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domingo, 2 de marzo de 2014

Emperador rojo, parte 2

Hoy, amigos, amiguitos y pequeñines de los agujeros hobbit, son los Oscar y me enteré hace un minuto. Ódienme, porque me importa un bledo, más importante es que hoy publico la hermosa segunda parte de este relato ficcionario histórico mítico, así que, disfruten, camaradas del Imperio.


"Emperador Rojo"


Cuando hablé por primera vez con su padre, un hombre todavía joven, me di cuenta de que había en él algo de envidia hacia su hijo.

“Es un holgazán. Un holgazán con una boca muy grande, pero es mi hijo y sé que es un líder natural”, me lo dijo sin rodeos. Apenas había llegado yo a comprender la estupidez de los campesinos, humillado una y otra vez por la envidia voraz de Liu Bang, este hombre deshonraba mi presencia con su palabrería.

“Te contaré una historia que tal vez te ayude a comprender el éxito y la suerte de mi hijo.  Cuando había vivido suficientes inviernos como para tener cierto grado de consciencia, tuve mi primer hijo. Un hombre de campo, respetuoso, que reconoce su lugar. Era todo lo que yo fui en mi infancia, trabajaba duro y hacía lo que tenía que hacer, tomando en cuenta la posición que le correspondía, no ser recordado por su vagabundería ni por su larga lengua, no hacer falsas promesas ni apostar a negocios poco confiables. Un sujeto mesurado, más inteligente que su viejo, estaba orgulloso de él y tan solo tenía nueve años. Ese mismo año, cuando sospechábamos que nuestro segundo hijo nacería, nos sentimos felices, queríamos que fuera una niña que hiciera orgullosa a su madre. Admito que fue un deseo egoísta, tener a dos hijos que rememoraran a sus padres, pero el destino quizá fue más egoísta. Era una época lluviosa y mi esposa había ido a Pei a comprar lo básico, el trabajo del campo se iba a la borda por las constantes lluvias. Ese día, sin embargo, todo estaba oscuro como la noche misma, una noche sin luna, un segundo techo de puras nubes negras. Caían truenos que parecían lanzas y que iluminaba y encandilaban nuestros ojos. Corrí como un desgraciado, resbalándome en el pantano,  sin poder ver a más de cinco metros de mis narices. Algo me dijo, fue un canto o la forma en la que murmuraban las grandes gotas que caían del cielo, que mi esposa estaba debajo de un puente, asustada, mejor dicho, aterrorizada, buscando refugio. Tenía miedo, porque un trueno había matado a una de sus hermanas hacía un mes. Yo tenía miedo, porque no quería perder a la madre de nuestros hijos y tal vez porque soy un campesino que ha olvidado cuál es su lugar.

“Cuando la vi, a veinte metros de mí,  bajo del puente,  con una cara llena de serenidad, cada centímetro de su sonrisa era cándida. Vi un aura roja o sentí un calor  que no tenía sentido alguno o sentí el aliento de un dragón y vi a uno, rodeando a mi esposa. Socorría cada uno de sus cabellos negros y vi a través de sus ojos sabios que mi esposa había muerto con un niño que crecería bajo el nombre de Liu Bang en su vientre, un niño que tenía en él la esencia del Emperador Rojo, lo que sea que fuera eso. Pero ante mi visión, ante mis ojos, a un brazo de mí, ahora, estaba mi esposa, sana y salva, y el dragón dijo algo que no entendí junto a su oreja, se oyó un tronar y todo se llenó de blanco, mi esposa vino hacia mí, me abrazó y yo la abracé a ella, conocedor de su falsa muerte. Esperamos una hora, hasta que la lluvia menguó. Por eso, Xiang Yu, fui permisivo con mi hijo que creció siendo un holgazán, un holgazán astuto y un mentiroso, un estratega con suerte que tal vez es la mejor de las virtudes.”

Lo que vi en sus pupilas tan negras como la noche, fue un resplandor rojizo. Vi rabia y un poco de sabiduría.

“Los mitos de los paisanos son sin duda sorprendentes, una bola, una maraña de mentiras. Te haré hervir vivo, así tu hijo comprenderá por qué fui yo el que se quedó con Guanzhong, porque yo fui el que dividió las tierras, ¡e incluso fui tan generoso de otorgarle su debido premio!, cuando lo ideal habría sido matarlo. No fue sino por un compatriota, engañado por las mentiras de Liu Bang que le perdoné la vida. Y él, él me paga con esto. Porque sabe que era el merecedor de Guanzhong. Al final , lo que dijo el Rey Huai II no fue más que una promesa fuera de lugar, razón por la que lo exilié.”

La respuesta de Liu Bang llegó rápido. No podía matar a su padre, porque éramos hermanos de juramento y entonces cometería parricidio. Liu no conocía límites para su insurrección. Por el honor, por la desgracia ante su caída y su valentía al atacarme. Honraría el juramento, pero tendría él que prometerme un armisticio.

¿Uno no puede matar simplemente a un hermano, no es así?

***

Xian Yu se encontraba en la boca de un Dragón. Atacado por los flancos por antiguos compañeros ante la rebelión de Qin, escaso de recursos por el manejo enemigo de las rutas. Había algo de falso en la idea de Xian Yu de ganar con este armisticio, en su mente le concedía el favor a Liu Bang en una situación adversa, en realidad y él lo sabía, sus tropas poseían una moral baja, por la falta de alimentos, estaban diezmadas en comparación con el inicio de la guerra.



Xian Yu, reconocido luchador y estratega, comprendía que el armisticio era un paso para un ataque próximo y reconocía ese mismo punto de soporte como el punto en el cual Liu Bang se pararía para tomar las riendas de una nueva acometida. Había algo que Xian Yu ignoraba y eso era la determinación de un Dragón ante la batalla, lo engañoso de la serpiente, escondiéndose por un segundo para atacar al otro. En su retirada, fue emboscado incontables veces, haciendo que sus tropas cayeran más al fondo de la moral, ya no hablaban de ganar ni de destruir o cortar la cabeza de Liu Bang y sus asquerosos aliados. Hablaban de lo próximo de la muerte, de las mariposas que se posaban ante cualquiera de ellos antes de morir.

Eso lo hizo tomar una resolución, acabar rápida y cruelmente con Liu Bang, quien había irrespetado el armisticio, al poco tiempo se dio cuenta de lo equivocado que estaba en cuanto a lo que consideraba el potencial de sus tropas, no sería un exterminio de su parte, sería una victoria pírrica, en la que acabaría prisionero de sus aliados.

La retirada era la opción a tomar y las emboscadas siguieron disminuyendo el número de sus tropas. Tuvo una visión clara del Cañón de Gaixia, oyó viejas canciones sobre los hermosos valles y la hermandad que tenían las personas en su país. Se imaginó a su esposa, que había decidido acompañarlo, teniendo a uno de sus hijos. Xian Yu tuvo la certeza de que debían evitar Gaixia, porque ese sería su final. Besó los labios Yu Ji, prometió con ese beso que llegarían a sus tierras sanos y salvos, con ansias de venganza.

Sin embargo, en medio de las emboscadas intermitentes, un día secuestraron a su esposa y no fue sino el Hado el que le dijo que ella se encontraba en Gaixia, secuestrada por las tropas aliadas de Liu Bang.

Su decisión fue simple e implacable, volver a su país sin Yu Ji era caer derrotado. Mandó a sus tropas principales a la capital mientras él con unos miles de soldados rescataban a su esposa, con la esperanza de poder salir a tiempo de la emboscada final.

***                                                                                                

Admito que mi sueño fue engañoso porque la vi por un instante feliz en medio de esta sucia guerra y eso me hacía feliz. No noté, sin embargo, el semblante triste de mis tropas y la tierra mojada por las lágrimas de Yu Ji. Ahora mis tropas estaban reducidas a centenas, menos de mil hombres. Las canciones de nuestras tierras habían provocado que varios de mis soldados escaparan, con el triste anhelo de volver a nuestras tierras de una u otra forma.

Admito que cuando  vi que Yu Ji llena de sangre pensé que había sido presa de una magia maldita y oscura que había consumido su mente.

“Amado mío, mi existencia es prueba de que perdiste, porque fui tu debilidad, fui el punto débil de tu armada, vivir sabiéndolo era vivir sabiendo que había provocado tu final y no podía vivir así.”

¿Por qué cuando la sangre de un ser querido, del ser al que más amas, se derrama en el suelo y mancilla sus cuellos o sus caras, en ese tono rojo tan abrasivo, te das cuenta de que todas tus victorias fueron una farsa? Sufrí mi derrota cuando me doblegué ante el armisticio que propuse, fue víctima de mi orgullo. El final de esta batalla será antecedido por mi muerte.



“Trataremos de escapar, somos menos esta vez, un número en exceso inferior, pero la suerte no puede correr por siempre del lado enemigo. Apostaremos por una retirada rápida.”

Y mis palabras tuvieron un grado de certeza, pudimos maniobrar con bajas mínimas a los miles de soldados enemigos. Separándonos y volviendo a juntarnos, hasta que nos perdimos en las tierras de nadie.

Fui engañado por provincianos que me llevaron al filo enemigo.

***

Xian Yu llegó a un sitio conocido, al río de Wu, donde gente a favor de su reinado le dio botes para escapar, pero su vida sería marcada por su inexorable orgullo. No podía dejar que lo vieran llegar derrotado y humillado. Pelear hasta que la última gota de sudor, hasta que la última gota de sangre cayera de cualquier lado fue su último deseo.

No murió bajo la espada enemiga aunque estos lo descuartizaron al encontrar su cadáver, por el botín. Cortó su cuello cuando sus brazos, que habían derribado a cientos de guerreros enemigos en una batalla agónica, quedaron exhaustos, diezmados de toda fuerza. Fue su último espectáculo, el último ardid de su habilidad con la espada, de su incomparable voluntad para la lucha. Porque sus ojos ofidios veían la debilidad de un  gran guerrero, porque sus modos precisos y sencillos eran la razón por la que inspiraba confianza entre gente más instruida que él. Porque ante la implacable certeza de la muerte, él se tiraba ante ella y ella a sabiendas de que trataba con el hijo bastardo de un Dragón, lo evitaba otorgándole el triunfo o lo dejaba escapar, solo riéndose de su suerte.

***

Xiang Yu me recordaba en cierta forma a la serpiente, pero no tenía su estilo. En la forma en la que manejaba su espada, había cierta rebeldía, como si todavía no hubiera superado su juventud. Él, que no soportaba la ofensa de un ignorante, caería ante las palabras de la gente, ante lo prematuro de su amada. En sus ojos se encontraba la impotencia de un líder sin respuestas.

Gané más que todo, porque trato a los que me son inferiores como mis iguales,  porque en la moral de la batalla, acabar con la bella simpleza de los poblados era acabar con mis inicios. Beber con un campesino, es como se bebe mejor; bromear con un prisionero es reírse en la cara de la guerra, aceptar la vida de uno como la del otro. Tal vez, simplemente era demasiado bello como para morir.

Primera Parte

Emperador rojo, parte 1

El 28 de febrero hace más de dos milenios, el emperador Gaozu de la dinastía Han en China se habría proclamado emperador. Esto es, como, ummm, ya saben, esas cositas que maullan y lanzan rayos láser... No, no me refiero a eso, digo... es una ficción, sí. Eso es. Una ficción sobre su vida o sobre el proceso  o los hechos más resaltantes de su vida hasta que llegó a ser emperador, mezclado un poco con los mitos y mentiras que me inventé por que soy malo. ):
Sin más preámbulos les dejo la primera parte de esta larga larga ficción. Chaitos.

 "Emperador Rojo"

Sus ojos tenían algo de ofidio, lo supe a pesar de que en rango me era inferior. Sus modales, inferiores, precisos y respetuosos. No eran ambas cosas particularmente sorprendentes. Su locuacidad no era nada impresionante. Su manejo con las armas, ineficaz. La manera en que trataba a los soldados de pie, incluso a la caballería, imponía cierto respeto; oí a mis sirvientes referirse a él como un dragón, sus bigote y barba, sus ojos agudos, les causaban esa impresión. Era carismático aunque barbárico, una cualidad que era extravagante entre la gente culta e intimidatoria entre los pueblerinos.


Estatua de Emperador de Gaozu de Han
Liu Bang, era, sin duda alguna, un ser engreído, pero capaz. Según las historias que traía consigo, era un ser astuto, mentiroso y  gran estratega.
Cuando mi tío murió, se supo de inmediato que yo sería el único capaz de tomar Guanzhong. El Rey Huai II proclamó que el primero que invadiera el corazón de las tierras de Qin,  sería proclamado el Rey de Guanzhong. Vi en sus palabras un optimismo desmesurado, una victoria asegurada, supe de inmediato que habíamos ganado. Liu Bang vio también la victoria; yo estaba destinado a ser emperador y él un simple campesino con ínfulas de poder.
***
Los tiempos eran difíciles. Se hablaba de rebeliones por parte de familias reales, de que la caída de la Dinastía Qin llegaría a su fin. El sol y la humedad dificultaban el traslado de los prisioneros. Tuve sueños en los que me vi muerto, ejecutado por pena capital. Una semana y un día después de los sueños, un pequeño grupo de prisioneros se escapó. Se oyeron rumores sobre mi inminente muerte; el rumor de un dragón rojo surcando los cielos por las noches, circuló también. Patrañas.
La tercera noche después del escape de los primeros prisioneros me paré ante la fogata y vi a cada uno de ellos.
“¿Tienen familias, no es así?”
“Sí.” Fue la respuesta unísona. Sabía que muchos mentían, sabía que muchos eran simples rufianes.
“Yo también, pero más que todo y como muchos de ustedes temo a la muerte, o mejor dicho no quiero morir. Con los rumores de una rebelión creciendo, siento que podríamos ser parte de esto, probar nuestra ya marchita suerte.” Me escucharon con sus oídos vivaces, con sus ojos desconfiados y sus voces burlonas.
Yo, un mentiroso reconocido, sabía que ninguno de ellos me había creído, pero sabía también que ninguno de ellos conocía la zona y que no tenían a dónde ir. Los desaté, ellos depositaron en mí una confianza vacía y yo deposité en ellos una apuesta al aire.
La mayoría escapó justo como predije. La mañana siguiente solo una docena me acompañaba. Uno de los que se había escapado volvió al medio día, estaba herido y sus palabras eran desarticuladas, deliraba y hablaba de una gigante serpiente blanca. Murió poco después.
 Horas más tardes, cuando el día menguaba y la oscuridad extendía las sombras, volviéndolas parte de su reino, vi una serpiente blanca.
“¡Un dragón!”, gritó uno que murió por su ponzoñoso aliento al siguiente día.
Vi en su lengua bífida, un poema hacia a la muerte, hacia el caos. Comprendía sus silentes oraciones, sus gritos de guerra; comprendía sus movimientos a través del baile de su extenso cuerpo y de su lengua belicosa. Sus ojos poseían la frialdad de un glacial, un dragón, sí… estaría dispuesto a llamarlo un dragón.
La hoja de mi espada cortó su cuerpo, fue un acto reflejo; un acto de fe. Otros vieron que un dragón rojo la había matado, otros me acusaron de brujería porque pensaron que yo era tal dragón. En los alrededores, la gentuza que había escapado se unió a la gloria de la muerte de la bestia.
Soñé con la grandeza de la victoria, con escamas rojas que caían de un cielo naranja.
Nos despertó el sollozo de una mujer vieja, decrépita; me despertó el desertar de mi consciencia. En sus ropas hechas harapos y con ojos blancos, consumidos por la ceguera, caminaba jorobada la anciana.
 “¡Mi hijo!, el primogénito del Emperador Blanco ha caído… ¡asesinado bajo el acero del hijo del Emperador Rojo!” Sus palabras, entre la niebla de la mañana, entre el agua del rocío, entre un canto y un poema, parecían venir por encima de nuestras cabezas; parecía engendrar una profecía que no lograba comprender. Más que nada, eran las palabras de una vieja señora que desapareció entre la niebla, eran palabras adoptadas por sus incontables años, sinsentidos de una moribunda.
Pasaron días y semanas en los que nos escondimos en una montaña cercana, mientras mantuve correspondencia con buenos amigos. La gentuza se impacientaba, la muerte del dragón me otorgó solo cierto grado de autoridad. Días más tarde, me llegó la noticia de que el magistrado tomaría parte en la rebelión, el viento empezaba a soplar a mi favor, pero el viento es un viejo caprichoso y su decisión no fue más que un engaño, el magistrado cambió de parecer como el viento, mandando a ejecutar a mis amigos, negándome entrada al Distrito de Pei.
En las frías noches de las montañas, tuve una visión, el hambre aporreaba a mi estómago, al que justifiqué, vi al magistrado ejecutando a mis viejos amigos, la sonrisa sucia de un traidor. Al amanecer, al primer cantar del gallo, salimos hacia Pei, donde, en medio del camino, encontré a mis amigos exhaustos…

Xiang Yu
“El magistrado ha decidido de la nada apoyar a la Dinastía Qin. Ese infeliz…”
“Tenemos un plan. La gente está insatisfecha, Liu, quieren a un líder… si disparamos flechas con mensajes que apoyen nuestra causa, se nos unirán.”
“Eso o nos perseguirán y acusarán de traición hacia la Dinastía. Hagámoslo.”
***
Entre la tensión de Pei, llegó la primera flecha que cayó con nuestros mensajes, una flecha que voló como un dragón rojo, en llamas. La gente del pueblo dudaba, la noche anterior, todos habían soñado con la llegada de Liu Bang transformado en un imponente Dragón, los mensajes de las cartas certificaban los sueños, Liu Bang, ahora Duque de Pei, lideraría la rebelión. El pueblo reclamó y tomó la cabeza del magistrado y le dieron una bienvenida al Dragón que entró con su pequeño grupo al municipio. La gente luego se dio cuenta de que Liu Bang era tan solo un hombre y que era su presencia la que les imponía la presión del Dragón. Para ese entonces, ya se había ido a apoyar a Xian Liang, tío de Xiang Yu, en el estado de Chu. No fue larga su estadía, pues pronto Xian Liang moriría en manos de los enemigos, un presagio a una campaña de mayores expectativas. 

Segunda Parte

sábado, 22 de febrero de 2014

Otra historia sobre Malcolm X

Hola, estamos de regreso, esta vez con uno de los líderes en la lucha por los derechos civiles en los años 60, Malcolm X. Si bien ya hace un tiempo Liàre hizo una ficción por la muerte de Medgar Evers (clic aquí), también activista negro por los derechos civiles, esta vez está el intento de algo diferente. No solo porque se trate de otro personaje, sino porque me he tomado mayores libertades, ya verán. En fin, para quienes no conozcan mucho a Malcolm X, un resumen breve: activista afroamericano por la defensa de los derechos civiles, estuvo en prisión por involucrarse con el narcotráfico, crimen organizado, entre otros; dentro, conoció a la organización político-religiosa llamada Nación del Islam (NOI), en la que creció como líder hasta su separación en 1964, debido al racismo que se profesaba en la NOI. Visitó la Meca. Murió el 21 de febrero de 1965, por un disparo, antes de un discurso, en Nueva York.

.+.+.+.+.+.+. 1963: Extremos.+.+.+.+.+.+.

Nadie reaccionó sino hasta la tercera muerte. Sin embargo, la prensa ya había comenzado su trabajo. La mayor parte de la población norteamericana creía, gracias a una mágica coincidencia en los titulares, que un asesino serial andaba suelto. Tres muertes y una atrevida constante: gente blanca. Pero no era solo eso, esta gente blanca era abiertamente racista. Se trataba de un común oficinista, un empresario y George Wallace, gobernador de Alabama, en ese orden. Éste último confirmaba para muchos la teoría de un asesino de racistas. Días antes, había expresado, sin decirlo, el que sería su epitafio en la historia, y que lo convertiría por poco tiempo en un héroe, y por mucho más en una figura antagónica. «Habrá segregación hoy, y segregación para siempre». Se ganaba el menosprecio de los líderes del Movimiento por los derechos civiles y de muchos energúmenos, entre ellos, sus verdugos.

George G. Wallace, durante el discurso en que pronunció su
famosa frase «Habrá segregación hoy y para siempre» (1963)

Su muerte lanzó a Evers, Luther King, Parks y al polémico Malcolm X, a un estatus de violentistas y conspiradores. Después de todo, la gente negra era vista como un grupo completamente homogéneo por algunos, a pesar de los esfuerzos del Presidente y algunos activistas. Sí, los negros eran los culpables, se vengaban irracionalmente y de la forma más despreciable. El hecho desestabilizó al Movimiento, generando una mayor segregación entre la población estadounidense, una mayor hostilidad, como si las palabras de Wallace hubiesen sido más bien una maldición o estuviesen llenas de una extraordinaria clarividencia.

El Presidente Kennedy se manifestó sobre la muerte del gobernador. Tenía en el rostro el cansancio de toda una vida, como si lo agobiara la sola idea de que los diarios tuvieran razón y se encontraran en el umbral de una masacre. «Encontraremos a los culpables», dijo «el odio no sanará al mundo».

Los culpables no aparecieron, pero sí tres cuerpos muertos de hombres negros, atados, en la ciudad de Chicago. Llevaban un cartel con las letras "KKK" (Ku Klux Klan).
Comenzaba la pesadilla de Kennedy y el Movimiento por los derechos civiles. Una muerte siguió a otra, y muchas muertes a atentados terroristas en plazas y pequeños edificios. Era una guerra civil de líderes invisibles, porque los visibles se hacían vulnerables y el miedo los obligaba a protegerse demás, pese a su llamado por la paz.

El mismo miedo hizo que la gente saliera a protestar por seguridad. El gobierno y el Movimiento estuvieron ahí. Todos los líderes negros estuvieron ahí cuando Evers cayó al suelo y la histeria se apoderó de los manifestantes, convenciéndolos de que la paz no llegaría. Fue así que llegaron los militares.

Los grupos radicales se culpaban unos a otros por lo que sucedía y buscaban justificar este ciclo de odio interminable en la naturaleza inferior del negro o del blanco. Y en el mundo, las cosas tampoco iban bien. Los negros ya no sabían bien por qué luchaban, y los blancos ya no estaban seguros de qué quejarse. No faltaban las manifestaciones pacíficas de apoyo al gobierno estadounidense. Quizá fue esto lo que levantó la moral de norteamérica, además de encontrar al supuesto culpable por la muerte de Evers, un hombre blanco llamado John Travis, que confesó sin dudarlo que se trataba de una guerra por la supremacía de una raza, y que tampoco ellos conocían a sus "enemigos", pero se referían a ellos como Black Series, por la sospecha de la prensa de asesinatos en serie.

Malcolm X, 1963

Malcolm X era el que mejor comprendía a los radicales entre los líderes del Movimiento, debido a su antigua pertenencia a la NOI (Nación del Islam), que proclamaba la superioridad de la raza negra. No hacía mucho que se había retirado de este grupo. Para él, no había una solución a la vista más que la captura completa de los responsables de uno de los dos bandos. Sabía que ninguno cedería a pesar de las marchas y la presión internacional. Y sabía también que la gente que había comenzado a pelear en las calles, y que era constantemente capturada e interrogada, lo hacía por un impulso desesperado más que por convicción. Necesitaban hacer algo para calmar su miedo, pelear era la forma de enfrentarlo, más aún si se sentía una inclinación casi radical. Pero sabía principalmente que, si Evers había caído, ellos no estaban fuera de la lista.

Ese día habló con Luther King sobre la situación del país y decidieron continuar fuertes con su llamado a la paz, porque si no lo hacían ellos, no lo haría nadie. Era una decisión simplista, que no solucionaba nada. Ni siquiera la captura de John Travis había sido útil, porque desde la muerte de los tres negros en Chicago era obvio quiénes estaban detrás. Para lo único que sirvieron sus declaraciones fue para darles un nombre a los radicales del otro lado: Black Series, cosa que aprovechó la prensa al máximo. Aún así, el gobierno confiaba en que podrían usar a Travis para llegar al KKK y terminar con todo. Lo cierto es que el hombre no cedió tan fácilmente. Y cuando lo hizo fue que Luther King conversó con Malcolm X. El lugar era un edificio seguro, según el primero, y, efectivamente, nada les pasó mientras estuvieron los dos ahí dentro. «Los negros no matan negros», había bromeado Luther King, al referirse al amigo que le prestó el lugar.

Martin Luther King y Malcolm X (1964)

Cuando su conversación terminó y Malcolm estuvo algo lejos del edificio, escuchó un estruendo. El piso en que había estado con su compañero había explotado. Corrió de regreso esperándose lo peor, pero lo peor no fue lo que encontró, sino algo más doloroso. El líder estaba ahí, aún con vida, pero la explosión le había dejado unas heridas incurables. «Los negros no matan negros», le dijo antes de morir, y le señaló el cuerpo irreconocible de su amigo.

No pasó mucho tiempo para el incidente de Kennedy, el limpio disparo que lo silenció un par de semanas después de haberles entregado las calles a los militares.

Para suerte de Malcolm X, se había equivocado en cuanto a Travis. Pronto encontraron a los responsables de la masacre de negros y decidió conversar con  Johnson, el nuevo Presidente, para la pacificación del país y para combatir tanto a Black Series como a los grupos extremistas.


Con la mitad de los responsables capturados, no hubo asesinatos por varias semanas. Respecto a los que continuaban libres, Malcolm X dijo que para que los pollos regresen a dormir, debes apagarles las luces, «crecí en una granja, los pollos se vuelven locos si no duermen». Fue asesinado meses después, por un negro extremista.

.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.

Muy bien, amigos, esto fue la ficción de hoy, una historia alterna a la conocida, con una guerra civil y demás cosas. A veces se puede transgredir así la Historia, por curiosidad o por diversión. Ojalá les haya gustado. Gracias por leer. ¡Adiós!

sábado, 30 de junio de 2012

Noche de los Cuchillos Largos

¡Hola a todos! Esta vez no me encuentro indispuesto, asi que pude publicar hoy día. Me verán más seguido a medida que me acostumbre. Ahora, a lo nuestro. La ficción del día trata sobre el evento ocurrido un día como hoy, en el cual miembros de las SA fueron purgados por orden directa del hasta ese entonces Canciller de Alemania ( en alemán Reichskanzler), Adolf Hitler. Que lo disfruten.


Pico rojo del Colibrí.

En uno de los camiones porta tropas de las SS, dos de sus miembros aprovechaban el momento para conversar en voz muy baja.
- Heller, Heller – Roht golpeó levemente con el codo a su compañero, para que le hiciera caso, ya que este  miraba con seriedad las calles de Múnich.
- ¿Qué quieres?  Bien sabes que no estamos para chácharas ahora. – le respondió sin dirigirle la mirada.
- Vamos, Heller, aún quedan algunos minutos para llegar al Hotel Hanselbauer. Quiero discutir algo muy brevemente sobre “Kolibri”.
- ¿Algo no te ha quedado en claro? – Heller miró condescendiente a Roht – Deberías volver a tus orígenes, a la granja.
- Déjate de bromas, Heller. – Roht quiso reírse, pero al mirar la seriedad del resto de sus compañeros, se limitó  a arquear sus labios levemente- Bien conoces mis habilidades. Tanto tú, yo y el resto de compañeros aquí presentes, somos soldados de élite, que sirve con plena lealtad al Reichskanzler.
- No es necesario mencionarme lo obvio. Tu eficacia en el campo de batalla compensa tu falta de cerebro. Pero el cuestionar tu inteligencia no es el tema a tratar.
- “Kolibri” – Roht volvió a pronunciar esa palabra, con un significado totalmente distinto para ellos –. Ha llegado por fin la hora de acabar con esos inútiles de las Sturmabteilung.
- No hay peor cosa que ellos,  soldados holgazanes y faltos de disciplina. Borrachos pendencieros.
- Pero todos sus privilegios acabarán hoy.
- Eso, ¿Tú crees que realmente que sus subordinados no intentarán hacer algo? Röhm es muy querido por todos ellos.
- No tengo muy en claro los detalles, pero es muy probable que se le acuse de traición. Rohm tiene mucho poder, y ha tenido problemas con la Reichswehr recientemente.  Y hay algo lo cual aclarar, esta posibilidad no es descabellada.
- Aun así,  Rohm es alguien muy importante. Claro, sus últimas acciones están causando desestabilización en el partido.  Pero…
- Basta –  respondió Heller, cortante - .  Los soldados no hacen preguntas. Los soldados obedecen.

Roht no dijo nada y ambos quedaron en silencio por el resto del camino, para el cual faltaban tan sólo 5 minutos.
Anteriormente, los miembros de las SS se habían dividido en dos grupos; el primero se dirigió al hotel junto con Hitler, en el cual se reunían Rohm y algunos de la élite de las SA. El otro grupo se fue a arrestar al resto de miembros, los cuales llegarían pronto en tren para reunirse con los primeros.

Adolf Hitler fue el primero en bajar. Algunos segundos después, el resto de miembros de las SS y algunos policías más descendieron y rodearon el perímetro con rapidez.  El Reichskanzler  era el que dirigía la marcha, mientras se dirigían al punto de encuentro. Roht y Heller se encontraban justo detrás de él, portando sus armas reglamentarias.

Mientras tanto, Ernst Röhm, ignorante de su destino, bebía junto con su seguridad y un par de detectives. Su conversación no tiene relevancia en este momento, podrían haber estado conversando de cualquier cosa, hasta que la puerta se abrió repentinamente, de golpe.
- Ernst Röhm – dijo el propio Hitler, apuntando con su arma -  quedas arrestado por conspiración contra el gobierno alemán.
- ¡Que demonios estás…! – Ernst no pudo completar la frase, los miembros de las SS se había desplegado, apuntando a todos los presentes.
Los miembros de las  Schutzstaffel se apresuraron a esposar a los presentes, mientras que el propio Hitler hacía lo mismo con Rohm, el cual permanecía en silencio.

Adolf hizo señas a Roht y Heller, quienes vigilaban  la puerta, a que acompañaran al resto a arrestar a los SA faltantes. Previo saludo, ambos ascendieron un piso más  y se colocaron frente a la puerta de la tercera habitación  más cercana a las escaleras. En las otras  ya habían compañeros suyos inspeccionando y arrestando a cualquier sospechoso. Con señas, Heller indicó a Roht que lo cubriera mientras él forzaba la puerta. El segundo retrocedió mientras apuntaba con su arma la puerta. Heller intentó girar la manija, pero estaba cerrada, para lo cual decidió forzar su apertura.  De una fuerte patada logró abrirla y ambos ingresaron.

Lo que encontraron allí les causó sorpresa e indignación. Edmund Heines yacía en la cama junto con un joven, ambos totalmente desnudos.  Heller quería dispararles en ese mismo momento, pero adelantándose a su compañero, Roht bramó:
- ¡Heines! ¡Sucio bastardo homosexual!


Tanto Heines como su compañero intentaron cubrirse con las sábanas mientras se ponían de pie. Mientras tanto,  un tercer soldado que escuchó aquello, corrió vertiginosamente para avisarle a Hitler y compañía. El Reichskanzler subió acompañado de Erich Kempka,  su chofer. Ambos ingresaron a la habitación y miraron con desagrado la escena. Adolf se limitó a ordenar:

- ¡Mátenlos!

El joven acompañante cerró los ojos. Heines  se limitó a mirar desafiante a sus ejecutores. Heller y Roht dirigieron los primeros disparos hacia la cabeza. Mientras la sangre brotaba de sus cráneos,  dispararon algunas balas más en el torso, hasta que los cuerpos cayeron en sus propios charcos de sangre. Las sábanas con las cuales se intentaron cubrir, se tiñeron de rojo. Pequeñas gotas carmesí podían visualizarse por la mitad de la habitación. Hitler, satisfecho por el acto, se retiró del lugar junto a su chofer.

Heller escupió en el cadáver de Heines, mientras Roht sonreía. Este último dijo finalmente:
- Se acabaron los libertinajes. Ahora todo será diferente. Todo.


jueves, 8 de diciembre de 2011

Una mente perturbada

Ficción conmemorativa en relación al asesinato de John Lennon, fallecido el 8 de diciembre de 1980. Un viaje a la mente de Mark David Chapman,sus aficiones, sus motivaciones, en los minutos previos al asesinato.

Una mente perturbada

Magnicidio, bonita forma de llamarlo. El solo nombre ya hace que se lo distinga de las demás muertes. ¿Por qué es llamado así?, suena a grandeza, nos separa, nos divide. Todos somos iguales ante la muerte; pero él no. Él es diferente, él es grande, yo solo un insecto, una pequeña mancha.
De alguna forma hay una contradicción en mí, lo admiro y a la vez le odio, una voz me dice que lo haga, la oigo todo el tiempo: Mátalo, mátalo, mátalo. No quiero hacerlo, hace unas cuantas horas salió del edificio y me dio un autógrafo, fue amable. ¿Es todo lo que quieres?, me preguntó cortésmente luego de firmar. Asentí.
Le comenté mi logro a todas las otras personas circundantes al edifico Dakota, bonito lugar, según me dijeron fue utilizado en la filmación de Rosemary´s baby de Roman Polanski. Compartí con ellos mi felicidad, lean, lean, ha puesto la fecha, 1980, ¿quién hace eso? Felicitaciones, bien muchacho, lo conseguiste, me dijeron luego de ver firmado el disco que recién había comprado para la ocasión: el Double Fantasy. Enmarcar el disco y largarme, eso es lo que debo hacer. Lo he conseguido, he estado tres días aquí y lo he conseguido, ¿por qué no me puedo largar? Es fácil. Solo necesito tomar un taxi, ir al hotel, dormir, despertar, tomar el avión, y estaré en casa donde me espera mi esposa Gloria. ¡Vete!, ¡vete!
Hasta tengo una foto, un tal Paul Goresh me tomó la fotografía, le dije que le daría cincuenta dólares por ella, le insistí, le rogué que se quedara conmigo a esperar que regresara; pero no me hizo caso. "Regresará, estoy seguro que regresará!, le grité antes que se fuera sin voltear. Yo tenía miedo de lo que iba a hacer, ¡traté de impedirlo! Quería conversar, evitar las jodidas voces. Paul vendrá mañana, eso dijo, me lo prometió, lo hará. Es por eso que no puedo irme. ¡Sí!, por eso. Pero eso no importa.
Ahora la única cosa que me incomoda es saber el motivo por el cual me preguntó si quería algo más luego de que me firmara el disco . Acaso sabía lo que en verdad quería, algo se lo decía, le advertía. Tenía el revólver, 38 Special de Charter Arms, en el bolsillo. Pude haberlo sacado y gritar: ¡Sí maldito quiero algo más! Cinco disparos y todo habría acabado. Todo el mundo sabrá mi nombre.
Soy Holden Claulfield, su encarnación, esa es la verdad, yo sé que el libro de Salinger, Catcher in the Rye, habla de mí. Debo librar al mundo de él y sus falsas canciones, es mi regalo para el mundo. La hipocresía, no odio nada más con tanta intensidad que la hipocresía, juro por Dios que lo hago. Ojala no regrese, se ha ido, me han dicho que no volverá, que se ha ido al estudio a grabar, que se quedará allí. ¡Volverá!, ¡volverá!, ¡lo sé! Y cuando vuelva, lo haré, si me das la oportunidad… ¡lo haré!, sí.
Las diez y cuarenta, camino con la idea de irme y regreso sobre mis pasos, me voy y regreso, me retiene, algo me retiene. No he venido por el autógrafo, lo sé. Ha sido amable, me largaré. No, no he venido por el autógrafo. No soy nada, no soy nadie. La calle está vacía, solo yo con mi alma. Una limosina se estaciona luego de diez minutos, la puedo ver desde el arco del Dakota, ¡es él!, ¡ahora, es ahora!, ¡no!, ¡no! Espera… aún no. Acaba de pasar por tu lado, entrará al hotel y todo concluirá, no tendrás otra oportunidad, todo habrá sido en vano, habré perdido mi tiempo. Ya has descartado el matar a la famosa actriz de los ojos violetas y al presidente. ¡Es ahora!
Disparo sin piedad, cinco disparos mientras me da la espalda, es mi momento, escucho los gritos desesperados de su acompañante, el cuerpo de mi víctima se desploma en la entrada del edificio. Para Holden Caulfield. De Holden Caulfield. Ésta es mi declaración.
Espero a que venga la policía, el portero me ha quitado el arma, la pateó, no he opuesto resistencia. ¿Sabes lo que has hecho?, me grita con los ojos trémulos. Por fin puedo decir lo que tanto he anhelado: Sí, he disparado a John Lennon.