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viernes, 23 de mayo de 2014

Bonnie y Clyde, pareja de ladrones

Publicado por Zai Nightfall 


Zai, un ángel oscuro(Escritora)
En el silencio de la noche y bajo la ausencia de la luz lunar, por el bobo de Zack y secuaz, he sido invocada. ¿Motivo? No estoy segura, porque tener alas negras naciendo de tu espalda no te da el conocimiento absoluto, aunque sí la experiencia necesaria, en especial al recoger almas.
Hoy, hace un tiempo atrás vi algo inusual. Algo tan propio como impropio de la calidad humana.
¿Es el egoísmo un motor más fuerte que la misantropía?
Admitan que todos aquellos que han grabado su nombre en la historia se han ido con una sola idea en la mente (Lo sé, me lo han confesado cuando he ido a recoger lo que creen suyo, pero que no es más que un mero préstamo de los caprichosas esferas del cielo) Esa idea es su pasión, por la que queman su vida. Así lo hizo Einstein quien no quiso ser relojero y en cambio…
Asimismo, esta joven y aventurera pareja que me regalaron una sonrisa como ninguna cuando fui a verles…


Redención.
Bonnie y Clyde

¿Estás ahí?- preguntó ella.
Sí.- respondió él con su vernacular acento imposible de despegar de sus palabras.
¿Tienes miedo?
No.-pausó un momento.- estoy decepcionado.
Yo.- le interrumpió.- nunca te dije la verdad.
Él dudó un momento. -No. Es decir...a ver, señorita Bonnie, no empiece a buscar en su cabecita palabras muy complicadas.
Ella sonrió doliéndole la sonrisa un poco; una muestra de ironía de parte de Dios.
Me acuerdo de ese día.- continuó ella.- ¿te acuerdas tú?
Las imágenes danzaban en sus frentes: el día del desafío con su "Si eres un criminal ¿por qué no robas esa tienda? O el día que la primera muerte tiñó de sangre su reputación...
No elegimos donde nacemos. Eso no es para nada nuestra culpa. ¿Y en qué medida es culpa nuestra que las cosas se queden así?
Para ellos, el cambio no era un privilegio; era su necesidad más pura y honesta. Llegaron a un mundo lleno de reglas impuestas por gente que no pensaron más que en sí mismos. Era hora de imponer, de la misma manera violenta e intempestiva, las reglas de la nueva era. Las reglas de los que tenían espíritu inquebrantablemente indómito.
Ese bastardo, si me disculpa la expresión, mi señorita, va a pudrirse en el infierno, se lo aseguro.- Enfatizó.
¿Y nosotros qué?-Las firmes palabras de Bonnie hicieron eco en la fría sala donde sus cuerpos descansaban bajo la oscuridad de la ignorante medicina forense de la época.- ¿Existirá algo tan dulce como la piedad?
A veces las acciones no son respaldadas por la ética o la moral. ¿Importaba eso?
Importaba que sus acciones no quebraran sus espíritus. Después de todo, aquella moralidad era la fachada que extinguía las voces y esclavizaba las almas.
Bonnie soltó una carcajada. Clyde no comprendió. Aunque el hecho de no comprender se sentía bien al lado de Bonnie. Ella era su guía.
Bonnie Parker
La gente nos amaba más a nosotros que a sus tontas reglas.
¿Me lo dice a mí, señorita? Se robaron parte mi meñique. Una suerte haber estado muerto cuando pasó.
Todo miedo que Bonnie sintiera desapareció. No lo entendía, pero se sentía bien al lado de Clyde. Él era su protector.
Estoy lista.- por fin dijo ella. Entregándose a la lluvia de plumas negras que caían desde el cielo. Los ángeles oscuros habían venido a buscarlos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El final de este mundo (Sobre Dr. Seuss)


 ¡Hoy les traemos algo muy especial! Y tal vez venga de una nave espacial. Aunque bien podría formar parte de marte, o venir de un agujero de gusano-asesino-come cerebros. Bien, no importa de dónde venga ni por qué. Es una ficción sobre un escritor infantil, Dr. Seuss, conocido por ser el creador de "Como el Grinch se robó la Navidad" y otras obras. Cabe destacar que esto es solo una ficción en memoria a su muerte.


El final de este mundo

 

Un calor dulce lo despertó.
— ¿Dónde estoy...? — dijo su pequeña voz, estaba un poco ronco, pero debía ser por haber dormido a la intemperie. Un largo valle se extendía por todo lo que su vista alcanzaba. Había pequeños lagos a lo largo del valle. Corrió sintiendo la fresca brisa, sintiendo sus piernas ligeras, su cuerpo era como si no existiera, como si flotara en este mundo colorido y esponjoso. Tropezó con una raíz que se partió en su pie, era una raíz blanquiroja, al igual que el árbol....
— ¡Es dulce! Woah... — Se soprendió arrancando pedazos del árbol blanquirojo. Parecía bastante sólido e imponente, ¡pero pensar que eran dulces! ¡Qué extraño era todo!
Sintió aquel calor dulce de nuevo pasar y pudo discernir el sabor, era miel. Y aquella pequeña ráfaga era una luciérnaga del tamaño de un pájaro. A la vez que volaba soltaba una estela color mostaza con sabor a miel. Vio como revoloteaba con tanta libertad y luego se juntaba con otras luciérnagas en un vuelo sincronizado que despedía un festival de colores. Estaba anonadado, no solo había luciérnagas de miel, también las había de vainilla y de fresa, y de cosas que ni siquiera sabía distinguir. Verlas todas juntas de esa forma era algo espectacular, con aquella luna que parecía sonreír tan llena de placidez.
Al llegar a uno de los pequeños lagos, descubrió en ellos unos peces rarísimos, capaces de salir del agua y volar. Se dio cuenta de que cada pequeño lago era de un color diferente, así, había uno de color marrón, ¡sabor a chocolate! Otro de miel y otro de mantecado. No se lo podía creer. ¿Cómo había llegado a este mundo tan irreal?
Vio entonces a un gato con sombrero caminar entre varios lagos, escogía cuidadosamente los peces y los asía, para luego darles un mordisco. El chico intentó hacerlo, pero se encontró muy poco hábil para ello. No demasiado convencido con la facilidad del gato, fue hacia él, pues quería probarlos también.
— ¡Oye!
— ¡Eh! ¡¿Qué haces aquí?!
— Ehm... ehm...

— ¡Ajá! ¡Eres un ladrón!
— ¡No! Solo... aparecí aquí...
— No, no, no, no... ¡Eres un ladrón y el Gato bien que lo sabe!
— ¡Que no!
— ¡Que sí! ¡El gato no te dará sus peces!
— ¡Pero quiero probarlos!
— Haberlo dicho antes, ten uno— dijo, pasando de su estado de exaltación con una facilidad incomprensible, y sonriéndole como si lo conociera de siempre.
— Gracias...— dijo el chico, y le dio una mordida al pez que le había dado—. Woah, sabe muy bien...
— ¡Eh! ¡Ladrón, me engañaste!— Le recriminó el gato.
— ¡No! Si tú me lo diste...
— ¿Verdad que saben bien?
— Ah, sí, de veras... ¡Oye!, ¿no me estabas culpando hace un segundo?
— ¿Yo? ¡Claro que no! Este gato es muy serio.
— Bueno..., pero sí lo hacías... — murmuró por bajo.
— ¿Quieres venir al pueblo de los Quién?
— ¿De quién es ese pueblo?
— ¡Hay muchos más árboles, y bayas y ovejas, y más y más dulces!— Le dijo mientras señalaba por una de las colinas—. Bueno... es obvio que el pueblo de los Quién es de los Quién, ¿de quién más podría ser?
— Claro...— El chico no entendía nada y poco podía hacer más que seguirlo, era de noche y no tenía a donde dormir, el gato se veía bueno. Era algo raro y muy excéntrico pero simpático.
Caminaron largo rato por camino sinuosos, agarrando y probando dulces. Había caramelos y chocolates en los árboles, había chicles en las flores y por cualquier lugar que veía todo era vivaz y colorido.
— ¿Cuándo llegaremos?— dijo el chico mientras se comía un chocolate.
— Pronto, pronto, ¡al pasar esta colina!
En un rato de caminata empezó a nevar, era una nieve bastante rica y refrescante, parecía ser que todo en aquel lugar era comestible. Colina abajo, tras un corto camino, se veía un pueblo que decía en grande en su entrada:
“Villa Quién”
En aquel lugar se cantaban villancicos aunque no fuera exactamente navidad, todos compartían y eran felices, en el medio de toda la fiesta había un sujeto verde y peludo con traje de Santa Claus. “¡Grinch, Grinch!” Gritaban todos cuando le hablaban con sonrisas y dulces en sus bocas, y, en sus manos, regalos y regalos que se intercambiaban entre ellos.
Un tren daba un recorrido por el pueblo sin necesidad de rieles, se elevaba con bastante facilidad y daba vueltas soprendentes. Por otro lado se veían niños que hacían hombres de nieve y se los comían entre todos. La felicidad prosperaba y todo era sonrisas.
— ¡Señor gato! ¿Es Villa Quién siempre así de feliz?
A pesar de que el Gato estaba por constestar, el Grinch, que estaba frente a ellos ahora, le contestó:
— ¡Claro que sí! Pero cuenta la leyenda que una vez un ser gruñón y egoísta se robó la navidad...
— ¡Eso es horrible!
— De verdad que sí. Pero este se dio cuenta de su error, vio que la navidad era un momento hermoso de compartir y felicidad, y así fue capaz de enmendar su error y recibir perdón.
— ¿Pero cómo lo pudieron perdonar? Robar la navidad, eso es horrible...
— Las personas de Villa Quién son bastante buenas y quieren lo mejor para todos— dijo con una sincera sonrisa el Grinch.
Tras esto, un gran temblor sacudió el pueblo. El tren volador perdió equilibrio y cayó. Los trineos cayeron y todos los hombres de nieve se deshicieron. La nieve de los árboles blanquirojos cayó, así como sus dulces. Las casas se derrumban y el tiempo se hacía turbio y algo tempestoso.
El pequeño niño vio como crecía en tamaño y como por encima de su boca y en su barbilla salían bigote y barba respectivamente. Sintió como los años pesaban y todo se volvía gris. Lo vio todo tras libros escritos y se vio a él mismo en cama, tosiendo y tosiendo.
Ya no estaba el Gato con sombrero, ni el Grinch, ni Villa Quién, ni ninguna de esas historias que alguna vez imaginó. Aunque le habría gustado que le acompañasen. Se veía bastante deprimente así, moribundo, viejo. Pero la imaginación lo era todo, y este último sueño le dibujaba una sonrisa en su cara.
— Los adultos no son más que niños obsoletos. No hay nada mejor que la imaginación— pensó, con la sonrisa plácida de un viejo que había dado su último respiro en un mundo irreal y colorido. Un mundo de fantasía que hizo más ameno el mundo real.

viernes, 17 de agosto de 2012

Esperanza [Hiroshima y Nagasaki] - Tercera Parte (Final)

Bien, señores. Las cosas no han sido fáciles. Contar la historia de Yuuki terminó tomándome muchísimo más de lo que esperaba. Pero el resultado me ha gustado, finalmente. Digamos que es todo esto algo bueno. Lamento de todas formas que se haya prolongado, y también haber tardado en publicar cada parte. Agradezco su comprensión. Ahora sí, pueden leer.


.+.+.+.+.+.+.  ゆうき (Esperanza):3ra Parte.+.+.+.+.+.+.


Así pasó un día, y luego otro. La pequeña cogió una fiebre, pero logró recuperarse pronto a pesar de la escasez de alimentos. Jin era un buen hombre, después de todo. Y como tal, había buscado a la madre de Yuuki. Sin éxito, pero lo había hecho. La mujer con el mismo nombre era casi una anciana y falleció al día siguiente. Jin pensó que era un alivio que no fuera la Kanna que buscaban.

- おかあさん は… どこ?


La pequeña preguntaba por su madre. Él se sentía cada vez más preocupado por la suya propia. Tal vez por momentos murmuraba su nombre, deseando ver pronto a su querido Jin. Tal vez Kanna hiciera lo mismo con Yuuki.


Hasta el momento habían muerto muchos. Nunca se habría imaginado que tanta gente podría morir en un solo día en un hospital; sin embargo, continuaban llegando, algunos solo buscaban un lugar para refugiarse. Las moscas aparecían pronto por las heridas de algunos. Era necesario cuidarlos a cada momento. Jin hizo de enfermero sin saber nada al respecto. Veía la manera de ayudar. Y, por supuesto, nunca perdía de vista a Yuuki.


Ahora que se había recuperado, debían irse. Él tenía prisa, y ella necesitaba a su madre, quien definitivamente no se encontraba allí. Sería un día más. Si no la encontraban, se la llevaría a casa. Ya lo había decidido. No se atrevería a dejarla. No ahora. Además, no podría romper una promesa.

“あなたのお母さんをきっと見つける”


La promesa resonaba en su mente. Si no la encontraban, Yuuki lo odiaría.


- もどる…


Para estar completamente seguros, regresarían a casa de Yuuki. Tal vez su madre estuviera por ahí, y si no, alguien cercano. Alguien con quien pudiera dejar a la pequeña para seguir su camino.


Dejaron el hospital sin poder darle las gracias al Dr. Sasaki. No estaba por ahí cuando decidieron irse, y tenían prisa. Yuuki tenía prisa por encontrar a su madre. Una nota lo solucionaría todo: Jin rasgó la parte final de su carta y escribió un gracias. La colocó debajo de un vaso. Quizás allí la vería.





En el camino de regreso, las cosas andaban evidentemente  mal. Siendo el segundo día desde el resplandor destructivo, era impresionante como el daño continuaba. Vieron gente enterrando a sus familiares, casas completamente devastadas, hombres y niños cargando provisiones para los próximos días, algún herido rogando en el camino algo de alimento, llorando. Jin sintió una gran impotencia. No podía hacer nada por ello. Ahora su prioridad era Yuuki, y encontrar a Kanna, su madre.


Durante su corta estadía en el hospital logró escuchar algunas cosas que llamaron mucho su atención. Aquel resplandor, decían, no era de una B-29, sino de una nueva bomba desarrollada por los americanos. Era curioso, pero para él no importaba qué tipo de bomba había caído. El daño no cambiaría con saberlo. Y parecía realmente, si es que no lo era, un infierno.


Ahí estaba la casa de Yuuki. Ahí el lugar en que la encontró hace dos días, por la tarde. Una mujer pasó llevando un bulto a la espalda. Presumiblemente provisiones. Jin la detuvo.


- ごめんなさい, ゆっき を知っているのですか?


La mujer, en efecto, conocía a Yuuki. Hizo una expresión de asombro al verla con Jin y llamó al hombre a un lado.


La pequeña observaba con asombro.


- おかあさん は… どこ?


Jin regresó pronto.


Había un refugio cerca, la mujer, que al parecer era vecina de la familia de Yuuki, los llevaría hacia allá. Cada vez que Yuuki preguntaba por su madre, Jin le aseguraba que la encontrarían. Muy pronto, ya verás.


La mujer no parecía alguien en quien Yuuki confiara, se escondía de su mirada. Era como si le tuviera miedo, como si fuera para ella una completa desconocida. Y sin embargo, aseguraba conocerla, sabía que vivía cerca de su casa, y que su madre había conversado algunas veces con ella. Nada más.


Al llegar, una vez más le restringió la entrada a la pequeña. Solo Jin tendría acceso. Yuuki se quedaría afuera, entre decenas de familias desconocidas que acampaban alrededor. El hombre se exasperó. No podía dejarla sola, pero la insistencia de la mujer lo hizo reconsiderarlo. Tampoco quería que viera más sufrimiento, y si su madre se encontraba herida, no le gustaría verla llorar.


- じん…?


La pequeña parecía decidida a no quedarse con la mujer. Jin se arriesgó y decidió llevarla dentro. “Hay una mujer llamada Kanna aquí”, esa sería la mentira. Yuuki sintió la pesadez de las palabras de su compañero. La vecina de Yuuki parecía fastidiada, pero no había caso. Debía guiarlos como prometió.


Al interior se escuchaban voces por todos lados. Yuuki sostuvo con fuerza la mano de Jin.


La mujer señaló un lugar. Jin convenció a la pequeña de quedarse a unos metros. Él se aseguraría de que aquella fuera su madre. 


- だいじょうぶ


Esta vez dejaría sola a Yuuki, pero no realmente. Podía verla, y eso lo hacía sentirse calmado. Ni siquiera la vecina le preocupaba, pues se fue pronto, como si no le hubiera importado nunca.


- かんなはあなたですか? (¿Es usted Kanna?)

- ゆっき… (Yuuki...)

La mujer llamaba a su hija con una voz muy baja.


Se encontraba acostada, mirando fijamente hacia arriba con un solo ojo. El otro estaba cubierto por las vendas que llevaba en la mitad del rostro. Jin le explicó que le traía a su hija. El único ojo visible de la mujer que respondía al nombre de Kanna se movió en dirección a Yuuki.


- ゆっき… (Yuuki...)


Sí. Ahora veía a su hija. Y su hija quería verla con todas las ganas del mundo y abrazarla muy fuerte.


“Me he fracturado las piernas”. Jin no sabía que decir. “Te he traído a tu hija”. Sí, gracias, pero ya no hace falta. Kanna se encontraba grave y su estado no parecía ir a mejorar. Moriría pronto, eso sentía, o eso quería que creyeran.


- あなた は 死ぬ こと が できない! (¡No puede morir!)

- いいえ… (No...)

Y si no quería que lo creyeran, estaba decidida a morir. "No puede abandonar a su hija".


- ゆっきは 死んだ と 思った, ありがとうございました (Pensé que Yuuki había muerto. Muchísimas gracias)


No. Yuuki no estaba muerta. Había estado buscándola gracias a un buen hombre.


- おかあさん…? (¿Mamá...?)


La voz de Yuuki llamaba a su madre, pero ésta ya no sería capaz de cuidarla. Tampoco permitiría que su pequeña estuviera sola. Por suerte, Jin había demostrado ser un hombre de bien.


- おかあさん…? (¿Mamá...?)


Jin volvió con la pequeña. Empezaba a preocuparle, al igual que las lágrimas que parecían querer brotar de sus ojos. No se permitiría mostrarse débil frente a una niña.


- いいえ… 検索 を つづける (No... No es tu madre. Sigamos buscando)


Su madre no estaba allí. Partían ahora rumbo a Nagasaki, con la familia de Jin. Les tomaría varios días. Se toparían con más de una Kanna en el camino.


También Jin perdería a su madre.


.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.

Bien. Eso ha sido todo sobre Yuuki. Gracias por leer. Nos veremos.
Pd.: Agregué la traducción de los últimos diálogos porque resulta más comprensible.