña Rahel, abrazada de su hermanito… No se atrevía a verme la cara.  La cara de Rahel, sus ojos descolocados. Lágrimas en sus ojos, paralizada por la forma en la que gritó su madre… como un jabalí siendo atravesado por lanzas. Hay más gritos. No soy yo el único al que Dios le ha hablado. Es una forma de saber que no logro entender…. ¿por qué mancillaste a mis hijos, Absalom? Grité, a la cara de un Absalom sorprendido, incapaz de moverse.  Tú asesinaste a mis hijos… susurré. Todo es caos. Familias matándose entre sí… todos atacándose los unos a los otros. Tú trajiste esto Absalom. Por tu culpa mis hijos murieron. ¿Sabes lo horrible que fue mirar los ojos de esos pequeños y sucios pecadores? Una vez fueron Rahel e Iason.  Y ya no.
 

Abiram estaba frente a mí, con un garrote, su cara estaba llena de sangre. Sus manos cubiertas de sangre hasta el codo. Sangre, sangre, sangre, salpicada por todos lados. Todo es sangre y Abiram se abalanza ante mí.  No hace falta que haga un movimiento para que sea empujado hacia atrás con una fuerza mayor a la de su salto. Cayó al suelo sin comprender nada. En un momento se lanzaba con todo hacia mí y al otro era violentamente tirado al suelo.
 

“Lo siento, Abiram. Realmente lo siento… Nada de esto debió suceder así.” Él no respondió. La cólera ras tal, sin embargo, que hacía que las palabras se te olvidaran.  “Debiste tener más fuerza… te vi crecer y amar a Apphia… te vi desobedecer a Jael. A ambos los vi desobedecerla. ¿Cómo te permitiste caer tan bajo?...” Pero no me escucha… sé que no me escucha. Sé que lo que digo es una forma de justificación a mí mismo, por lo que haré, por lo que estoy a punto de hacer, que debería costarme más de lo que me cuesta. Me gustaría poder justificarlo por sus actos, decir “Es tan difícil luchar contra esa imposición de Dios.” Es difícil. Sí… pero también sé que lo quería, sé que dentro de sí había una duda de la que la imposición de Dios se hizo cargo para dominarlo.
 

El golpe de su garrote rebotó en el aire. De mi mano, en forma de energía, salían garras. Volé hacia él, mucho más rápido de lo que él pudo haber corrido.  Todavía estaba aturdido tras el golpe de su garrote rebotando en la nada. Abierto, incapaz de defenderse. Desgarré su brazo izquierdo, su sangre se mezclaba con la sangre de sus hijos, de su mujer. El garrote salió volando de su mano lejos de nosotros. Un pensamiento bastaba.  Mi puño se hundió en su cara; él era como una bestia encolerizada. Incapaz de darse cuenta de su dolor… lo levanté en el aire y,  con solo un movimiento fútil de mi mano, todas sus extremidades giraron dolorosamente. Gritó, su cuerpo sufría un dolor inconmensurable, al menos eso esperaba.
 

“¿Despertaste?”    Pregunté en una voz tan ligera que yo mismo no me escuché entre el ruido de todos los demás. Lo dejé caer en el suelo. Lágrimas salían de sus ojos…
Esto nunca debió pasar, pero pasó. Un rayo salió de mi mano directo a su cuerpo… jamás supe si murió por eso o si murió mucho más tarde, pero perdió la consciencia.
 

Busqué a Anah, la vorágine de gente, de violencia, era tal que era difícil distinguir todo lo que pasaba. Vi a un animal que parecía un oso, mucho más grande, mucho más horrible, luchar contra uno de los protectores de Jael. Lucifer me dijo algo. “Hay sellos alrededor de la aldea.” Seguido de eso me dijo que sería capaz de sentir la energía que desprendían si me concentraba. No quería saber nada de ningún ángel, por eso me enfoqué primero en encontrar a Anah.  No fue difícil encontrarla, tenía un brazo ensangrentado, detrás de ella había varios niños, una que otra mujer.  Tenía una lanza muy parecida a la de los guardianes de Jael.
 

“¡Anah! ¿Quién te hirió?”
 

“Ya me hice cargo yo de ello…”
 

“Anah… esto es tan horrible. Lo que ha pasado, Dios ha puesto mensajes en la gente. Se ha aprovechado de la confusión, de la incertidumbre de sus creyentes y lo ha convertido en odio… Abiram… mató a su familia… lo vi todo. Lo vi, lo vi como si hubiera sido yo mismo el que las mató, por un momento, viví todo lo que vivió Abiram…”  Anah me miró con preocupación. “¿Los has protegido tu sola?”  Pregunté.
 

“Sí. Fue difícil, pero alguien tenía que hacerlo, al principio curé a algunos… pero tanta gente atacaba por todos lados, sin importar a quién o a qué… y luego esas bestias… ¿Así era el demonio al que incineraste?”  Asentí. La abracé, duré así un momento, recordando su calor… recordando que sin importar qué teníamos que sobrevivir y salvar a quienes pudiéramos. Escondimos a los niños y a las mujeres, en el almacén general de la aldea, suficientemente alejado de la batalla.
 

“Anah, es mejor que te quedes aquí protegiéndolos.”
 

“¡Tu mano está ennegrecida!, ¿no te duele? ¿Cómo me puedes pedir que me quede aquí?”
 

“¿Quién los protegerá a ellos? Anah, has hecho mucho más de lo que yo ya he hecho. Tu sello tiene límites… en cualquier momento ya no tendrás nada,  ¿y quién puede asegurar que yo te pueda defender ante todos esos monstruos?  Ni siquiera sé si saldré vivo… Acompáñame a quitar el sello que está cerca de aquí, luego seguiré yo…”
***
 

Es posible que Lucifer lo supiera todo desde el inicio. Es posible que todo estuviera planeado, que ambos lados estuvieran riéndose y comentando lo manipulables que éramos los humanos. Llegar y ver lo que yo había visto había sido comprobar una realidad de la que no parecía formar parte. Sí, había eliminado a una bestia. Sí, había influenciado las creencias de las personas. Sin embargo, no había ningún daño hecho, todo parecía ser solucionable con una discusión… entonces es cuando me doy cuenta de mi inocencia, hay dos bandos tratando de hacer que los humanos les crean. Un bando sataniza a uno y  el otro hace lo mismo, el problema yace en que los humanos somos las víctimas de sus juegos… El problema, es que sigo creyendo en Lucifer. Porque si sabía que esto pasaría, tuvo la decencia de impedir que durmiera en una aldea que estaba a punto de ser encolerizada por la influencia de los ángeles.
 

Puede que no haya nada correcto, que no haya nada justo, que no haya nada virtuoso en los ángeles y que todo sea una concepción nuestra de lo que son y de lo que no son. La verdad, la verdad es que ellos son todo lo que aparentan ser y nosotros no sabemos nada de ellos y ellos saben tanto y ven en sus motivos razones tan importantes que parece que se les olvidase que los humanos sufrirán las consecuencias.  Eso sería cierto en un mundo ideal, lo más probable es que ellos estén al tanto de las consecuencias y nos vean y piensen “Es una lástima que este vaya a morir, pero es para un bien mayor, estará en un lugar mejor”, después de todo nuestras vidas son extremadamente finitas. Nuestras madres tienen una altísima probabilidad de morir al dar a luz. Nuestros hermanos tienen una altísima probabilidad de morir enfermos por medio de quién sabe qué. Si nos descuidamos, podemos morir en medio de una cacería…  si nos descuidamos, incluso nuestro hermano nos puede matar. Porque los humanos no entendemos muy bien lo que queremos y a veces nuestros instintos, nuestras emociones son mucho más fuertes que la razón, que un lazo humano.
 

Ante mí había una matanza, pero no me importaba. Mi mano estaba ennegrecida hasta el codo y dolía muchísimo, pero no me importaba. Lucifer me había dicho que debía quitar los sellos y eso era agotador. Poseían una energía grandísima, estoy seguro de que ninguna otra persona los hubiera podido ver o sentir. A decir verdad, lo sentí mucho antes de lo que lo pude ver y lo pude sentir simplemente porque Lucifer me lo advirtió. Se camuflaba entre todos los sentidos humanos de una manera muy hermosa, como una melodía que se escabulle en tus pensamientos, como una hermosa visión… Como intrincadas formas que brillaban variopintas y que formaban, a veces, una hermosa estructura que parecía llegar hasta el cielo.  No eran tangibles, las sentía y podían reaccionar a mi antojo si eso quería, pero al momento en que interrumpía su flujo, se derrumbaban. Se venía abajo el sello… ese pequeño paraíso llegaba a su fin. De las cinco que había, tumbé las cuatro primeras con facilidad y sentí una tristeza infantil al verlas caer.
 

La quinta, estaba en la casa de Jael.  Rodeada por sus guardias, con Jael al frente observando todo lo que sucedía sin mancharse las manos. 

Siguiente>>

0 comentarios:

Publicar un comentario