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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Una observación poco sustanciosa.

"Su aterido cuerpo no era más que un bloque de hielo. Tembló espasmódicamente, vi en sus ojos el fuego de la vida congelándose, luchando por derretir a la muerte. No lo comprendí. No habría comprendido nada que tuviera que ver con ese sujeto. Nunca lo había visto, nunca había caminado por la calle por las puras como hoy. Lo vi dejar su estado agónico. Ya no convulsionaba, sonrió y no entendí su sonrisa ya que estaba muerto. 
El piso estaba mojado y así su ropa, y la mía y los edificios a nuestros alrededores. Hacía frío pero se podía andar sin saco, tal y como y estaba. Vi en sus ojos una vez más pero ya no había nada, nunca hubo nada, además de las lágrimas que gritaban dolor. Vi en su pecho algo extraño: un papelito. Nunca me habría dado cuenta de él, nunca me habría fijado en alguien en la calle. Él era diferente, estaba muerto... y callado. Agarré el papelito con disimulo, como a quien se le cae algo, lo leí. Nunca pensé que algo tan de drama, tan trágico le podría ocurrir a alguien. Pensé que solo se le ocurría a esas mentes llenas de historias sumamente inverosímiles a las que les pagan por decirnos unas cuantas mentiras. 
Miré al cielo, por pura bronca, sin ninguna razón en especial. En dos días era fin de año, uno nuevo comenzaba, ¿realmente hacía alguna diferencia? ¿Hacía una puta diferencia un fin de año, vale la pena celebrar que estamos vivos? No fui más allá de eso pues mi mente estaba llena de mierda y solo saldría mierda de ella. Pasa que cuando estás encabronado por la sociedad todo te parece injusto, y es injusto de mi parte juzgarla; ella se juzga a sí misma con sus actos. Pasaba también que no tenía trabajo, más mierda; ¿a quién le importa un puto trabajo? Podría estar muerto. Y estaré muerto de hambre y sin casa si no trabajo. Pero estaré vivo, sin nada. ¿Qué vale esta vida si no tienes nada? Si todo propósito tiene que convenir de alguna forma a la sociedad. Más mierda. 
Miré por el rabillo del ojo y la gente se empezaba a aglomerar. Más hipocresía. "¿Qué le pasó, buen señor? ¿Lo conoce?" Como si hiciera alguna diferencia conocerlo o no, como si en realidad doliera algo la muerte de alguien más, el sufrimiento ajeno. En estos años de mi vida, llenos de un horror real y de un miedo irreal, me he dado cuenta que uno ha de vivir por sí mismo, preocuparse por su dolor sin ir más allá de tu círculo. Y tu círculo eres tú y nadie más. Todo estamos solos al final del día. Nacemos en soledad y morimos en la más infinita soledad, los que están alrededor nos son útiles o no. Así de simple. Nos entretienen o no nos entretienen, tienen nuestros interés o no los tienen; cada bifurcación atiende a un estímulo nuestro. Cada elección hecha por alguien más cae en un prejuicio y lo podemos odiar por ello, ¿nos dimos la tarea de conocerlo? No, pero lo odiamos, porque si le gusta tal cosa es la representación de tal cosa y por tanto es más mierda.
La llovizna empezaba a caer y el drama emergía como la diarrea en un mal día. Más hipócritas se acercaban. La sirena empezaba a aullar con su canto fúnebre. Reí. Nadie comprendió mi risa, nadie comprendió lo cómico de la situación. Nadie vio que estábamos en un malnacido drama de T.V., que éramos la sucia comedia de la que alguien más se reía, y si yo me reía de ella, iba a ser la queja social que él sujeto que nos observaba quería y si hacía un discurso melodramático, sería el sentimentalismo que él querría ver. Porque somos la mierda que los demás quieren ver, o no la somos y nos critican. Todos somos críticos, ¿has visto a esos seudocríticos de segunda de las revistas? Es la misma tontería. Su juicio vale más por un título, porque han leído las críticas de otros críticos que los antecedieron, porque conocen más incidentes... ¿A quién mierda le importa? A ti, a mí, a todos.
Creí que alguien se reía conmigo, creí que comprendía lo cómico de la situación, mas no fue así. Lo vi enfurecido, preguntándome que quién me creía, ¿quién me iba a creer? Nadie. No soy nadie, tú eres nadie, tal y como yo soy nadie y me río de todos, del todo que conformamos cada uno de los nadies que somos pero del que ninguno de nosotros quiere formar parte mas queremos encajar en ello, ¿no le ven la ironía? ¡Ahí están los adolescentes, queriendo ser diferentes, y ahí están, en grupos de personas iguales a ellos! ¿No es acaso la identificación parte de la diferenciación de cada uno? Todos somos nadies y nadies somos todos. Estamos unidos por un lazo que nos desprende, y balbuceo porquería, ¿te lo creíste? Mal por ti, a mí no me pagan por esto, así que probablemente está mal. Y tú, jodida persona de la clase media, ¿de qué te quejas? Yo me quejo de mí mismo, porque quejarse por los demás no cambia nadie. Pero eres un hijoputa y un hipócrita, así que mejor aléjate de mi camino."
Sacado de una grabación marciana en una colonia humana, 2105. 

miércoles, 15 de junio de 2011

¡¡¡¡No me juzguen!!!!

A quién le importa lo que publique, a quién le importa lo que yo haga, yo soy así y así seguiré... y me vale madres lo que pienseeeeeeeen (de Charlote). Disculpen, es que hace poco estuve escuchando a Alaska y Dinarama en la radio. Ahora sí, al tema en cuestión. Charlote me gusta, en cierto sentido porque me salva la vida cada que llego a fin de mes y no pagaron ya (o en este caso particular, la quincena), pero no solo me gusta porque funciona como as bajo la manga sino porque es una historia linda (se ve poco masculino usar esa palabra, en fin) y graciosa. Síganla leyendo, pese a que en anteriores ocasiones haya dicho que es muy Disney. No se desilusionarán.

Nos vemos luego, tengo cosas que hacer, problemas que solucionar y asuntos en los que pensar. Pero descuiden que yo sobreviviré.

Charlote

Preguntas sin sentido. Hora de hablar.

(Saliendo de un bloqueo)

¿Sabes? Estos días son como los de ayer, sin rumbo fijo.

Luego de varios días las cosas marchaban sobre ruedas. Me sentía ubicado como pez en el agua, pero a la vez perdido como Adán en el día de las madres. Atrapado como naufrago en altamar, teniendo mucho espacio alrededor pero sin poder recorrerlo.

Llegó un día sin sol tras una noche sin estrellas. “Buen indicio”, pensé. Salí de casa sin una sonrisa, con la esperanza de que éste fuera un día corto. Los días anteriores parecían interminables. Hastío.

Llegué a clase a la hora que se estaba haciendo costumbre: Ni tarde ni temprano. Viajé desde la puerta del salón hasta mi asiento. No sé quien llegó primero, ella o yo. Dejé mi mochila y salí del aula hacia el baño. Necesitaba lavarme la cara, aún me sentía soñoliento y no quería quedarme dormido en plena clase, arruinaría la segunda impresión.

Me acerqué a la puerta del salón y observé que ya alguien estaba sentada al lado de mi mochila. No me acerqué a ella. Se sentía raro. Tenía “miedo” de estar allí. Me acerqué, pero no hacia mi asiento sino que me mantuve de pie hablando con Heder y Chris a la vez, pero a la vez no lo hacia con ellos. Me limitaba a decir cosas como “ajá”, “claro”, “sí”. ¡Es más!, si me acusaban de ser “emo”, respondía con un sí rotundo. Y todo por ver a esa chica.

Ella era – por lo que pude ver – delgada, de cabellos castaños, de una palidez angelical, que hacía contraste con su vestimenta. Llevaba una falda negra, una casaquilla púrpura – que no me gusta en lo absoluto – y una suerte de maletín como maleta. Un grupo de chicas la miraban algo extrañadas y curiosas. Cosa que no me importo.

Llega el profesor y pide a todos que se dirijan a sus respectivos asientos. Todos se mueven en una improvisada danza de bienvenida intercambiando saludos, besos en las mejillas y estrechadas de manos para luego ubicarse en sus respectivos lugares. Llegó el momento de ir en su encuentro. Me aterra su mirada fría y ojos que podrían ver el alma si se lo propusieran.

- Permiso, por favor – fue lo primero que dije, ya que ella se ubicaba en el primer lugar junto al pasillo.

Se movió y me dejó pasar sin inmutarse ni decir nada. Era helada. Tomé asiento y no dije nada. Entonces recordé que unos días antes se había sentado cerca de mí. La oí en clase de historia, me sorprendió que supiera de cosas que me costaba mucho recordar. La clase fue así: entre mis divagaciones y sus respuestas, pero entre ella y yo solo silencio.

Se levantó de su asiento y salió del salón. Entonces Pilar (ella es una de las pocas amigas que hice, se viste de rosado, creo que con eso digo todo ¿no?) me hace una pregunta muy vacía y salida de sitio: «Y… ¿ella qué es?». Esa pregunta me pareció muy estúpida – porque ya me la habían hecho antes y no me gusta que me pregunten ese tipo de cosas - pero no dije nada al respecto porque no quería ganar enemistades.

- ¿Cómo voy a preguntarle eso? Acaso no ves que es un ser humano. – Dije.

- No me refiero a eso - dijo en tono sarcástico- ¿Es emo, metalera, punk ….?

- Es horrible calificar a las personas por como visten. Pero viendo tu insistencia veré que hago.- concluí.

Regresó al salón y toma a su lugar. Se sienta. El profesor de RV desarrolla su clase acerca de los sentidos de la oración (denotado y connotado). Para darnos un ejemplo el profesor pidió que compongamos una oración en sentido connotado por carpeta para luego escribirlos en la pizarra. “Gran pretexto para hablarle”, pensé. Entonces le dije a Christian que hiciera uno. Yo hice la mía y le pedí a ella (la chica de negro) que hiciera la suya, luego discutiríamos para ver cual debía ser escrita en la pizarra. Ella dijo “Ya” sin imputarse, nuevamente.

La mía no tenía sentido, hablaba sobre el hambre y la explotación. Ahora no recuerdo muy bien que decía pero era algo así como “Somos la apocalíptica discusión de verdad, el escorbuto del pueblo afligido y la hemorragia de un muerto sin dolor.” Lo ven; no tiene sentido, o por lo menos no le encontré uno determinado. Christian, superfanático del fútbol, escribió “Ayer hubo una lluvia de goles.” Ya que el día anterior fue fecha FIFA y se realizaron varios partidos amistosos y…bla…bla…bla.

Giro la cabeza hacia La niña de negro =) y le digo:

- Aquí tengo dos oraciones, pero quisiera ver la tuya. Tú puedes ver las nuestras y así las juzgamos.

- Está bien- dijo mientras cogía un par de hojas.

Las estuvo viendo mientras yo leía la que ella escribió.

“Aquel joven volaba desde que ella sello un beso en sus mejillas”

Al leer me di cuenta de que tenía talento para la pluma o sentimentalismos encontrados en sí. En mi mente formaba palabras o ecuaciones, llamémosles conclusiones apresuradas que no debí de realizar como la de niña, quizás más adelante encuentre el significado de todo esto. En esa fracción de segundo la volví a ver, tal vez ella no se haya dado cuenta, entonces observé que tenía unos cabellos hermosos. Antes de arruinar el momento, y decir alguna estupidez casual (como las del Chavo), resolví regresar al pretexto principal, ¡cof! ¡cof! digo, tema principal, y dije:

- Se ve bien – en realidad pensaba eso mucho más que “Maldición, es fresa” –, pienso que esta es la oración que deberíamos escribir en la pizarra; la mía no dice nada y la de Chris… bueno, está bien pero la tuya es más original.

- Gracias – dijo ella –, pero ¿ahora quien la escribirá en la pizarra? – mientras me veía como buscando una respuesta.

- Bueno, supongo que la persona que lo inventó debería ser quien la escriba en la pizarra ¿no? – intenté decir con tono irónico.

- Tienes razón – dijo mientras intentaba ocultar una sonrisa, una que trataba de escapársele por los labios.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ella

Ah, vagué, vagué como pude... y naufragué, naufragué tanto que caí en lugares que jamás conoceré de nuevo. Claro, también vi a Buggs Bunny y a un no se quién que se hacía llamar Pancho Barriga Gorda, un corsario, de esos con parche que visten a lo Retro... como cuando aún no existían los zapatos de goma o los converse, al menos unas botas que te protegerían de verdad... y esa indumentaria tan compleja... Ah... ¡qué importa!
Bien, como esperaban esto no es para Lugar de No Fumadores, disculpen... sufró de cancer y mis días han sido difíciles. No, en realidad no, solo he vagado más de lo que necesito. En fin, he aquí un algo editado.

------------------Ella-------------------

Recuerdo su olor en las mañanas, perder su nombre en sueños y más nunca verla; recuerdo el pasar de los años, sombríos, sin ella, y un ligero momento de agite que no soporté.

Vi lunas nuevas, menguantes y llenas, las capturé todas y aún no sentí. Recuerdo el cenit de mi vida, una mariposa sin alas y su agonía. Lo recuerdo todo como si fuera ayer, y aun cuando dije sentir pesar por no verla más, aun cuando mis manos temblaron al verla un segundo por la emoción, no pude hacer nada por ella en el momento en que desvaneció. Y es que en telas arrugadas vestía su belleza, es que en años de desvelo se escondían sus ojos y su agraciada cara llena de júbilo era mancillada por maquillaje rancio.
Es que sólo una vez la vi como esa noche y jamás fueron las noches iguales, ni fui yo el mismo. No fue el mismo aire el que me rozaba, ni era la misma la forma en que sentía. No era el sol de la alborada tan hermoso, tan entero, tan radiante como lo fue esa noche de silenciosa lluvia. Y es que jamás la vi igual, jamás tan hermosa la contemplé.
Si su belleza era veneno, como tonto caí y aun siendo otra presa, el anzuelo mordí. Pasaron eones y nunca más pude encontrarla, ¿Es qué fue sólo un sueño, una ilusión? Ahora, estando ella en una fosa, me pregunto: ¿cómo tal encanto y tal belleza en el tiempo se pierde, si no es por castigo de los dioses? Si es disfraz, si es una mentira dímelo a mí que la he añorado y buscado por siglos, y ahora muerta aún la amo.