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viernes, 3 de octubre de 2014

4 años y el Apocalipsis

Resulta muy motivador darnos cuenta de que hoy cumplimos 04 años de existencia. Errror de Imprenta, como lo hemos mencionado en otras ocasiones, nació como un proyecto que no aspiraba a más que ser un espacio en el que unos cuantos amigos pudiéramos escribir y ser leídos.

Este aprendizaje de 4 años ha requerido cambios constantes, mucho esfuerzo y también una alta capacidad para persistir en situaciones difíciles, como lo fueron en algún momento nuestras discusiones, la atractiva inactividad (porque, efectivamente, "atrae"), o la lamentable pérdida de Anónimo Conocido,  uno de nuestros miembros, al cual aún recordamos con la misma estima de siempre.



Todo eso nos ha traído hasta aquí, y si seguimos con esto es porque en verdad creemos que vale la pena. Tanto es así que acabamos de integrar 3 nuevos miembros al proyecto, a los que conocerán pronto (Hao, Nóinín y Zen les dirán "Hola" pronto).

Aparte de esto, con motivo del aniversario, establecemos como una tradición (siguiendo lo hecho el año pasado), la creación de un vídeo promocional. Esta vez, tomamos a los 04 jinetes del Apocalipsis (y un pequeño capricho), haciendo alusión a nuestros años de actividad como proyecto.

Agradecemos muchísimo a quienes nos leen. Muchos saludos (para que les alcancen), y ¡Feliz 4to Aniversario! :)


viernes, 23 de septiembre de 2011

Ariana: Capítulo 24

Que el mundo está de cabeza, eso lo sabemos todos, si no, no existiría este blog, ni mucho menos yo. Aquí he comprobado muchas veces que estoy casi demente, que la cordura no es un estado común, o que tal vez es tan común que no lo parece, porque no es como si el mundo estuviera cuerdo. Juego de conceptos un poco extraño, pero útil si quieres llamar loco a alguien o decirle que no lo es aunque lo sea... en fin, rarezas. El hecho es que este estar de cabeza construye historias como Ariana, que lleva ya mucho tiempo por este blog, cosa que celebro y me agrada mucho. Este es ya el capítulo número 24, un gran logro, creo yo, pero las cosas se van haciendo cada vez más claras para mí: Ariana está por terminar. Sí, no es broma, ya casi se termina, pero está bien, podré superarlo, y sé que ustedes también. Así pues, he aquí el capítulo...

.+.+.+.+.+.+. Ariana. Capítulo vigésimo cuarto+.+.+.+.+.+.


La fiesta transcurrió felizmente durante toda la noche. Nada les cambiaría esa felicidad, ni siquiera el no encontrar el muñeco de novio que se suponía que llevaba el pastel de bodas. Se veía solo a la novia, como si el casamiento fuera consigo misma o como si la celebración hubiera sido individual, caso en el que, seguramente, el novio también tendría un pastel propio con un muñeco en la parte superior; pero no era así, había uno solo y hasta hace poco habían constatado la presencia del novio —del muñeco novio, es decir—. Algo extraño, pues nadie nunca se dio cuenta de que alguien lo retirara —hay que aceptarlo, aquel pastel era muy bonito y llamaba mucho la atención—. Pero tenía que estar por ahí. Incluso si cobró vida no habría podido escapar: la puerta principal estaba cerrada y los muros del patio eran demasiado altos para un ser de su tamaño. Ya lo encontrarían luego. Total, un muñeco no era la parte principal de la celebración, y ninguno de ellos —o al menos no los novios— tenía creencias supersticiosas.
Ariana y su madre se fueron temprano. A ésta le preocupaba estar tan indispuesta que no pudiera vigilar a su hija (“el trabajo no cuenta”). Su orgullo le decía que ella era la madre —se lo confirmaba, es decir— y que los papeles no podían invertirse, que una niña no podría hacerse cargo de su madre, salvo en alguna novela realista, que poco de realista tendría, pues “esas cosas no deberían pasar” —aquí hay que señalar lo que entendía por realista la madre de Ariana: una expresión de la realidad ideal, de lo real auténtico y no de lo real desagradable, que eso era más una especie de blasfemia a la propia humanidad—. Así es que era su deber cumplir su rol de madre y llevar a su hija a casa para asegurarse de su bienestar, que aunque estuviera ésta muy cómoda en la habitación de invitados, no podría compararse tal situación a la del propio hogar. Además, sabía que el alcohol la terminaría por derrumbar, incluso cuando tomaba de a pocos y le daba un tiempo prolongado de vida a cada copa. Aprovechó su lúcida conciencia y fue en busca de Ariana. Era hora de irse.
Llegaron a casa a salvo, mamá era muy buena conduciendo, cosa que desmentiría por completo el popular dicho de que una mujer al volante es un peligro, y las cosas terminarían peor para los creyentes en dicho folklore si supieran que acababa de salir de una fiesta de bodas. Claro, era probable, pese a su lucidez, que el alcohol en su sangre estuviera por los límites de lo permitido, pero no lo estaba, aunque resulte increíble, no lo estaba. En medio del viaje, que es más bien corto, se acercó un policía a pedirle identificación y hacerle la famosa prueba antidoping, y bien, negativo, ése fue el resultado. Es como si hubiera desarrollado la capacidad de controlar el nivel de alcohol en su sangre, pues nunca había obtenido una multa por eso, una habilidad digna de ser estudiada por los parapsicólogos, o tal vez no… El hecho es que llegaron a salvo. Ariana fue llevada a su habitación y acomodada en su cama, luego su madre haría lo mismo, estaba bastante cansada —sí, conversar y reír con amigos también cansa.
A la mañana siguiente ocurriría algo impresionante. Muy temprano, la niña levantó a su madre con un grito. “¡Dónde está!, ¡dónde está!”, vociferaba algo afligida. Ésta acudió a ver qué sucedía al tiempo que le reprochaba el haber interrumpido su sueño. La niña calló al verla y la miró con una expresión que parecía ser producto de la acumulación de la desesperación, ¡y vaya qué desesperación!, y qué veloz habrá sido su flujo, porque inmediatamente su rostro se tornó rojo y comenzó a llorar. Su madre no supo qué hacer, estaba algo resignada a intentar comprenderla, recordó las palabras de la novia la noche anterior (“¿por qué no lo intentas?, tal vez entenderías mejor a tu hija”) y éstas la confundieron. “¿Será o no tarea de una madre hacer eso?”, se preguntaba, porque quería criarla lo mejor posible, aunque hacerse ese tipo de preguntas no sea tan importante como el bienestar de la niña, y no es que no lo supiera, pero su ideal de madre nunca estaba claro, ni tenía por qué estarlo, solo que le importaba tanto ser una buena madre que terminaba por dejarlo en segundo plano. A pesar de esta suerte de obsesión, la abrazó casi instintivamente.
La abrazó pero no solo eso, sino que lloró con ella, como compartiendo su dolor, aunque aún no tenía idea de a qué se debía, mas no importaba, no en ese momento. Aquél era su momento, un momento en que madre e hija compartían sus emociones al unísono, sin necesidad de una sola palabra.
Entonces sucedió aquello que la madre había estado evitando todo este tiempo. Los papeles se invirtieron de pronto, como si algún travieso joven hechicero les hubiera querido jugar una broma. Ariana se despegó un poco de su madre y la quedó mirando. No podía evitarse las lágrimas, pero intentó aguantar el llanto para poder hablarle.
— No llores, mamá, ya volverá papá —el sollozo se hizo aún más intenso, tanto que Ariana tampoco pudo soportarlo—mamá… ma…má… papá… Ariana no está…
Estas últimas palabras confundieron aún más a su madre, pero no le preocupó por ahora. Lo importante era calmarse.

.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.
Eso ha sido todo. Espero que les haya agradado. Ya verán lo que les espera en los próximos capítulos. Gracias por leer. ¡Au revoir!

viernes, 29 de abril de 2011

Ariana: Capítulo 14

Hasta hace un momento me preguntaba por qué me sentía tan cansado pero no tenía ganas de irme a dormir. Por suerte recordé a tiempo que había cambiado el día de publicación de Ariana a los viernes. Eso es lo que me ha traído hasta aquí a esta hora —además de otras situaciones extrabloggeras—. Pero el hecho principal es que aún es viernes y les presentaré el capítulo siguiente de Ariana. El décimo cuarto. Así pues, los dejo a solas con él.

Por cierto, Ariana les manda saludos [ ;D ]

.+.+.+.+.+.+. Ariana. Capítulo décimo cuarto.+.+.+.+.+.+.


— ¿Escuchas? —dijo con la voz entrecortada—, ¿escuchaste lo que dijo?
— Siempre… —contestó Ariana.
— Ja… —se acercó a ella y tomó sus manos—. Entonces, no estoy loco… —murmuró, y soltó una leve carcajada—, no estoy loco…
Ariana se sintió algo intimidada. No tenía idea de qué decir en ese momento. Después de todo, nunca había visto ese tipo de emoción en una persona. Estaba paralizada, no podía pensar claramente. Lo único que dijo fue “No estás loco”.
El hombre de negocios permaneció en silencio por unos minutos. Parecía consolarse a sí mismo. Reconstruía su quebrantado orgullo, sacaba ánimos de esas tres palabras tan estremecedoras y tan simples que eran “no estás loco”. Alguien más se lo había dicho. Ahora no cabía duda. No era más él quien se lo decía, no había ya que sospechar que no fuera consciente de su propia cordura. Alguien más estaba ahí reforzándola. Pero… ¿era real? Fijó su mirada en los ojos de Ariana.
— ¿Cómo sé que no eres parte de mi locura? —dijo algo más decidido.
— Yo… —Ariana temió. No tenía forma de demostrarlo— no lo sé, pero puedo irme si gustas. No quiero molestar —el hombre no dijo nada. Ella se dispuso a irse. Él no la detuvo.
La siguió con la mirada hasta detrás de un asiento. Luego fue hacia allá, con intención de comprobar su presencia. Y ahí estaba. Esa jovencita, que cogió el saco de su padre para cubrirlo, preocupada por su sueño.
— Esto es suficiente —musitó el hombre de smoking—, te creo que existes.
Ariana lo tomó del brazo y lo llevó fuera del vagón.
— ¿Qué haremos? —preguntó el hombre, interesado.
— Hablaremos con él.
— Pero ahora está inactivo, los silbidos han cesado. Podríamos despertar a todos.
— ¿Duermen los trenes? —dijo extrañada.
— No tengo idea… mejor vamos.
Y se dirigieron a la locomotora, esperando tener suerte. No obstante, se detuvieron un vagón antes de llegar. El conductor y su ayudante seguían revisándolo todo en busca de una avería incierta.
—Si siguen ahí no vamos a poder hacer nada —murmuró el hombre de negocios.
De pronto escucharon algo. “Déjalo por ahora, chico”, decía el conductor, “yo me haré cargo. Ve a dormir, que serás útil después”. El ayudante entonces se dirigió al primer vagón. Pasó a unos pocos metros de los dos observadores, pero no los vio aunque llevaba con él una lámpara de queroseno. Solo faltaba que el conductor se fuera. Ariana no quería ser reprendida, y el hombre de smoking menos quería toparse con el conductor debido a la última conversación que tuvieron. Pero el anciano parecía no querer irse, así que ambos decidieron regresar.
“Menudos problemas me causas…” escucharon entonces, “y éste es el peor lío en el que me he metido. Te volvería chatarra si no fuera porque no tengo derechos por sobre ti…”. Su regreso fue cancelado de inmediato y procuraron acercarse más a la locomotora.
—… Y lo peor es que no dices ni una palabra que sirva —concluyó bastante frustrado—. Supongo que no hay remedio.
El hombre de negocios, tanto como Ariana, pudo advertir que eso no era un reclamo común de hombre a máquina, sino que se trataba de un reclamo verdadero… Descubrirlo lo llenó de ira. Aquél viejo lo había hecho sentir tan miserable varias horas atrás y ahora resultaba siendo un hipócrita… Era imperdonable.
— ¿No me negó usted esto? ¿No dijo que esta locomotora era completamente inanimada? —dijo el hombre de smoking saliendo de las sombras.
— ¡Señor! —exclamó el viejo asustado—. No, señor, usted está alucinando. Nada pasa aquí. El tren partirá mañana, se lo aseguro. No hay nada de extraordinario.
— Usted también lo escucha, ¿verdad? —interrumpió Ariana.
El viejo se vio sin escapatoria. Había sido descubierto por dos personas, y el miedo lo llevaba a pensar que así como ambos habían salido de las sombras, todos los pasajeros del tren saldrían a reclamárselo. Para su suerte, eso no sucedió. Pero se vio obligado a admitirlo.
— Lo siento… —dijo—, no podía permitirme ser visto como un loco o la gente se asustaría —suspiró—. Y esta máquina ya no me hace caso.


.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.
Hasta aquí por esta semana. Espero que continúen leyendo la historia. Gracias por su lectura. Au revoir!

jueves, 10 de febrero de 2011

Ariana: Capítulo 4

Hello! Hello! Lamento coincidir con la antojada publicación de Anónimo conocido, pero no podía evitarlo: era ahora o nunca. Si no lo hacía, el mundo sería destruido y.... Bueno,  hablaremos de eso en otra ocasión. Lo que ahora me compete es saludarlos: Hello! Hello! Bien, creo que repetí el mismo saludo ridículo del inicio... Lo siento...
Por cierto, ¿qué les pareció el capítulo tercero de Ariana? ¿Empiezan a creer que estoy loco, que me drogo o algo por el estilo? Si es así, mi respuesta es "...". Sí, puntos suspensivos, para que vean el grado de mi indignación... [u.u]. Pero como quiero reforzar esa idea loca en ustedes, publico aquí el Capítulo cuarto, para que sean testigos de mi estado delirante...

.+.+.+.+.+.+. Ariana. Capítulo cuarto.+.+.+.+.+.+.+.


El rostro la miró fijamente, Ariana lo miró fijamente. Ambos se miraron fijamente. Entonces, aquél pareció intentar acomodarse. Pronto fue obvia su intención, ya que su cuello se hizo visible, y luego su esternón, y sus brazos… Finalmente utilizó estos últimos para impulsar su salida. Obtuvo sus piernas y logró despegarse de la escultura.
Ariana parecía sorprendida —solo lo parecía, pues ya había pasado el tiempo de la sorpresa. Ahora estaba más bien anonadada, es decir, en un estado de sorpresa extendido—. El hombre-escultura se desplazó por entre los pequeños obstáculos de piedra caliza que tenía en la parte inferior —parecía un peñasco, aquello—, llegó al agua… y cuando hizo contacto con ésta, su apariencia rocosa desapareció: parecía un hombre de verdad. Era un hombre de verdad, un humano y no una escultura, según la percepción de Ariana. El hombre se le acercó.
Ella sabía quién era, como ya se dijo antes, pero se preguntaba qué hacía esa persona allí: no era un patriota, o un mártir, o un héroe, o un ilustre. No era un hombre celebérrimo con todas las letras de esa palabra; sin embargo, había salido de esa escultura. Cualquiera que reconociera a aquel hombre y lo viera en esa pileta se creería loco, especialmente porque no se le otorgan méritos de héroe a un hombre por ser el dueño de una casa de juguetes.
Aquél ya estaba muy cerca de ella. Ella no se movía, solo lo observaba, como si fuera un espectáculo, como si ese hombre fuera la estrella principal del acto. Se agachó y le compartió una sonrisa.
—”Juguetes Fantasía, hacen divertida tu vida… —empezó a cantar—. Juguetes Fantasía, mucho color y alegría… Juguetes Fantasía, hacen tu mundo especial… Juguetes Fantasía… ¿qué esperas para jugar?”
Ariana sonrió. Había tenido razón, aquél hombre era quien ella creyó desde un principio: no era un héroe de la nación ni un mártir ni un ilustre, pero era el que había alimentado sus ilusiones de niña. La canción de ese hombre y la magia de sus juguetes, de los cuales solo pudo obtener un par a pesar de sus grandes deseos y de haber sido una buena niña, siempre la habían animado cuando se sentía triste en algún momento. Buscaba entre todos una hermosa muñeca de trapo —de un gran valor artesanal—, que era su favorita, además de la primera de sus dos juguetes de la fábrica Fantasía, y recordaba esa canción, porque no sería una buena niña si ignoraba a su linda muñeca, y menos aún si olvidaba que el solo tenerla era algo especial, y no tanto porque fuera parte de la colección de Fantasía, sino porque era un regalo de su madre. Eso la hacía sentir bien, y mucho.
El hombre era un anciano y, según sabía Ariana, se había dedicado toda su vida a la producción artesanal de juguetes, aunque con el tiempo también acopló lo industrial a su trabajo —esto precisamente porque el comercio empezó a decaer—, pero siempre le dio más importancia a lo primero. Tenía la coronilla calva y un gran bigote blanco. Vestía un pantalón negro, una camisa blanca color beige y un pequeño chaleco de cuero. Y, por supuesto, llevaba anteojos… aunque acababa de ponérselos. Sí, al parecer su acercamiento se había debido a su falta de vista —tal vez era algo terco con eso y se quitaba los anteojos por momentos, aparentando ser un héroe—, pero luego necesitó utilizarlos —era inevitable—. Los sacó del bolsillo de su camisa y se los colocó.
—Ah… tú eres la niña de la muñeca de trapo —dijo sorprendido y algo emocionado. Tal vez porque ahora veía mejor, tal vez porque ella era una antigua cliente— ¿Cómo está ella? ¿Aún la tienes? —Ariana solo asintió con la cabeza— Mmmm… —pareció pensativo. Se cogió la barbilla con una mano como si tramara algo— Ya veo —dijo de repente— ¿Por qué no me acompañas a dar un paseo? —sonrió.
Ariana estaba menos sorprendida ahora. Más bien parecía intrigada… Sí, intrigada, y tanto que el anciano pudo notarlo rápidamente.
— ¿Prefieres permanecer aquí? —no dejó de ser afable—, entonces veremos todo desde aquí, ¿qué dices? Es buena idea, ¿no? —echó una leve carcajada— Al parecer no estoy tan viejo.
Se sentó a su lado y luego de unos segundos de silencio íntegro le hizo una pregunta que en ese momento a ella le pareció algo extraña.
— ¿Lista? —dijo. Pero ¿qué es más extraño que ver salir al dueño de una juguetería de una escultura a los patriotas? Ella pensó que ya nada la sorprendería, pero se equivocó. De pronto empezó a soplar un viento fuerte, tan fuerte que se fue llevando el mundo que tenía alrededor y trajo uno nuevo, algo que para ella también era conocido.
>> Ya con su padre, empezó a olvidar el huevo de dodo. Pero esto fue evitado por aquella ave. Sí, aunque parezca descabellado, un dodo pequeño se le apareció en una vitrina cercana.

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Fiuuuuuuuuuu! Qué extraño este tipo... ya me asustó lo que escribe... [ xD] Los espero en el 5to. Adiós!