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miércoles, 12 de agosto de 2015

Antes del Mito: Icaro era Mujer

Las musas piden que vuelva a contar historias que todos conocemos, historias distorsionadas por hombres antiguos que no comprendieron los mensajes de los dioses. Hoy hablaré de Ícaro y Apolo y de cómo la hija del arquitecto del Laberinto de Creta, porque Ícaro era mujer, fue amada y olvidada por el dios solar.
               

Recién abandonados los laberintos mentales que creó su padre al servicio de Minos, laberintos neurolingüísticos tras laberintos emocionales, Ícaro vio pasar a su amado. Aurora, la de rosados dedos, se lo había advertido: Apolo pasa por este mismo cielo, cuatro hermosos corceles tiran de su carro. Si continuas volando en esa dirección se encontrarán al mediodía.  E Ícaro avanzó dejando atrás al que culpaba de la separación con su amado. Su padre había sido condenado al mismo castigo que una bestia antropófaga para la que diseñó sus tres últimos laberintos, sería su guardián.
                Y, aunque Helios le propuso a su amada huir juntos ella se rehusó:
—Es tiempo de que vuelva al Olimpo con los míos, esta apariencia humana es temporal, es hora de que asciendas conmigo como corresponde.
                —No puedo, mi padre ha sido condenado, y he de seguir su destino. No puedo ser una diosa mientras él sufre el mismo castigo que el Minotauro. Debo ayudarle, estar con él, apoyarlo. Es mi padre.
                Gritó su nombre, pero Apolo no volvió atrás. Solo pudo ver la espalda de su amado que se alejaba velozmente. Ella tenía alas, bien podía aprovechar una corriente de aire e ir tras él y alcanzarlo, ahora podía acompañarlo en el carro a dónde quisiera. Lucía distinto, pero sin duda era él. Su padre le había advertido que si un dios le daba la espalda no habría nada que hacer, pero era diferente. Él era diferente, podría darle nuevas oportunidades, finalmente ella había abandonado a su padre. Habían escapado juntos, pero llegado el momento se había marchado por su cuenta para encontrarse con él.
                Se acercó lo suficiente para creer que gritando obtendría una respuesta, la cera con la que su padre había unido las plumas de sus alas se derretía, temía caer sobre el mar antes de ser escuchada. Gritó más fuerte, se le ocurrió que abrazándolo, que si llegaba a besar su espalda él recordaría, la llevaría en sus brazos a todas partes y serían felices en el Olimpo.
                Voló y gritó, pero él no escuchaba. Sus alas, cada vez más ligeras, no podían competir con los veloces corceles de fuego y él se iba alejando y alejando. No pudo oírla caer al mar y ella sintió que  de algún modo extraño él había presentido su muerte cuando se separaron. Que apenas ascendió la había visto morir, antes incluso de escapar del laberinto, mientras recorría pasajes una y otra vez y él era coronado con laureles.  Él con sus divinos dones de oráculo había profetizado su muerte y hace mucho la había olvidado.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sputnik y su amiga Laika

Tal vez Laika no fue solo una perra recordada por el maltrato animal. Tal vez, sin quererlo, su vida se extendió como una metáfora, un símil literario y metafísico. O tal vez solo hablo mierda por hablar.
Esto se trata sobre Laika y el Sputnik, aunque en realidad es más como Relatos de la Vida de algún adolescente inexistente. (¡Rima!)

Laika parecía feliz


Ella era algo dura. Algo difícil de encontrar; ella estaba donde nadie más estaba. Ella era, de alguna forma, como Laika en el Sputnik 2, varada en el espacio, mirando a la tierra o a la nada, pero nunca estando en algún lugar fijo. Era, a veces, un mito.

Estampilla postal del Sputnik 2

Cada vez que la recuerdo, recuerdo a un cielo gris. En realidad es un cielo oscuro, porque la asocio con la noche y con la música de alguna banda nueva en algún tocada
y de las mismas que iban golpe tras golpe en la búsqueda de la música como profesión. Hay olor a alcohol y a cigarros. Siempre estaba el ajetreo de la gente, todos esperando a escuchar a la misma banda una y otra vez. La misma banda que intentaba ser algo que posiblemente jamás lograrían. Tengo la sensación de que el guitarrista de esa banda me había hablado un par de veces, tal vez se llamaba Alejandro, aunque no podría estar seguro. Era moreno y tenía una especie de afro, quería parecerse a Slash y le tiraban mucha mierda por eso.
Es posible que fuera uno de los pocos que estaba ahí sin un interés tácito por la música. Lo mío iba más por el ambiente.
— Raro verte por aquí.
Lo mío, era más por la ligera tiniebla que se contrasta con las luces. El sonido que se envuelve en un silencio mientras el bajo suena potente, mientras la guitarra chilla y la batería estremece. Mientras alguien canta un poema o algo que le gustaría que fuera un poema.
—No seas pendejo. Estás aquí por ella, ¿tú crees que no se nota?
Lo mío, en una soledad solo quebrantada por algún empujón, un silencio quebrantado solo por alguna voz conocida, lo mío era amor por un lugar que no era como cualquier otro lugar. Una escena que se creaba en cierto momento y que perduraba segundos… minutos. Horas.
— Mira, yo conozco a alguien, bueno, conocí a este pana el otro día, que la conoce.
Estar entre la gente, como un conjunto, aunque cada uno es único, cada uno estando y disfrutando de ellos mismos por razones diferentes.
—¡Hey, despierta, fucker!
— ¿Qué coño quieres? Estoy aquí, relajado, ya va a empezar esto…
—Tú me tienes que creer pendejo. Hace un mes me decías “yo nunca vendré a un toque, eso es para gays, un montón de bandas amateurs” y ahora estás aquí, embelesado en la nada por una chica que no ha llegado.
—¿De qué mierda me hablas? Yo nunca te dije eso… — Y luego están los conocidos, que creen conocerte. Creen que un lago es solo el reflejo de Selene y sus nubes oscuras, que creen que un lago carece de la profundidad de un océano—. Como el monstruo del lago Ness.
—¿Hello? ¿Estás aquí? Mierda, tu siempre estás  como drogadísimo.  
— No, ahora deja de insinuar que vengo aquí a ligar o no sé a qué. Dude, te vas mucho por las ramas.
—¿Yo? Claro, man, lo que digas.— Un difamador profesional, es lo que es. Alguien que nació para distraerme de esta realidad virtual creada a través de melodías…
Pero estaba ella.
Ella y su cabello negro. Compondría poemas sino canciones, que hablarían sobre cómo simulan ríos de un agua negra de alguna ciudad estelar, donde la gente es esclava de robots… Aunque no llegaba aún. La esperaba, la esperaba en esta catarsis que había creado para limpiarme de mis demonios. Pero estos nunca se van, solo se esconden, murmullan. Generan dudas. Sobre su sonrisa, clásica. Una solitaria sonrisa que comprometía a un desconocido y a ella. Una sonrisa que creaba una amistad que trascendía lo humano en algún lugar, una sonrisa que me llevaba a otro lugar. Lejo de deidades malévolas, como Cthulhu. Lejos de la realidad cruel que deparó a Laika…
Ella que rondaba por lugares que nunca conoceré por no parecer un acosador. Luz, que traía a mi vida oscuridad y demencia. Luz, era lo que veía en los malditos antros a los que me atrajo. Fui a ella como una polilla, sin embargo, ella siempre ha estado ahí, impasible a mí, una polilla. Soy un Ícaro que solo espera a quemarse las alas y a descender en caída mortal.
Todo sería más cruel. Lo sabías. Todo tenía que desaparecer, tú… tenías que desaparecer del Sputnik 2.
Morir antes de chocar.
Porque las ilusiones, al fin y al cabo, con un garage rock, pop punk, alt. Rock, siempre terminan pasando y dejando un sabor agrio.
Mientras tu ataúd dio más vueltas de lo que tú pudiste contemplar, mientras que tu féretro cósmico chocaba y te incineraba al chocar con la tierra.
Te vi por última vez ese día,
Agitaste tu cola…
Parecías nerviosa.