martes, 22 de octubre de 2013

1er Paracaidista, A. Jacques Garnerin

André Jacques Garnerin. ¿Quién es y por qué saco su nombre? No sé. Simplemente salió de mi mano mágica. Ustedes también deberían tener una.  Miento. Es algún francés al que le enseñé a volar en globo alguna vez y hasta le di la idea para que hiciera un paracaídas. Miento. Fue el primer paracaidista y un volador de globos francés. Incluso le dedicaron un doodle interactivo. Esto porque logró el primer salto en paracaídas (el 22 de octubre de 1797), y porque lo hizo desde una altura de 350 metros.
So yep, eso es todo. (Spanglish, sorry) 


La caída 

Garnerin sintió que se moría. Sintió que la vida se le venía abajo. Sería su fin. Volar en globos era una cosa, pero tirarse de ellos y sobrevivir era otra. El viento lo tambaleaba de un lado para otro tan violentamente que no pasó un segundo en el cual no pensará:

“Este el fin, ahora sí voy a caer. Au revoir, monamour. Au revoir, Francia.”

Garnerin sintió también el peso del éxito, porque a medida de que descendía, se daba cuenta de que existía la posibilidad de que sobreviviera. Sabía que cuando saliera del paracaídas iba a tener que actuar como si tuviera nervios de acero.

Ilustración del descenso en paracaídas
“Como volar un globo, en efecto. No tiene mayor dificultad. Ya ve, uno le pierde el miedo, Monsieur. Como si uno fuera un ave, usted se acostumbra al viento. A verlo todo desde lo alto. Estamos dando pasos grandes los hombres. Esto es cualquier cosa ahora, hasta una mujer lo podría hacer. Sí, sí, como se lo digo, no conlleva mayor dificultad.”

Se sintió orgulloso. Sintió que lloraba. Sintió que caía, ligeramente, al piso. Y pensó que estaba muerto; era su fin, efectivamente. Salió de la canasta y creyó, por un momento, que era su alma la que salía.

“¡Está vivo!” Oyó que gritó algún espectador.

Y se dijo “Estoy vivo. Sin heridas. Sano y salvo”.


La gente lo vanaglorió. Y…

“Yo lo dije. Esto era un asunto trivial. Es un gran pas… Mejor dicho, un gran salto, primero ¡volamos en globo! Y ahora ¡caeremos en paracaídas!”

Pasó horas hablando sobre lo fácil y lo seguro que era.  ¡Jeanne!, pensaba, ¡cuánto deseo hablar contigo! ¡Cuánto deseo que puedas volar, seré el primero en hacerte volar!
“Jeanne, la preciosa Jeanne, alumna mía, serás la primera en volar y en usar un paracaídas, ¡de eso, monamour, me haré cargo yo!”

Y, oh, ¡la pequeña Elisa! Tan entusiasta, tan joven. Se aseguraría de que una vez creciera ella pudiera también volar. Se aseguraría de que ambas, la mujer de sus sueños, y su pequeña sobrina, experimentaran tal sensación que lo mantenía amando el vuelo.

Sentir la brisa y ver paisajes. Ver hacia abajo y ver aquellos grandes edificios ser minúsculos. ¿Qué somos, en realidad, si nos hemos perdido la belleza de volar la mayor parte de nuestras vidas?

¿Son los pájaros más felices por poder volar?

domingo, 13 de octubre de 2013

Vuelo 571 (Purgatorio)

Hola, esto es un saludo improvisado. El 13 de octubre de 1972, un avión militar paraguayo que transportaba a más de 40 personas, incluidos jugadores del equipo de rugby Old Christians, se estrelló en la cordillera de los Andes, en territorio argentino. Después de más de 60 misiones de búsqueda, se les dio por muertos, pero, luego de 70 días, dos de los 16 supervivientes lograron conseguir ayuda para sus amigos. Sí, solo 16 personas de 40 sobrevivieron.
Este hecho se recuerda como El milagro de los andes, y hay muchos libros y películas al respecto, todas muy realistas. Sin embargo, aquí siempre suele surgir algo nuevo. Vean pues, la ficción de hoy...


.+.+.+.+.+.+. Purgatorio.+.+.+.+.+.+.

Cuando despertó, tenía una gruesa pantalla de hielo frente a él. Sabía que era de hielo, porque podía ver cómo se translucían figuras brillantes a través, y sabía que era gruesa porque resultaba imposible ver el otro lado. Todo era blanco y negro, una masa indefinida, un mundo informe a través de una pantalla que por un instante imaginó como un espejo de la realidad. Y qué tan cruel sería esa realidad de la que él estaba siendo separado por una pared de hielo, porque imaginó pronto también que había muerto y se encontraba en el infierno. Un infierno frío, como jamás nunca alguien habría imaginado, un infierno vacío, donde un murmullo propio puede provocar un susto. Sí, había hablado. Dijo tan solo "Ah...", ni siquiera una palabra, nada más que un simple sonido salido por accidente de su boca, pero esta simplicidad rebotó en todo el lugar, como si hablaran por él mil otras almas más. Pensó en el purgatorio como un lugar en el que todas las almas estaban destinadas a decir lo mismo y a repetirse eternamente, pero ninguna sería capaz nunca de ver a las demás, quedando en un ambiente de angustia y soledad apática eternamente. La sola idea lo desesperaba. Lo sabía ficción, boberías de paranoide, pero estaba seguro de que no era nada cuerdo estar en un lugar así después de haber salido despedido de un avión. Menos de un avión de la Fuerza Aérea, la Fuerza Aérea Uruguaya. El nombre no lo recordaba, pero sí que era jugador de rugby y que eso no lo ayudaba en nada para salir de allí. El Old boys, los argentinos... ¿acaso era el momento para pensar en eso? Salir de allí era prioridad, si no saber al menos en dónde se encontraba. Si se trataba del purgatorio o un infierno helado, lo sabría pronto. Así que, de pie, volvió a emitir el mismo sonido (Ah), y volvió a ser repetido por mil almas. Mil almas con una voz que se iba perdiendo de a pocos en la oscuridad. Ciertamente, la poca luz que llegaba del otro lado de la pantalla de hielo era insuficiente para ver más allá de 5 metros en la caverna. Habría que probar suerte golpeando, sí, pero los golpes no resultaron tras algunos intentos y quejidos. La pared de hielo, su espejo de realidad informe, lo negaba con una fuerza enorme. Ya no pertenecía allá afuera, o al menos no podría más salir por allí. Su voz, recordó, era repetida por todas esas almas. Debía haber un camino por allí, y quizá alguna salida. Arriesgar no era perder. Moriría igual si esperaba sin moverse un milímetro. Caminó hacia allá adentro, murmurando solo "ah" (nunca dijo nada más ni lo intentó, lo creyó tan solo innecesario), mientras el sonido era repetido indefinidamente por las mil o un millón de almas sonoras de ese purgatorio. Ah, decía, y su voz cambiaba cada vez más para parecerse a esa multitud, y la oscuridad llegaba también con la misma fuerza a la caverna, y de la caverna a la montaña, que remecía por los murmullos y desprendía nieve indiscriminadamente sobre otros hombres, por haber consumido un alma.


.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.

Muy bien, eso fue todo. Espero que les haya gustado. A mí me costó un poco esta idea, pero me divirtió mucho al final. Saludos, pues. ¡Adiós!

viernes, 4 de octubre de 2013

3 años (+ 1 día)

Hace 3 años (y un día), cuando Errror de Imprenta inició, era nada más que un blog de un grupo de chicos que querían escribir y ser leídos. Estos chicos probablemente tenían un diferencial, pero en ese momento no lo sabían. Tuvieron que pasar por reformas, planteamientos y replanteamientos, además de muchísimas conversaciones (muchas de ellas bastante improvisadas), para conocerse mejor en grupo e individualmente y poder asumir una identidad diferencial. Esa identidad llegó un año después, con las ficciones basadas en hechos históricos, una forma lúdica de entender la realidad. Sin embargo, comenzábamos recién a entendernos. Era el principio de todo.

Muchas cosas han sucedido desde ese principio. Los miembros han cambiado (solo quedamos dos de los 3+1 de hace 3 años), hemos tenido pérdidas, problemas y demás cosas que, a pesar de todo, han contribuido para hacernos mejores y más fuertes.

Este año, planeamos y realizamos algo inusual (aún más que modificar la historia): un vídeo promocional (¿en un blog de ficción literaria?). ¿El concepto? El número 3 (3 años, 3 erres, 3 palabras, 3 de octubre, 3 amigos, etc). Esto constituye una forma de las quizá muchas que existen de extender la identidad lúdica de Errror de Imprenta. Es más, tenemos en mente la realización de un vídeo promocional más, así que pueden esperarlo desde ahora.

Por el momento, los invitamos a disfrutar del vídeo de aniversario.

 

Aparte... estamos realizando un concurso por unas pequeñas libretas con el nombre y logo de Errror de Imprenta. Para participar, deben seguir el siguiente enlace: http://on.fb.me/1dZG9Hn


¡Ah!, y, antes de irme, les anuncio de paso nuestra participación en el concurso Social Day 2013 (nuevo nombre del Blogday: 20 blogs peruanos), en la categoría Arte y Cultura. Si desean apoyarnos, lo único que deben hacer es seguir este enlace (http://socialday.pe/votar?id=173), introducir su correo electrónico y confirmar su voto en su bandeja de entrada. Les agradeceremos mucho su apoyo.


Sin más, me despido en nombre del blog. Que tengan un buen día. ¡Saludos!

sábado, 28 de septiembre de 2013

Protesta de Guinea 2009

So, here I am, amiguitos. Escribiendo en spanglish solo porque sí. Paremos. 
Pensemos en protestas, estados y futbol. ¿Qué tienen en común? Así es, las protestas tienen hijos con los estadios y así nace el futbol. Está bien, está bien, fue algo estúpido. Lo acepto. 
Lo que tienen en común es la protesta llevada a cabo en el Estadio 28 de Septiembre, tal día, en el 2009, en contra del presidente de respaldo que tenía por entonces ese país, un militar. 
Enjoy.
Disfruten. O no.

Auto-Gol 

Los Boinas rojas llegaron cuando nadie se lo esperaba. Hubo humo(bombas lacrimógenas), fuegos artificiales(ráfagas de sus fusiles) y diversión. ¿Diversión? Oh, claro que no. Los Boinas Rojas llegaron y ya nadie supo si se jugaba a cazar humanos. Si el Estadio 28 de Septiembre(que indicaba la fecha en la que se encontraban en el 2009) había decidido respaldar la caza de humanos como deporte, o más bien el Gobierno o la falta de él. La Guardia Presidencial hacía presencia y la fiesta en la que todos estaban reunidos estallaba. Eran repentinamente el alma de ella.
Habían traído todo lo que faltaba.
Algunas personas gritaron, otras se enfocaron en usar su energía en correr. No había de otra, la ignición de la pólvora provocó la exaltación del ánimo. Pésimo ánimo. 


Algunos, insensatos héroes, quisieron pelear por sus derechos. Otros, viejos insensatos, apelaron a su vejez, halaron sus barbas y los golpearon contra el piso. O les dispararon. Realmente no había diferencia cuando usaban todos sus recursos en acabar con los ciudadanos. La única diferencia apreciable era la distinción de sexo, porque esto garantiza, generalmente, satisfacción; y tal vez eso era todo lo que buscaban los Boinas Roja.
Una movimiento de batuta del presidente de respaldo, el Capitán Moussa Dadis Camara, había bastado para que iniciara el caos.
“Un héroe”, así se describía. Esa era la palabra que venía a la mente de Camara cada vez que veía sus cuadros en su oficina. “Soy un héroe”, le reafirmaba el cuadro. Mientras que todo el poder que tenía le sugería que sería estúpido dejarlo solo por seguir las leyes. “Derrotaste al dictador, tomaste al país. Lo llevas al camino correcto. ¿Quién más que tú, Camara, debería ser el nuevo presidente? Acaba del todo con lo que queda del régimen. Sé la imagen del país.”
Y Camara se creía esas palabras. Su mente le decía que la protesta era una minoría irritable que solo desestabilizaba el país. Un país que había perdido su balance desde hacía años.
Ese pequeño grupo no se metería en su camino, porque un grupo de hormigas no detienen el andar de un titán. Él tomaba el camino correcto usando al ejército para controlar al país. De todas formas, ¿quién más que él sabría cómo manejar un país en ese estado?

Moussa Dadis Camara
No había réplica. Estaba solo en su oficina, disfrutando de sus pensamientos. Nada podía ir mal. Protesta detenida, paso de página. Gente abusada, cuerpos a la basura.
Lo que se avistaba en el futuro era la Nueva Guinea. Dirigida por Camara, el brillante líder. El que había ordenado una masacre en el Estadio 28 de Septiembre. El que había abusado del poder del Ejército. El que incumplía su palabra al decir que se postularía para presidente. Pero nunca está demás el poder, ¿cierto?
Rebobinó la información: “Masacre en el Estadio 28 de Septiembre.” Eso significa problemas, evidentemente. Eso significa que está haciendo algo mal. Siendo precisos, significa que hay un grupo de “Elementos incontrolables del Ejército” habían hecho algo mal, y que, él, su dirigente, no podía hacer nada al respecto.
Excusa inmejorable. Un grupo de insurrectos comienzan una protesta y “elementos incontrolables” del Ejército responden con una masacre. Una gota de sudor por su sien. Algo iba indiscutiblemente mal.
La gente corría, tiraba las pancartas al piso. O eran confrontados por militares. Ellos no hacían distinción de nada. ¿Reportero francés? Equipo de grabación al piso, destruido, inutilizable. Golpeado con las culatas de sus fusiles, pateado. ¿Mujeres? Violadas.
Los Boinas Rojas ganan por goleada. El Capitán Moussa Dadis Camara anota un auto-gol. Su campaña presidencial parece sepultada. Los Boinas Rojas pierden la serie, expulsados por abuso de los derechos humanos. Guinea parece tener un futuro prometedor.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Honor saboteado (La Rendición de Japón)

Esta publicación debió haberse hecho dos días antes, ya que la fecha a la que se refiere es el 2 de setiembre de 1945, día en el cual se termina formalmente la Segunda Guerra Mundial con la firma de la rendición de Japón. Hagamos como si fuese lunes 2 y no miércoles 4 y seamos felices.
Hirohito fue el emperador que estuvo en el trono imperial de Japón durante la segunda guerra mundial. Su participación en ésta ha sido muchas veces controversial, ya que algunos le atribuyen mucha más responsabilidad militar de lo que la historia oficial nos relata.
El 15 de agosto, seis días después del bombardeo de Nagasaki, Hirohito le habló por primera vez a su pueblo a través de la radio, anunciando la rendición de Japón en la guerra con un discurso bastante conocido. Días después en la Bahía de Pekín se daría un tono formal y simbólico a esta rendición. Los japoneses, naturalmente, sintieron todos estos trámites como el inicio de una larga humillación, porque se estaba aceptando, entre otras cosas, la ocupación de Estados Unidos.

Como yo creo en conspiraciones y me gusta el te, he escrito este cuento.

El honor saboteado


Sabía que no sería rápido, pero lo prefería a tener que volarse los sesos con una pistola o hacer todo el ritual del Harakiri. Ahí a su costado estaba de pie Mei, su fiel sirviente, con una bandeja de plata sobre la cual estaba la decisiva taza de té; sus ojos estaban hinchados de tanto contener las lágrimas, pero se paraba erguido a pesar de sus 78 años y no poder mirar directamente a los ojos de su amo.

— Puedes dejar la bandeja y retirarte, si es tu deseo.

Mei dejó la bandeja en la pequeña mesa frente a la silla del emperador y retrocedió cinco pasos. Se quedó ahí.

El emperador Hirohito

Hirohito sabía que aquello sería decisivo en la historia de su patria. Todos sabrían con gran asombro que su emperador no era un Dios, sino un simple mortal que también sentía culpa y vergüenza por todas las humillaciones por las que estaba pasando Japón. Acabar con su vida era para él la única salida honorable luego de haber aceptado la rendición y aquel discurso por radio. No había vuelta atrás, además ya todo estaba preparado para que al día siguiente se firmara la rendición en la Bahía de Pekín. Su sello real ya estaba formalmente en camino a estamparse en el documento de la deshonra.

Había escrito cuidadosamente una carta en la cual explicaba todo lo que realmente quiso decir siempre a su pueblo durante todos aquellos años de guerra y que las presiones políticas impedían.
Estaba sentado  mirando fija y seriamente la taza de té, cuando tocaron la puerta. Era el menor de sus hijos varones con su sirviente. Mei dejó pasar al pequeño Hitachi, quien corrió hacia su padre, lo abrazó fuertemente y con la misma rapidez dio media vuelta y corrió hacia la puerta entreabierta, detrás de la cual Hirohito presentía la presencia de su esposa Nagako, vestida enteramente de blanco y el rostro más blanco aun, con una irreparable expresión de tristeza.

La puerta se cerró. Quedaron nuevamente los dos, solos. Esperó un par de minutos para parar la hora en su reloj pulsera, cogió tranquilamente la taza y se tomó el té a sorbos lentos. Esperaba sentir dolor inmediatamente, pero tuvieron que pasar varios minutos para sentir las primeras presiones en el estómago, que extrañamente se sucedieron por una presión en los músculos. Sentía que las fuerzas se le escurrían por completo. Se recostó con los ojos bien abiertos en el espaldar de la silla acolchada y esperó. La conciencia se le iba apagando de a pocos, cerró los ojos. Todo era negro.

Cuando abrió los ojos se sobresaltó tanto que se atoró con su propio grito ahogado. Frente a él estaban tres de sus ministros. No pudo comprender hasta que sus turbados ojos se posaron en la cabeza gacha de Mei. Era un dos de setiembre de 1945. Habían saboteado su propia muerte. La rendición ahora no podía ser más humillante.  
Mamoru Shigemitsu, Ministro de Relaciones Exteriores, a bordo del
USS Missouri, firma el Acta de Rendición en nombre
del Gobierno Japonés.