domingo, 27 de enero de 2013

Apollo 1

El 27 de enero del año 1967 se incendió la cabina del Apollo 1, la primera misión tripulada del programa Apollo, que comenzaba a realizar estudios para el histórico alunizaje realizado dos años después. En este accidente murieron el comandante Virgil Ivan "Gus" Grissom y los pilotos Edward White y Roger Chaffee. Según he leído, todo sucedió tan rápido que no tuvieron opción para escapar. En 17 segundos el fuego los había consumido. En fin, sobre eso es que trata lo que sigue. A ver si les gusta.


.+.+.+.+.+.+. Simulacro.+.+.+.+.+.+.


"Es como suero de leche agria", dijo Gus. Hacía poco que había comenzado a sentir el extraño olor en el aire al interior de la cabina. "OK. Procederemos a tomar una muestra". Y así lo hicieron. "No hemos hallado nada Grissom, ¿todo en orden?", "Todo en orden". "Vamos, chicos, nos hemos retrasado, vamos a retomar el simulacro. Es importante para la verdadera misión". "Oye al tipo del monitor, Roger, su cabeza nunca ha estado en el espacio, pero sabe lo que dice". La broma de Ed hizo reír a todos, incluyendo a Roger, que, a pesar de nunca haber estado en una misión espacial real, entendía que el humor de su compañero estaba dirigido al hombre del monitor más que a él.

De izquierda a derecha: Virgil I. "Gus" Grissom, Edward White y Roger Chaffee

"Comenzando la cuenta regresiva", escucharon. "10, 9, 8", las escotillas se cerraron y acoplaron a la nave. "4, 3, 2, 1". Los tres compañeros sonreían, pero se tomaban muy enserio el ensayo. Tal como lo había dicho el hombre del monitor, era necesario comprobar la capacidad de la nave para funcionar separada de los cables y conexiones que la unían a la Tierra.

El sonido de una alarma les cambió el semblante. "¿Qué es eso?", preguntó Roger. "El maldito oxígeno".

"¡Mierda!", el hombre del monitor gritó. El simulacro tendría que detenerse. "Arreglaremos eso en unos minutos".

La cabina cerrada herméticamente era como un universo aislado del planeta, y quizá hasta del mismo universo. "Hola, hola, Hola, ¿me copian?". "Es una mierda", dijo Ed, "ahora falla el micrófono, no nos escuchan". Gus, Ed y Roger contemplaban cansados trabajar al hombre del monitor, levantaban un brazo, lo bajaban, Ed comenzó a cantar en algún momento y no tardaron en aparecer las bromas.

"¿Suero de leche agria? Gus, hermano, tienes una imaginación tremenda, ¿qué carajos quiere decir eso?". Rieron. Gus, sin embargo, Virgil Ivan "Gus" Grissom, dejó muy pronto el humor. "¿Cuánto tiempo llevamos acá? Algo huele mal", dijo Ed. "Una eternidad". El humor, efectivamente, abandonó a Gus. No estaba loco (suero de leche agria), algo andaba mal. Desde que subieron a la nave todo había resultado un percance para completar la misión. Tenía un agudo sentido de la intuición y sabía que algo andaba mal. Confiaba en su sexto sentido, pues no le falló ninguna de las veces que voló más allá del límite en el espacio, no le falló cuando le dijo a su esposa que regresaría con ella la última vez que se fue. Pero esta vez, esta vez era diferente. No recordaba haberle dicho algo parecido. Y si lo dijo, quizá en ese mismo instante algo le punzó el corazón, como amenazándolo por meterse con el destino. "Es fuego", dijo para sí. Cuando advirtió la magnitud de su sensación lo gritó "Es fuego, ¡huelo fuego!". Sus compañeros quedaron estupefactos. Solo Ed reaccionó, y gritó también junto a Gus. Era un hombre en quien confiar y él mismo lo percibió también en ese momento. Era fuego, no cabía duda.

"Oh, dios mío, vamos a morir aquí encerrados", dijo Roger. "Hay maldito fuego en la cabina, déjennos salir. Nos estamos quemando". "Está en todos lados, Gus, está en todos lados". El fuego se acercaba a ellos. La cabina había comenzado a arder a los pocos segundos de que Gus descubriera que se trataba de fuego.

Era imposible un escape. La salida estaba frente a ellos, pero era imposible para ellos. Arderían de inmediato. Ya lo estaban haciendo, gritando y ahogándose con el humo.

Insignia de la misión con los nombres de los astronautas.

Gus se lanzó sobre la puerta y el salto duró una eternidad. Escuchó el crujir de algunas piezas y el dolor de sus compañeros. Escuchó una voz contando hacia atrás una vez y una vez más y se sintió inseguro al no estar en su asiento de la cabina. La nave estaba a punto de despegar cuando Gus escuchó otras voces. Eran hombres que no conocía y que parecían ajenos al dolor a causa del fuego. Eran hombres que no eran reales, productos de su imaginación. Gus alucinaba con que iría al espacio una vez más y creía recordar haberle dicho sinceramente a su esposa que volvería a salvo. Se mentía burda e infinitamente mientras escuchaba nombres desconocidos y risas y cuentas regresivas que le copaban la mente por completo. Escuchó mil cosas de estos muchos hombres que se aparecían frente a él, y frases esperanzadoras de que por fin llegarían a la Luna. La cuenta regresiva, una de las muchas o quizá todas al mismo tiempo, las verdaderas y las simuladas, corrieron en su mente y la bandera de Estados Unidos en un suelo árido y accidentado le golpeó la conciencia. Solo él podría imaginar esas cosas. Solo él, un tipo que se atrevía a jugar con el destino, a ponerlo a prueba engañándose a sí mismo de que todo saldría bien. Patrañas, pensó. Y con este pensamiento el conteo llegó a cero y volvió a tocar el suelo y a sentir que se asfixiaba.

.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.
Bueno, señores, aquí se terminó. Que tengan buenas noches [ D; ]

lunes, 21 de enero de 2013

Ejecución de Luis XVI

¡Hola! ¿A que no adivinan quien soy? Pues sí, ¡soy yo! Liare... ¿Y saben qué signfiica eso verdad? DIVERSIÓN. 
Ok, no. Veamos, esto es una pequeña ficción que tal veeez se apega demasiado a la realidad. Pero, hey, no siempre tu esclavizada mente trabaja como quieres, así que ahí tienen esta pequeña pieza que trata sobre la ejecución de Luis XVI (1973), Rey de Francia.

Rey decapitado

El escenario estaba preparado, minuciosamente, casi como si se siguiera un guión. La gente, toda la gente estaba en las calles, comentando el gran evento que se venía. Algunos lo hacían con un gesto de asco; a otros, el odio era el sentimiento que les encendía por dentro, y tal vez estos eran los que llevaban pistolas. Tal vez el simple impulso de verlos prendería la pólvora en ellos e irían a por él. Eso les gustaba pensar, además del grupo con armas de fuego, estaban también los que llevaban picas, y tal vez estos eran los que esperaban un verdadero espectáculo. Un fin sucio y sangriento para alguien que no merecía el respeto de la población.

A pesar de mostrarse fieros, de tener sus almas encendidas con un fuego profundo y oscuro, de estar expectantes para lo mucho que cambiaría este evento la República Francesa, lo que más sentían era miedo. Porque tal vez en sus corazones dubitativos, la idea de decapitar a un Rey era demasiado fantástica, era algo que iba más allá de lo que un plebeyo podía concebir. ¿Era este el paso más grande que darían en la revolución?


Muerte de Luis XIV. Rey de FRANCIA que fue decapitado
el 21 de Enero de 1793

No lo sabían. Sus piernas temblaban, sus espaldas sentían a un fantasma cernirse sobre todos ellos. Era la muerte, que se hacía inmensa, decían algunos, para la muerte de un Rey; que aclimataba todo, congelaba la brisa que pasaba y mojaba la tierra.

Por otro lado, Luis XVI mantenía su solemnidad, no dejaba a su orgullo torcerse. Más parecía preparado para ejecutar a alguien. Se sentía una seguridad insana en su presencia. Se refugiaba en Dios, en su clamada inocencia. Se aferraba a ella como un niño que se aferra a su madre ante las miradas culpables y eso le daba un calor que muchos de ellos no comprendía. Los gendarmes lo veían con una sorpresa que no era lo que se llamaría común. Nadie habría sido tan valiente horas antes de su muerte. Se mostraba sumamente tranquilo, ansioso por el breviario del sacerdote, por rezar sus palmos. Todo esto lo había hecho como quien se prepara para algo común, el tiempo lo llevaba suavemente ante la garganta de la muerte, hacia la oscuridad, hacia el vacío eterno... el infierno, por sus crímenes cometidos. Pero Luis mostraba claramente en sus facciones que se hallaba exento de culpa.



La serenidad que su Majestad mantenía fue algo que no se rompió siquiera cuando llegaron. Luego de pasar por las calles repletas de ciudadanos, todos murmurando y expectantes con el estruendo de los tambores que pretendían acallar cualquier murmullo que se lanzara en favor del Rey. Una vez hubieron llegado, Luis XVI preguntó al sacerdote:

— Hemos arribado. Si no me equivoco.— Su voz se entonaba con una dulzura y dignidad que superaban la ansiedad de los gendarmes. El sacerdote no contestó, siendo fiel al voto de que no se le debía hablar mientras no hubieran testigos. El silencio era respuesta suficiente.

La policía francesa intentó ir a por el Rey en sus ansias, pero éste no respondía al apresuramiento. Los detuvo, y bajó a su paso. También intentaron disponer de sus ropas, pero su contestación fue la misma. Él mismo dispuso de ellas y esperó a que siguieran las órdenes.

— ¿Qué intentan?— preguntó indignado, sin embargo, cuando los gendarmes procedían a amarrarlo.
— Amarrarte— fue su contesta lacónica.
— ¡Amarrarme!— Dijo sarcástico, pero con el tono tan propio de la Majestad.— ¡No!, nunca podría consentir eso: hagan lo que les ha sido ordenado. Pero nunca osen amarrarme.

Acaecido lo anterior, los gendarmes de alguna manera aceptaron la voluntad del Rey, y le ordenaron que se apoyara en el sacerdote. Seguido de esto subieron a la pasarela, era una subida difícil, se temió que la voluntad del Rey se resquebrajara en el último momento. Su orgullo no lo permitiría, y de hecho, le daría la fuerza como para terminar de subir solo, sin apoyarse del sacerdote.

Llegado ese momento era imposible que se dejara al Rey sin ataduras. El momento de su ejecución se aproximaba tan fiero como el velo de oscuridad que cernía a Francia. Se le intentó amarrar de nuevo. “¡Nunca, nunca!”, gritó este, con indignación.

— Con un pañuelo entonces, Señor— dijo uno de los preparadores con una voz tan respetuosa como le fue posible. Solo entonces el Rey se mostró comprensivo.
— ¡Que sea así, entonces, por Dios!

Poco después, proclamó en voz tan alta que todo parecía estar en completo silencio:

— Muero inocente de todos los crímenes puestos sobre mi persona; perdono a aquellos que ocasionaron mi muerte; y rezo a Dios para que la sangre que están derramando nunca más caiga en Francia.

Se ordenó a los tambores que sonaran. Luis XVI fue puesto en la guillotina y todo terminó con un corte limpio. Su cabeza cayó y uno de los jóvenes guardias asió su cabeza en el aire. Mientras la multitud gritaba “¡Viva la república!”.

Y la muerte se llevaba comprensiva y conocedora de que Luis XVI había nacido en el momento equivocado a su lado, mientras, ubicua, se llevaba las miles de vidas que se perdían.

viernes, 18 de enero de 2013

Los viajes de Gulliver

Hace ya buen tiempo desde que leí Los viajes de Gulliver o “Viajes hacia naciones del mundo bastante lejanas. En cuatro partes. Por Lemuel Gulliver, primero cirujano, luego el Capitán de muchos barcos”, como es su título original (sí, es bastante largo…), de Jonathan Swift. La leí arrastrado por una curiosidad salvaje, por ser una de las lecturas de las que mucho se escucha a lo largo de la vida.


La novela tiene un comienzo bastante curioso: una brevísima carta de Ricardo Sympson, el supuesto editor del libro, quien da alcances sobre el protagonista, Lemuel Gulliver, íntimo amigo suyo, y nos cuenta cómo fue que sus manuscritos llegaron a él.

Ahora bien, ¿de qué trata Los viajes de Gulliver? Es casi seguro que la mayoría de personas ha escuchado, leído o visto versiones de su historia: Gulliver realiza cuatro viajes que lo llevarán por lugares completamente distintos del mundo que conoce, siempre solo y en problemas gracias a su suerte y a su poco fiel tripulación. Cada uno de estos viajes constituye una parte del libro. Siendo así que la novela se constituye por cuatro interesantísimas partes.


¿Por qué vale la pena leerlo? Pues, cada lugar nuevo, ya sea la isla de los pequeños liliputienses,  los gigantes de Brobdingnag, los excéntricos hombres de Laputa o la controvertida isla de los caballos parlantes (houyhnhnms) con esclavos humanos salvajes (yahoos). Cada uno de estos viajes es una especie de ironía escrita por Swift a la sociedad de su tiempo. Y, ¡vaya sorpresa!, incluso ahora, casi 300 años después de su publicación, puede provocarnos cuestionar mucho de nuestro mundo.

Recomendable por supuesto. Pero, eso sí, no es para nada un trago ligero. Al menos no lo fue para mí.

lunes, 14 de enero de 2013

El Hobbit

En un pequeño pero muy lujurioso agujero debe yacer ahora Tolkien, tal como en su tiempo lo hizo Bilbo, de El Hobbit, lo que no hace menos perturbadora la analogía. En fin, cuando se habla de Tolkien se habla con grandes palabras y de una raza de una pequeña talla, algo temerosa pero con mucho coraje, capaz de afrontar dificultades que tal vez ningún hombre grande actual sea capaz de igualar.



¿De qué libro hablamos? Realmente, no tiene chiste que haga esta pregunta. Está más que claro... No, no es El Señor de los Anillos, maldita sea. Es lo que sería, oficialmente, su precuela. Y, como ya dije, chimpances descerebrados, El Hobbit. Ésta es una historia que le hace gran honor a su título, ya que de quien hablamos es de un hobbit. ¿Qué es un hobbit, me dices? Ya lo leerás en el libro, campeón, pero te puedo decir que es una especie de humano aproximadamente de la mitad de nuestro tamaño, tal vez un poco más bajo, a los cuales les gusta vivir muy cómodamente. Y nuestro protagonista, Bilbo, capaz uno de los más cómodos y cordiales que puede haber, lo que no significa un mal aventurero incapaz de actuar a la medida de la situación. Aunque hablar de eso es ya hablar de su evolución a lo largo de una historia que se cocina lenta y suculentamente. Sin llamar a las prisas, con los tiempos correctos, metiéndote poco a poco en este mundo del que, si no has leído a Tolkien, poco conoces. Un universo interno con MUCHO que explotar, como se puede ver en su secuela.



El Hobbit tiene personajes y situaciones adversas que te muestran lo mejor del personaje principal siempre. Y, ¿cómo no?, si la historia es básicamente en honor a los de esa raza, y él le hace el honor merecido. Lamentablemente, para algunos, aunque sea una gran compañía la de su travesía, es considerablemente poco lo que llegamos a conocer de ellos. No son personajes “de palo”, pero tal vez a alguna que otra persona les llegaría a gustar más desarrollo sobre ellos. Dicho esto, no quiero decir que haya sido particularmente malo, ya que si bien variadas las personalidades de sus compañeros Enanos están bien definidas a lo largo de la historia. Los otros personajes que aparecen, le dan más fuerza al trasfondo de todo y el hecho de que todo tenga un aire, en cierta forma, de “banalidad”, de “una travesía sin sentido”, hace que el desenlace final de la historia sea mucho más placentero. Todo esto con la narración algo lacónica y precisa de Tolkien, que te va llevando guiado por su mano, por paisajes y cuevas, hermosos y tenebrosos a la vez.

En fin, de Tolkien y su universo se puede hablar demasiado. Yendo más al grano te puedo decir: ¿Leíste El Señor de los Anillos? Esto es infaltable, no puedes dejarlo de lado. TIENES, REPITO, TIENES QUE LEERLO. 
¿No lo has leído y buscas algo bueno para leer? Lo mismo. TIENES, REPITO, TIENES QUE LEERLO. La narración es ligera, la historia buena, los personajes encantadores. No puedes pedir más, si ya con solo decirte que la escribió Tolkien deberías correr a por ella.

martes, 25 de diciembre de 2012

Tregua de Navidad [¡Feliz Navidad!]

Hace 98 años, durante la 1ra Guerra Mundial, en un descampado de Bélgica, se enfrentaban alemanes e ingleses. Sin embargo, el día de Navidad no se dio un solo disparo. Soldados ingleses y alemanes intercambiaron saludos y regalos en lo que sería recordado como la Tregua de Navidad.
Jo jo jo... La risa del viejito pascuero no alcanza para expresar mi carencia de extrema felicidad. Sin embargo, la que tengo es suficiente como para dejar una ficción y escribir cosas así de raras. Como sea... El blog ha estado un poco inactivo estos meses, mil disculpas por eso. Ya recuperaremos el ritmo, para eso sirven las fiestas, señores. Ahora sí, a lo que íbamos...

.+.+.+.+.+.+. Hay un espíritu en las trincheras.+.+.+.+.+.+.

Una ráfaga de viento terminó de enterrar en la nieve un casquillo de bala cuando el sol se ocultaba y en la trinchera inglesa un soldado se ataba bien las botas, otro se arreglaba el gorro felpudo y algunos más cargaban de municiones sus armas. Mientras tanto, un incorpóreo compañero ganaba fuerza con la llegada de la oscuridad. No sabríamos decir si el frío también lo hacía fuerte, pero después de aquella ráfaga el sol parecía ocultarse más rápido y, en consecuencia, su poder se hacía mayor. Nadie en la trinchera inglesa lo advirtió ni le tomó la mayor importancia a este hecho. A veces el sol parece ocultarse más rápido, dependiendo de lo que hagas. Podría también haber sido nada más que una sensación, nada comprobable, así que ninguno lo recordaría tampoco.

Del otro lado, en la trinchera alemana, la ráfaga de viento coincidió exactamente con el primer resoplido de uno de los soldados luego de encendido un cigarro. Guardó los restantes y sus cerillos en el saco y continuó fumando. En esta parte de "Tierra de nadie", el lugar en que se desarrolla este, por el momento, tranquilo enfrentamiento militar, el compañero incorpóreo parece haber caído por alguna casualidad. El cielo se ha oscurecido ya bastante como para que su poder pueda ser extendido fácilmente. Se desliza por entre los alemanes y le deja a cada uno un mensaje susurrado en el oído. Ríe después de esto, y su sonrisa parece maliciosa, oscura, pero se ilumina un poco cuando advierte la presencia de fogatas.


Para cuando el viento entierre otro casquillo la trinchera alemana estará en completo trance. Todos y cada uno de los soldados canta bajo la influencia del compañero incorpóreo. Los ingleses, sin embargo, continúan en silencio y luego de escuchar con atención los villancicos comienzan a sentirse solos. Uno de ellos observa con atención las fogatas. Se ordena el silencio y sus manos, como las de sus compañeros, se aferran a su rifle, listo para cualquier asalto. El compañero incorpóreo ríe y el soldado inglés recuerda la sonrisa de su novia, pero sabe que no debe ocupar su mente. Con los villancicos de fondo, escucha pasos sobre la nieve. En este momento requiere la máxima atención.

“Soldado inglés, feliz navidad. Feliz navidad”, el extraño mensaje del enemigo lo confunde. Y más aún cuando continúa insistentemente por algunos minutos. “Salgan, ingleses, vengan con nosotros”.

Sería una locura ir hacia ellos. Tanto trabajo atrincherarse, tanto sufrimiento al perder compañeros, tanto hastío cargar los rifles una y otra vez... ¿y tenían que ir con ellos? El compañero incorpóreo venía con los alemanes y se escabulló hasta la trinchera para dejar bajo su encantamiento a algunos ingleses, que comenzaron a gritar también, en respuesta, “Feliz navidad”, contagiando el espíritu a sus camaradas.

El poder del compañero incorpóreo sobrepasaba entonces el de cualquier armamento en ambas trincheras. Los saludos se convirtieron rápidamente en cánticos y a la mañana siguiente ambos bandos se encontraron en el centro para darse aún más saludos y entregarse regalos como botones, cigarros y chocolates. Estrecharon las manos y se volvieron amigos en medio de una guerra que cobraba vidas más allá de sus trincheras. Intercambiaron direcciones como si tuvieran la certeza de que al terminar la guerra continuarían vivos. Como si se vieran claramente en la mesa de su hogar, tomando tranquilamente un café y mirando hacia la puerta, pues en cualquier momento podría llegar el alemán o el inglés con quien estrechó manos en medio de la guerra.


Soldados ingleses y alemanes fraternizando en "tierra de nadie". Navidad, 1914.

Enterraron a sus caídos, jugaron un partido de fútbol y nadie nunca se percató de la presencia de un soldado desconocido. Vestía como inglés y era siempre uno de los primeros en cantar un villancico. Había intercambiado todos sus botones solo por botones alemanes y varios de éstos por una insignia inglesa. Los guardaba en los bolsillos como si fueran un tesoro y en todo momento mostraba una sonrisa. Era un tipo extraño, de los que pocos se ve.

Después de pasar un rato con todos y en medio de la algarabía, de las risas y las charlas, justo antes de que cayera el sol, el extraño soldado se metió las manos en los bolsillos y, cuidando que  nadie lo viera, caminó hacia el crepúsculo mientras entonaba un villancico alemán.

♫ Stille… Nacht… Heilige Nacht… ♫

Se alejaba el compañero incorpóreo con muchos botones, una insignia y una sonrisa inmutable en el rostro.


.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.
Muy bien, eso ha sido todo. A los que quieran enterarse más sobre el tema, existe una película  alemana llamada Joyeux Noel (Feliz Navidad) sobre este acontecimiento. Asimismo, seguro que les encantará visitar esta página (contiene información sobre la Tregua y cartas de varios soldados que estuvieron presentes). Espero que les haya gustado ¡Saludos!