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lunes, 9 de febrero de 2015

El Amor de Pizarnik y Cortázar

Hola, hola, hoy abrimos la semana de San Valentín con una historia de amor de Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar. Agárrense Cortázar-lovers...



Estás bailando dormida, Alejandra

Se quedó dormida fumando y se le prendió la camisa. “Laca misa, la ca misa, la ca misa”, repetiría luego sonriendo con las pupilas ligeramente dilatadas por efecto de alguna de las sustancias que guardaba en pequeñas cajas de madera y cuero, cajas húmedas como todo lo que habitaba su cuartucho parisino cuando llovía.

Alguna vez escribió algo sobre una camisa en llamas. Alguna vez deseó quemar toda su poesía y… se preguntó por qué había tardado tanto en notar que se le incendiaba el pecho, combinar fármacos con tabaco de madrugada podría generar situaciones en las que nada importaba. O era porque nada importaba que podía combinar fármacos con tabaco de madrugada.

Tres borradores de poemas después y algunas páginas de diario humedecidas por tinta, saliva de la punta de los dedos y lágrimas se quedó dormida con cenizas alrededor del diminuto sillón en el que se recostaba a fumar y escribir.

Su Julio no estaba en la silla del café que tenía frente a ella riendo y compartiendo un cruasán. No quería sentirse triste, no quería llorar, no quería no sentir nada. No quería gastar el dinero de su almuerzo en una carta para sus padres ni desperdiciar la mayor parte  de sus días en un trabajo que odiaba. Su Julio no estaba.

No quiso llorar, era tan inútil hacerlo. Por qué llorar cuándo no se puede desear desnudarse en medio del café, frente a Julio, que sería suyo solo cuando no estaba para escucharla y pedirle con la mirada que no, que no se desnudara. No quiso volver sola al cuartucho húmedo y duplicar la dosis de azar en la elección de frasquitos de vidrio, apretados en cajas, a los que sacudió el polvo de sus corchos antes de empezar a bailar suavecito deseando ser aire ligero disipándose cuando la silueta de alguien lo atravesara.

No quiso creer que Julio tocaba su puerta preguntando por qué no había ido ayer al café y… Ah, otra vez había dormido más de treinta horas seguidas luego de una noche de tabaco, drogas y poesía. No quiso escuchar que la regañaba llamándole “bichito” ni tener que evitar su mirada, pero disfrutó mucho cuando le preparó un baño caliente, la ayudó a desnudarse y la dejó sonriente y todavía atontada por unos sencillos besos en las manos, en los hombros, en la espalda.

lunes, 4 de febrero de 2013

París en el Siglo XX, por Julio Verne

Si existe un autor que me lleva gustando mucho tiempo, ése es Julio Verne. Siempre me ha fascinado la forma en que describe sus aventuras, además de su proyección hacia el futuro. Debido a esto último algunos lo consideran un profeta. También se ha ganado el título de “Padre de la ciencia ficción”. Los futuros que dibuja Verne están llenos de una luz de esperanza. Existe en la tecnología una forma en la que el hombre se desarrolla a sí mismo y es capaz de lograr grandes hazañas.


Sin embargo, no toda su obra es así. París en el Siglo XX es una de las excepciones. Es considerada la “novela perdida” de Julio Verne debido a que fuera publicada casi 100 años después de su muerte. Pero, como decía, es una excepción a esa visión de la tecnología como motor del desarrollo humano. París en el Siglo XX es más bien una obra pesimista, trágica desde el primer momento.

El protagonista de la historia es Michel Dufrenoy, un joven poeta que vive en el tiempo equivocado. Es 1960 y la literatura y demás artes se han vuelto sumisas y dependientes de la tecnología. Así, el arte verdadero se ha perdido en el tiempo y son muy pocos los que recuerdan las grandes obras y tienen la capacidad para apreciarlas. Los demás, que son prácticamente todos, viven una vida en la que la tecnología se ha convertido en una deidad a la cual adorar.


En este contexto es que el joven Dufrenoy intentará buscar una razón de ser, la manera más digna, como artista que es para sobrevivir.

A pesar de ser una novela pesimista, París en el Siglo XX es una historia que nos hace preguntarnos hacia dónde estamos yendo a parar, o si quizá estamos viviendo ese futuro imaginado por Verne sin siquiera darnos cuenta.

Pd.: Existe en esta novela una referencia a una gran red telegráfica. Muchos lo consideran una predicción de lo que sería un siglo después Internet.