Heme aquí. Yo, su humilde no-servidor, contribuyente de este imaginario blog dedicado a las letras. ¿Que por qué imaginario? Ah...sólo mírense, sus cerebros decodifican los estímulos que reciben sus ojos de la luz y luego son interpretados por su memoria; están limitados a eso. ¿Cómo saben, entonces, que lo que ven (o creen ver) es "lo que es" realmente?. Deberían prestarle más atención a su conciencia... Sí, ese latente cúmulo de ideas envueltas como una bola de lana (¿alguien dijo que era una voz? ¡vaya locura!). Claro, hombres de poca fe, tengo ganas de ser cartesiano. No es algo nuevo en mí, lo nuevo es que lo estoy escribiendo, y de esta forma.
Como les dije al principio de esta entrada, no soy servidor suyo, pero sí de las que me permiten escribir esto (llámenles letras, palabras, ideas...), así que por ellas va esto..

.+.+.+.+.+.+.Cuando los ogros atacan.+.+.+.+.+.+.
A la sombra de un roble reposaba mi alma cuando, en esos días, la verdad se hacinaba en mis manos y no debía (ni tenía necesidad de) encontrarla. Las nubes pasaban hermosas a mis ojos; el viento hacía cantar las hojas, las ramas, el pasto..., acariciaba mi rostro y yo sentía libertad.
En aquel tiempo no habría sido cuerdo pensar en el futuro, no existía algo como eso. Estábamos, ambos, completamente inmersos en la purísima invidencia de lo real. Sin una expresión que pudiera sostener nuestras existencias eternas (etéreas), repasábamos, cada día, una a una, las infinitas estrellas que nos miraban con indiferencia. Volcábamos nuestra existencia, la traducíamos en un complejo de símbolos sin sentido, en el abismo más hondo que encontráramos. ¡Y vaya suerte la nuestra!, pues nunca era el mismo. Pero así éramos felices...o...tal vez no felices, pero sí... Sé que hay una palabra, no sé si exista; ambos estábamos tranquilos.
Es precisamente la inexistencia de un futuro lo que marcaba nuestra esencia: no era necesario preocuparse por lo que pasaría luego; no había incertidumbre con respecto a nuestra suerte; no teníamos que preocuparnos por nada en absoluto, pues sólo existía el presente, y eso nos bastaba, mientras que lo pasado se difuminaba lentamente y quedaba en el olvido. Un olvido que nos acompaña hasta ahora. Ese olvido tan preciado...
Con una memoria ausente, éramos seres auténticos. La inocencia se encontraba en cada minúscula parte de nosotros. ¿Pero qué era la inocencia si no uno más de esos símbolos que nos representaban y que, osadamente, pretendíamos ignorar? Nadie es capaz de asegurar que llegaría hasta aquí, donde me encuentro, sin esa pizca, sin esa mínima idea que me formaba. Y, sin embargo, estoy vacío de recuerdos... no sé qué nos pasó... Sólo recuerdo esa escena: ambos, bajo la sombra de un roble... sin necesidad de una verdad... Me pregunto si eso fue real...
¿Pero qué es la realidad? ¿Es siquiera válido decir que existíamos entonces? Yo creo que no. Éramos seres sin pasado, sin futuro (estáticos, inmóviles, invariables, inamovibles, únicos...); no teníamos memoria.... lo que equivaldría a decir que estábamos perdidos... Éramos... ¿Éramos...?
¿Y de dónde viene aquella imagen del cúmulo de símbolos estructurantes de nuestra identidad? Tal vez sea una creación mía... un falso recuerdo creado para evitar un colapso existencial.
Pero, ahora, existo... ¿Existo? Tengo un pasado, un futuro, una memoria...pero, de alguna forma, sigo siendo un cúmulo de símbolos: y ¡qué mejor ejemplo que estas palabras sin sentido...!, que esta constante obsesión con la existencia...
Soy un cúmulo de símbolos...mi pasado y mi futuro, mi memoria... todo está dentro de ello. Mas...¿qué son los símbolos...? Es más...¿qué hay de ti? Acaso seas parte de aquella madeja de ideas... Eres una idea... pero una idea es dependiente...y, cuando le llegan desgracias al individuo, se hace nada...
Si lo que soy se extinguirá en el tiempo, si lo que eres morirá conmigo... si eres materia necesaria en mi existencia como idea... tal vez yo también sea dependiente...
Pero recuerdo aquel entonces, cuando no necesitaba una pizca de verdad, cuando me conformaba con la sombra de aquel roble y la brisa de aquel viento... Cuando todo era verdad y ambos éramos felices...o...tal vez no felices, pero sí... Y pensar que todo acabaría en la conciencia, en la razón, que ahora me acosa y a la que me es casi imposible vencer...
Y, sin embargo, sigo luchando, existencia mía, por que lleguemos alguna vez, entre lo incierto, a ser algo. Entretanto tendré que resignarme a esta batalla, contra los ogros y gigantes que una vez aparecieron a timarme...

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Bien... eso ha sido todo... un delirio, tal vez. Los veo en otra ocasión, hombres de poca fe. ¿Ah? Claro que los veo... tengo cámaras en todos lados xD (broma). En fin. Gracias por leer esta locura... Adiós!
Mientras pienso en algo para superar lo que escribio cierto Anonimo. Publico algo basado en un hecho cotidiano, que me di el trabajo de redactar, simplemente por el hecho de escribir y distraerme haciendolo. Bueno sin mas preambulos innecesarios, allì està.

Objeto perdido, tiempo perdido.

Estaba viendo una película, nada romántico, ni películas que me hagan pensar. No había tenido un buen día y lo menos que necesitaba era ponerme pensativo, estaba viendo una película en mi computadora: American psycho. Una película basaba en un libro de Bret Easton Ellis, un escritor de la llamada Generación X. Película entretenida que se deja ver de principio a fin, tiene algunas escenas violentas y de sexo; pero bueno el título ya da una idea.
La película trata de un hombre de clase alta, totalmente narcisista y materialista, que tiene un hobby: matar a algunas personas para divertirse.
Me encontraba en el clímax de la película. Patrick Bateman, el personaje principal, había matado a varias personas: dos o tres patrullas de policías, mato, producto del nerviosismo a un recepcionista y un limpiador, ambos del mismo hotel. Se encontraba en uno de sus otros hoteles confesándole totalmente desesperado a su abogado todos sus crímenes. ¿Lo atraparían?, ¿O acaso el dinero lo podía solucionar todo?
Tocaron la puerta de mi habitación. Puse pausa a la película y abrí la puerta: era mi hermana.
—Me prestas tu DVD —me dijo —. Se ha ido el cable y no tengo nada que ver.
—Claro, no hay problema — respondí, mientras le entregaba el DVD.
—¡Gracias, eres el mejor!
—Si, lo sé. Tienes suerte, igual no suelo ver películas en el DVD, te lo regalo.
—De verdad.
—Ya te lo regale antes ¿No?
Me gane un beso y un abrazo por eso.
Es verdad ya se lo había regalado antes y por el mismo motivo. Pero mi madre no le creyó a mi hermana y me lo devolvió, pese a que le dije que de verdad se lo había regalado. ¿Quién entiende a los padres?
Cerré la puerta, hora de seguir con el cine. No pasaron ni dos minutos y mi hermana volvió a tocar mi puerta. ¡Dios, y ahora que! Dije que tuve un mal día; pero olvide mencionar que también me dolía la cabeza.
—Dice mi mamá que enchufes los cables a mi televisor —me dijo.
—Ok, está bien — dije, con un tono alegre. A veces me sorprende el grado de autocontrol que tengo, siempre sonriente y amable: ese es mi lema. Me paré y fui a su habitación. Mi ex habitación.
—Listo, ya está —dije —. ¿Qué película vas a ver?
—Luna nueva —respondió, mientras me acercaba la película.
— ¡Bueno que disfrute la película! Milagro que no quieras ver Eclipse.
—Hay que variar pues hermanito.
—Claro, hermana, tú resaltas siempre por tu gran variedad de gustos, dije irónicamente. Siempre ve las mismas películas una y otra vez.
Me disponía a regresar a mi cuarto; pero fui detenido por un detalle, bendito detalle.
—Ponla en español.
—Claro. ¿Tienes el control?
—No.
— ¿Es este?, dijo alcanzándome un control.
—No; pero quizás funciona con este DVD también. No funciono.
—Vamos a buscarlo a mi cuarto.
Fuimos a mi habitación, tenía el control del otro DVD en mi mano, lo puse a un costado y me puse a buscar el otro control en los lugares donde se ponen lo controles. Encontré todos los controles: de mi tele, de mi VHS; pero no encontraba el susodicho control. Me empezaba a desesperar.
— ¿Es este? —, dijo mi hermana, repentinamente.
No le dije nada, me desordené el cabello y basto que viera la expresión de mi rostro para saber que no era ese: era el control del otro DVD.
Mi hermana se fue sin decirme nada. Seguí buscando y escuché decir a mi padre: igualito a su mama es. Menos mal que mi madre no escuchó eso porque sino mi padre no la contaba.
Fui a la habitación de mi hermana con la intención de buscar el control en su cuarto. Su habitación estaba cerrada, toqué la puerta, no hubo respuesta. Regresé a mi habitación. Ahora si, me dije. Momento de paz. Volvieron a tocar mi puerta. Ya no sabía si llorar o enojarme. Miro al techo, respiro y abro la puerta.
—¿Qué? — pregunta ella.
—¿Qué, qué? — le replico extrañado.
—¿Que?, pues.
—Para que tocaste la puerta de mi cuarto hace poco.
—Para nada.
—Dime.
—Para nada—le repito.
—Dime, pues.
—Para buscar el control en tu cuarto.
—A ya, ya lo busque y no está
¡Dios! Mi mama entra a mi cuarto y se echa en mi cama a leer el periódico y la revista que quería leer más tarde.
La miro. ¡Noooo!, digo en mi mente
Mi hermana también entra y se pone a buscar el control, otra vez
—Es este— me dice, enseñándome el control que ya le había dicho que no era.
¡Por qué Dios! ¡Por qué me has abandonado! No soy muy creyente pero ese día si que hablé con Dios.
—No, no es ese— respondí, con mis últimos rezagos de cordura.
Tengo un autocontrol maldito, agradece por tener un hermano así, linda hermana.
De repente todo mi ser se llenó de algarabía. Veo el estuche del control debajo de mi cama. Lo encontré. ¡Genial!. Me agacho a recogerlo, siento que la cabeza me va a estallar. Lo agarro, lo identifico con el tacto: es el estuche de mis lentes. ¡Oh! Que ironía, lo estuve buscando en la tarde; pero no me interesaba en lo más mínimo haberlo encontrado en esos momentos.
—Ya no importa, la he visto tantas veces que ya sé todo lo que dicen— me dice sonriendo y se va junto con mi madre. Que se lleva el periódico y la revista. Ni ganas de decirle que lo quiero leer.
Yo las miro, y veo como se van, con cara de pocos amigos.
Respiro, me siento a ver la película, pasan diez minutos, acaba la película, siento ganas de dormir.
Hoy, 28 de diciembre, luego de hacer deporte y mientras tomo el desayuno ( a eso de las 9:30 de la mañana) se me ocurrieron estas cuantas palabras en base a sueños y recuerdos involuntarios.

Ya, a las 10:30 de la mañana es que me pongo a escribirles.

Ah! Por cierto... ¡Hey! Pilar, hoy recorde, mientras miraba con ansias el pan, que tu casa es el único lugar en el mundo donde nunca faltarían huevos. Sigo ignorando el motivo. Recordé que cierta vez estuve en tu cocina preparando algo no vegetariano, pese a que no a todos les gustara algo. En fin... demostré que sé cocinar o al menos sé hacer el intento.
(Arctic monkeys - Mardy bum)

Aunque el motivo principal de estas líneas es para contarles algo que se me ocurrió inconciente o subconcientemente (para los que entiendan).

¡Ahí va!

Voy por un camino sin asfalto ni cosa cementada que se pueda ver a lo lejos, en medio de la noche más oscura que pueda existir. Veo gente caminar, cada una metida en sus propios asuntos y los que no tienen trepan en la esporádica movilidad nocturna ya que, tal vez, quieren hacer las cosas demasiado rápidas y no pensar en ellas ni en sus concencuencias. No soy tan distante de ellas pero está noche soy más frio que de costumbre. Yo por mi parte vengo pensando en qué es lo que piensan estas personas. Gran cosa, ¿no?.
En eso es que te veo sentada sobre un escalón empedrado, viendo pensativa y algo frígida las vías de algún "noséque". Sonrío al verte. Creo ser un tipo sonriente. Sonries. Me siento a tu lado.
‹‹¿Esperando a alguien especial? ¡Ah! Hola, por cierto.››, digo. Ries y tratas de despreciar mi saludo, regalándome la visualización de tu espalda, nuca y cabellos con gran detalle. Mas tu intento queda en intento ya que al instante ries y regresas la mirada. ‹‹Sabes que te odio, ¿no?››, dices con una sonrisa. ‹‹Puedo vivir con eso, además tú no me caes del todo bien...›› ‹‹Idiota››. Reímos. Como no querer ese bello rostro infantil... y pensar que ahora hablo con una mujer.

‹‹¿Cómo has estado?››, pregunto. ‹‹No del todo bien. Las cosas no han cambiado del todo; es más, seguirán igual, pero de todas formas siento molestia por ello.››, dices y regresas la mirada al vacio mientras te recoges en ti misma. La abrazo por una especie de acto reflejo. ‹‹Todo saldrá bien››, ignoro el problema en el que está, pero mi optimismo innato no me deja decir otra cosa. Es en ese momento que siento sus no rojos labios junto a los mios. No tengo idea del porqué de esto y nuevamente los arcos reflejos hacen suyas las respuestas de este cuerpo muy humano. Pero no hay que hacerce al desentendido... desde hace mucho que esperaba esto.

‹‹Te quiero››, tú. ‹‹Yo aún más, y no me contradigas que casi siempre tengo la razón.›› La sigo abrazando pero, ahora, con más fuerza. Y la noche se sigue oscureciendo sin sentido. No hay un dios que venga a hacer eso. ‹‹¿Eres bueno matando el momento o simplemente eres un idiota.››Río. ‹‹Sabes que te quiero y solo eso importa.›› Vuelves a besarme y yo no te dejo de abrazar. Y sigo abrazandote y continuo así.

Algunas estrellas comienzan a salir. Quieren dar las buenas noches.

‹‹Mi padre a muerto››, creí oirte decir; y recordé que dije que todo saldría bien. Solo te abrazo con más fuerza. Sé que no tuviste una buena relación con el difunto. ‹‹Todo saldrá bien.›› Creo que entiendes que no sé que decir y que probablemente no deba de decir nada. Solo espero que entiendas que trato de decirte que siempre estaré contigo, puedes contar con este ser mundano.

Es tiempo de irnos y cojo las pocas monedas que llevo en los bolsillos para pagar nuestros pasajes nocturnos. Raro en mí. Te dejo cerca de casa y yo regreso a caminar (no me alcanzaron las monedas). Vuelves a mi, quieres acompañarme un rato más. Vez un callejón en el que no hay luces: un lugar dominado por noche. Lo vez, te acercas aún más a mí y susurras. ‹‹Mira, ahí está oscuro.›› Sonreimos.

Me fui luego de unas horas a casa y así acabó todo.
Nada volvió a ser como antes.

11:00 am: Me levanto. Dejo la silla e su lugar. Es hora de ir al mercado, hoy me toca cocinar.

Saludos a mis hermanas sanmarquinas, a mis amigos de todo el mundo y a mis camaradas en las letras. En vacaciones tengo tiempo y hojas libres para vivir.

Paz y suerte.

Pd: Odio los guiones.
Bueno lo que escribí hoy, hace unas horas, lo realice en medio de una visita navideña, en la casa de mi abuela, en la laptop de mi bella prima. Entre canciones de Joy division(Love will tear us apart), Interpol( Specialist), Caifanes (Quisiera ser alcohol) y una mención honrosa para una canción que escuche alguna vez y que hoy día por azares del destino recordé, gustándome igual que ayer: Por qué canto así en la voz de Julio Sosa.
Bueno si llegaron a leer todo esto, unas líneas más no los matara.

La bebida se bebe al hombre

Sumido en la vorágine de los días sin retorno un hombre se encontraba ensombrecido por un hecho fatídico que día a día atormentaba el abismo de su alma. Se lamentaba: no me afecta nada, ya nada me emociona, estoy vacío. Lloraba recuerdos y una esquina entristecía, soñaba recuerdos que no le pertenecían. Solo anhelos vagos que entre sueños su mente complacía y que la luz del sol se encargaba de convertir en irrealidades.

Todos los que pasaban por su esquina, personas que se tildaron en tiempos tranquilos de amigos, ninguno de ellos se dignaba a acercarse,solo lo miraban desde lejos y en voz alta se burlaban.

Ya no recordaba el origen de su actual estado, de su suplicio, aunque en su mano tenía la respuesta, la cicuta para su enfermedad, su eterna sed, el cuchillo que hacía más honda la herida. ¡Qué más daba!, ¡ella siempre estaba para él!

Ella su fiel amiga, siempre presente, infaltable compañera de noches desveladas, llena de vidrios rotos y olores nauseabundos. La ansiedad del día se iba entre copas con sabor a soledad.

Siempre decía entre lágrimas y risas: A falta de una mano amiga, una fría bebida.
Sí, en un bar, en una esquina, él yacía, el hombre y su bebida.
Luego de mucho tiempo vuelvo a publicar algo. No es que estuve tomándome el tiempo para publicar algo, ni es el capricho de un divo, es solo que ahora sí encontre tiempo libre para hacerlo. Más simple que eso no puedo ser. Y bueno, cual monigote mal dibujado trato de reproducir parte de un "algo" que por el momento está inconcluso pero que poco a poco va tomando cuerpo.
Zack Zala, por favor si vez algún "errror" ortográfico o gramatical ,que no sea premeditado, házmelo saber. No quiero "jalar" Redacción básica el próximo ciclo.

Ah! Cierto! Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo y Feliz Cumpleaños para todas las personas que se sientan cómodas con esas festividades.


Suerte y paz!


Cartas azules.


Carta 0

Parte 1

Voy caminando por aquel lugar desconocido, mientras pienso (porque aún el sol no ha quemado mi cerebro) en como salir de esta situación inesperada. Trato de ubicarme inútilemnte. Siempre fui bueno ubicándome pero hoy no encuentro ningún punto de referencia. Nunca salí de la capital y ,bueno, si miro hacia el cielo no es para encontrar ayuda divina, pese a que me urja; es para buscar alguna dirección grabada entre cicatrices solares. Sigo al sol en su recorrido diario, puesto que en teoría me llevará al occidente. No es que me guste el occidente, solo que en mi ciudad de origen hablan muy bien de las cosas de ese lugar. "En el mar la vida es más sabrosa."
El sol hace de las suyas.

De pronto, mientras asciendo por la vigesimoquinta duna... oígo algo: un sonido estrepitoso, estremesedor, estruendoso, ensordecedor o como se le pueda decir (por la falta de líquido, el hambre, el cansancio o la sobreexposición solar es que no encuentro las palabras precisas para terminar las oraciones y en ocaciones no las ... termino). El sonido "estrelamparenoso" deja de acompañarme, desaparece de a poco. Doy unos pocos pasos más, ya casi de manera inconsiente (debe ser por aquella muy mentada fuerza de voluntad o por el simple hecho de mi mente no está en este desierto; sigue pensando en Allison).

Aún recuerdo sus ojos negros, negros como aquella noche que no pudimos tener; su voz propia que auricularmente se hacía seductoramente infantil. Recuerdo nuestra última pelea.

Me siento volar. Estoy apunto de venirme abajo... pero de pronto siento el viento soplar con mayor intencidad: sin sonido ,pero con una fuerza tal que - junto a mi cuerpo - me reduce, captura y derriba. Voy callendo por la vigesimoincógnita duna hacia el ólvido. Trato de mantener las esperanzas mientras desciendo de forma accidentada; mientras ruedo, mientras me golpéo, mientras veo este mundo incandescente y polvoriento girar.

‹‹¡Ah ah ah!››, jadeo. ‹‹¡Mierda! No puedo continuar así. - mientras trato de reincorporarme, frunzo el poco ceño que me queda y dejo salir una impotente rabieta - ¡Por queeeeeeeeeeé! ¡Por qué conmigo! ¿Qué hago aquí? ¿Voy a volver? ...››.

(20 minutos sobre la arena sin dar ninguna señal de vida, ninguna otra que no séa una silenciosa respiración y un leve latido. Despierto pero inmóvil.)

Levanto la cabeza. Dejo de tener un encuentro cercano con la arena.
A lo lejos llegó a ver una especie de ciudad, unas tiendas de campaña o algo por el estilo. Las piernas no me dan para más. La fuerza no me es suficiente. No he perdido la voluntad pero sí, el físico. No me puedo mover. ‹‹Estoy muerto››. Oigo una voz conocida diciendo: ‹‹Quién dijo que no lo estuviste antes›› Me lleno la mano de arena. La aprieto. Trato de matarla (Fuera de mi cabeza por un momento... solo un momento).

Y en eso es que siento una cálida sombra (cálida cuando debería ser fresca).

"¿Una sombra? ¡Una sombra! ¡Una persona! No estoy perdido. ¡Muévete, vamos! Hay alguien ahí."
No me puedo mover... simplemente no puedo.

No tengo ni fuerza, ni frustración, ni rabia; por el momento solo cansancio. No levanto la mirada. Solo se apagan las luces... Inconcientemente busco refugio en la fresca oscuridad de mis ojos cerrados.

Y comienza a sonar en mi cabeza esta canción:
That there
that's not me
i go
where i please
i walk through walls
i float down the liffey
i'm not here
this isn't happening
i'm not here
i'm not here
In a little while
i'll be gone

[Pero... sí estoy aquí, esto sí esta pasando y no sé si me iré.]

Ah, vagué, vagué como pude... y naufragué, naufragué tanto que caí en lugares que jamás conoceré de nuevo. Claro, también vi a Buggs Bunny y a un no se quién que se hacía llamar Pancho Barriga Gorda, un corsario, de esos con parche que visten a lo Retro... como cuando aún no existían los zapatos de goma o los converse, al menos unas botas que te protegerían de verdad... y esa indumentaria tan compleja... Ah... ¡qué importa!
Bien, como esperaban esto no es para Lugar de No Fumadores, disculpen... sufró de cancer y mis días han sido difíciles. No, en realidad no, solo he vagado más de lo que necesito. En fin, he aquí un algo editado.

------------------Ella-------------------

Recuerdo su olor en las mañanas, perder su nombre en sueños y más nunca verla; recuerdo el pasar de los años, sombríos, sin ella, y un ligero momento de agite que no soporté.

Vi lunas nuevas, menguantes y llenas, las capturé todas y aún no sentí. Recuerdo el cenit de mi vida, una mariposa sin alas y su agonía. Lo recuerdo todo como si fuera ayer, y aun cuando dije sentir pesar por no verla más, aun cuando mis manos temblaron al verla un segundo por la emoción, no pude hacer nada por ella en el momento en que desvaneció. Y es que en telas arrugadas vestía su belleza, es que en años de desvelo se escondían sus ojos y su agraciada cara llena de júbilo era mancillada por maquillaje rancio.
Es que sólo una vez la vi como esa noche y jamás fueron las noches iguales, ni fui yo el mismo. No fue el mismo aire el que me rozaba, ni era la misma la forma en que sentía. No era el sol de la alborada tan hermoso, tan entero, tan radiante como lo fue esa noche de silenciosa lluvia. Y es que jamás la vi igual, jamás tan hermosa la contemplé.
Si su belleza era veneno, como tonto caí y aun siendo otra presa, el anzuelo mordí. Pasaron eones y nunca más pude encontrarla, ¿Es qué fue sólo un sueño, una ilusión? Ahora, estando ella en una fosa, me pregunto: ¿cómo tal encanto y tal belleza en el tiempo se pierde, si no es por castigo de los dioses? Si es disfraz, si es una mentira dímelo a mí que la he añorado y buscado por siglos, y ahora muerta aún la amo.